El interactivo presenta mediante sus imágenes, videos y escritos, distintos aspectos de la relación de los puertorriqueños con el mar. Como isleños rodeados por las aguas saladas del mar Caribe y el océano Atlántico, nuestro vínculo con el mar es vital. La actividad de sus habitantes a raíz del descubrimiento del llamado Nuevo Mundo y del proceso de conquista y colonización estuvo matizada por el Mare clausum, las luchas entre los países europeos por el control de los mares y las rutas marítimas comerciales. En tiempos modernos, la relación de los habitantes de la Isla con el mar representa diversión, sustento y comercio exterior.

“Eso fue lo que trajo el barco”, frase célebre y sentenciosa de uso común en el hablar coloquial de los habitantes de la Isla, denota lo imbricado del mar en nuestra cotidianidad. En tiempos españoles, había que aceptar lo que llegaba por barco, o lo que simplemente no llegaba. Y cuando en los primeros siglos que iniciaron la conquista y colonización del Nuevo Mundo, la Isla y su puerto dejaron de ser de interés para la Corona española, los corsarios y los piratas abrieron nuevas rutas a nuestros mares: las rutas del contrabando. Con ello se contrarrestaba la ausencia del comercio y de las cosas que traían los barcos españoles.

La modernidad no le ha restado valor al mar para la economía de la Isla. Por el mar continúan abriéndose los puertos que traen las mercancías; por ello la ampliación de los muelles en el norte y el sur de la Isla. El turismo, uno de los puntales de la economía isleña, también depende del mar. Con la entrada de los cruceros que semanalmente arriban a nuestras azules costas a deleitarse con el sabor, el color boricua y la festividad de la Isla, se disfrutan los bienes y los eventos culturales.

Como isleños, la pesca marítima también tiene su lugar. Tanto para los primeros habitantes precolombinos que se alimentaron del mar como en las villas pesqueras modernas, la venta de los frutos marinos es para el consumo local. Aunque es alimento de alta demanda, su producción no alcanza para la exportación.

Este mismo mar también ha sido fuente de inspiración artística; se refleja en tantas obras plásticas y en las artesanías. Igualmente se refleja en canciones populares; en el ritmo y las líricas de la plena y la danza que comparan y celebran a los seres humanos con el paisaje del mar.

Las políticas de Mare clausum (mar cerrado) sostenidas por la Corona española durante la época colonial y Mare liberum (mar abierto) defendida por otras naciones europeas que buscaban acceso libre por el mar para lograr su expansión y controlar los intereses de sus colonias, dominaron los escenarios del mar durante los primeros siglos de la conquista. Mare clausum de dos metrópolis (España y Estados Unidos) es el marco de Puerto Rico. Mare liberum de sueños y desafíos; retos que se anudan en las leyes de cabotaje, de marinas mercantes y de yolas atrevidas por donde llegan otros de islas vecinas y distantes, buscando más, buscando el progreso; retos a considerar cuando se habla del desarrollo de Puerto Rico. El mar es, por eso, la frontera desde donde llega la autoridad y salen las esperanzas. Invadidos por mar, emigrados por mar, hemos sido a través de la historia. Con las calamidades de los ciclones y lluvias también se transforma el mar. Los vientos de temporal y los huracanes arriban a nuestros lares sobre esa grande y misteriosa extensión de aguas azules.

Los tiempos buenos y los tiempos de guerra también nos llegan por el mar; bloqueo marítimo en tiempos de guerra, regatas hermosas como en el 1992, cuando la Isla celebró los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón y los barcos, imitando a las antiguas carabelas, navegaron de España a San Juan para repetir la hazaña y conmemorar la gesta. En la actualidad, la navegación y el deporte de vela son actividades continuas establecidas a través de las marinas de la Isla.

El mar, en fin, se abre al puertorriqueño como espacio de recreación y de huída, como añoranza y como medio de escape. Reflejo, quizás, de nuestra idiosincrasia como pueblo; ese mar que se mece entre el ir y el regreso de la ola, nuestras olas. Es parte importante de nuestra cultura ir al mar, a su orilla o a sus playas, para el deporte y la relajación, o sencillamente como dijo el poeta español Pedro Salinas… para contemplarlo. Las voces poéticas cargan con lirismo el sin fin de sus movimientos y los nuestros.

 

Grupo Editorial EPRL
Junio 2010

Su santidad Alejandro VI en su bula papal Inter Caetera, promulgada el 3 de mayo de 1493, “por la autoridad del Omnipotente Dios” otorgó a los reyes Católicos de España y a sus herederos y sucesores todas las tierras e islas descubiertas y por descubrirse por sus enviados junto “con todos los señoríos de ellas, ciudades, fuerzas, lugares, villas, derechos, jurisdicciones y todas sus pertenencias…” El Papa prohibió estrictamente: “a cualquier persona de cualquier dignidad, aunque sea real o imperial, estado, grado, orden o condición… ir por haber mercaderías o por otra cualquier causa sin especial licencia vuestra y de los dichos vuestros herederos y sucesores, a las islas y tierras firmes halladas y que se hallaren descubiertas”.

Un día después, otra bula papal asignó a Castilla el derecho exclusivo de adquirir posesiones territoriales y de comerciar en todas las tierras cien leguas al oeste de cualquiera de las Azores o las islas de Cabo Verde. El pronunciamiento de Alejandro VI no se consideró extraño. Como padre espiritual de todos los pueblos de la tierra, era costumbre que el Papa reclamara el derecho de regular las relaciones entre el mundo cristiano y los no creyentes, incluyendo el importante campo del comercio. Nicolás V, en su bula papal Romanus Pontifex, de 1455, otorgó a Portugal los derechos exclusivos en el sur de África de crear leyes e imponer restricciones y tributos, y de otorgar permisos en lo que concernía al comercio con los infieles. Por lo tanto, la bula Inter Caetera le asignó a España una esfera de influencia, un área de penetración en la cual podía establecer su triple monopolio —político, religioso y comercial— teóricamente a salvo de cualquier intruso extranjero.

Los primeros años de la historia de Puerto Rico, luego de la fundación de Caparra por Juan Ponce de León en 1508, constituyeron un importante capítulo en el proceso de transculturación que ocurrió dentro de los límites del Mare clausum o exclusivismo español. Éste se basaba en el principio fundamental de que se debía excluir de la empresa colonizadora al extranjero como comerciante o como colono.

El 15 de junio de 1510, poco después de Ponce de León haber fundado Caparra, el Rey ordenó que todos los barcos con rumbo a La Española podían hacer escala en San Juan y abastecer a los colonos. Antes de finalizar el año, la Casa de Contratación recibió instrucciones de asegurarse de que todo barco rumbo a las Indias hiciera su primera escala en Puerto Rico con el propósito de intimidar a los indios caribes. Al convertirse en el primer punto clave en la ruta hacia las Indias, el nuevo poblado estaba en posición de obtener beneficios del paso de hombres y provisiones destinados a la empresa de la exploración.

La posición de la Isla como centro de comercio se afirmó aún más debido al estímulo que se les dio a las relaciones comerciales entre las colonias. El 26 de febrero de 1511, la Corona otorgó libertad de comercio entre La Española y San Juan, y un año después permitió a los colonos de ambas islas ir a las pesquerías de perlas cerca de las costas de Tierra Firme a condición de que adjudicara el Rey una quinta parte de las perlas obtenidas. Aunque esta concesión se suspendió temporeramente durante el corto gobierno de los Padres Jerónimos, debido a los muchos abusos contra los aborígenes, se renovó el permiso en 1518. Dos años más tarde, de acuerdo con un informe enviado por los oficiales reales de la Isla, el pueblo de San Germán, en el lado oeste de Puerto Rico, exportaba perlas a España.

Con dos puertos abiertos a los barcos peninsulares y el permiso para comerciar con las pesquerías de perlas, Puerto Rico se convirtió en un puesto de avanzada útil para las diversas actividades que comenzaban a emprender los españoles en el Caribe. Por más de diez años, los barcos que navegaban entre España y su creciente imperio americano frecuentaron los puertos de la Isla. Un total de cuarenta y siete barcos visitaron el puerto principal en 1527 solamente.

Después de 1533, los barcos que realizaban el comercio en las Indias Occidentales comenzaron a pasar por alto a San Juan y los poblados prácticamente quedaron sin salida para su limitada producción, por lo que confrontaron una creciente escasez de negros y provisiones. Bajo estas condiciones, el contrabando se convirtió en el único recurso de los pobladores para mantener la colonia en pie y obtener los productos de primera necesidad para poder subsistir. Las escasas defensas de los pueblos, y las costas sin protección y muy poco pobladas, brindaban una excelente oportunidad para este negocio provechoso, aunque arriesgado, sobre todo con respecto a la introducción ilegal de esclavos.

Este intercambio comercial ilícito comenzó a desarrollarse con los portugueses, quienes fueron los primeros extranjeros que lograron abrir una brecha en la muralla exclusivista española.

Las relaciones clandestinas con los marinos portugueses surgieron como secuela natural de los preceptos del exclusivismo español y, desde el primer siglo de la colonización, el colono aprendió a reconciliar su profunda devoción al principio monárquico con sus repetidas violaciones de las leyes cuando éstas no satisfacían sus necesidades inmediatas.

 

Grupo Editorial EPRL
Referencia: Aida Caro. Antología de lecturas de la historia de Puerto Rico (siglo XV al XVIII). Editorial UPR 1987.

En las islas como Puerto Rico, las costas tienen un significado especial, por constituir el límite natural de su geografía. Los agentes que intervienen en la configuración de las costas son la actividad de las olas —corrientes y mares—, los procesos químicos, la actividad biológica y los movimientos tectónicos o los desplazamientos de las placas de la superficie terrestre.

En Puerto Rico, la legislación protege la zona costanera a través de la Ley Federal de Manejo de la Zona Costanera del 27 de octubre de 1972. Esta ley condujo a la creación por parte de la Junta de Planificación y del Departamento de Recursos Naturales del Programa Plan de Manejo de las Costas de 1974 y 1978, respectivamente. Entre los logros alcanzados por estos organismos, pueden mencionarse unas 20 áreas declaradas Reservas Naturales, así como los reglamentos de control y protección de playas, dunas, manglares, corales y otros recursos costaneros.

El complejo costero está delimitado estructuralmente por la plataforma de la Isla. La misma se divide en tres tramos principales: el primero comienza en la península de Rincón y se extiende hasta punta Vacía Talega (noroeste-norte); el segundo tramo, de punta Vacía Talega a punta Guayanés (este: entre Naguabo, Humacao y Vieques); y el tercer tramo, de punta Guayanés a la península de Rincón y se extiende a través de Santa Isabel, Ponce, Guánica, Guanajibo e incluye la isla de Caja de Muertos.

División de la costa:

De a cuerdo a C. A. Kaye (Coastal Geology of Puerto Rico, 1959), la costa se divide en:

A. Costa noreste (de punta La Bandera a playa Naguabo): Posee varios entrantes y salientes, pequeñas isletas, espolones de los flancos de la sierra de Luquillo y arrecifes de franja. Las Cabezas de San Juan constituyen un tómbolo doble; es decir, dos morros o isletas conectadas a la costa por una barra formada por sedimentos arenosos arrastrados por las corrientes. Aparenta ser una costa de sumersión recientemente inundada, pero el fondo es un banco casi plano.

B1. Costa sureste (de playa Naguabo a puerto Patillas): En esta costa alternan grandes promontorios rocosos y anchos valles aluviales con extensas playas arqueadas en forma de media luna de arena silícea. Hay indicios de control por fallas que se expresan en escarpas tectónicas, tanto tierra adentro como mar afuera (valles de Humacao y Naguabo, cuchillas de Pandura y depresión de Maunabo).

B2. Costa suroeste (de punta Cuchara a Aguadilla): Está moderadamente endentada con alteración de sectores rocosos y aluviales. La bahía de Guayanilla está protegida por los salientes de punta Guayanilla, barra arenosa derivada de sedimentos del río Tallaboa y punta Verraco. La bahía de Guánica es la única de tipo bolsa en Puerto Rico y puede constituir el extremo de un valle fluvial anegado. En las partes protegidas de ambas bahías se han formado manglares.

En el extremo sureste, Cabo Rojo es, como las Cabezas de San Juan, otro tómbolo doble, formado por dos morros calizos unidos a tierra firme por una barra arenosa y conectados por una estrecha playa que, en su conjunto, encierran una laguna. En Cabo Rojo se encuentran acantilados cortados por el oleaje. No obstante, hasta Mayagüez, la costa está protegida por una plataforma o banco amplio y poco profundo, por lo que hay tramos bajos y pantanosos. Hacia el sur hay arrecifes de barrera y cayos arenosos; al oeste se extienden arrecifes hasta Mayagüez. La naturaleza rectilínea de la costa de la península de Rincón se evidencia de su delimitación por fallas.

C. Costa sur (de puerto Patillas a punta Cuchara): Es una llanura aluvial de pie de monte con playas estrechas de arena silícea de colores oscuros y grava andesítica que alternan con manglares. Hay algunos arrecifes de franja y otros de barrera y cayos arenosos en una cadena que se extiende de este a oeste. El litoral parece reflejar los contornos de varios abanicos aluviales pobremente definidos que han formado la llanura en cúspides separadas por bahías asimétricas. Estas bahías tienen una morfología que se ha alterado por corrientes litorales que han arrastrado los sedimentos hacia el oeste, por ello los ríos que desembocan allí tienen acumulaciones tipo deltas hacia el oeste de la desembocadura.

D. Costa noroeste (de Aguadilla a Arecibo): Está caracterizada por un acantilado marino cortado en rocas carbonatadas del Mioceno que forma la costa. También, está separado de ella por un banco estrecho rocoso o arenoso. La mayor parte tiene una altura de 50 a 70 m (154 a 230 pies), pero disminuye hacia ambos extremos del tramo y, entre Hatillo y Arecibo, casi desaparece. El acantilado es abrasivo, pero parece ser anterior al actual nivel del mar y pudiera estar relacionado a fallas localizadas en el agua, al norte de la actual línea de la costa.

E  Costa norte (de Arecibo a punta La Bandera): Es una llanura aluvial con varios pantanos mayores y lagunas. En algunos lugares hay dunas fósiles formadas por eolianitas (arenas calcáreas arrastradas por el viento bajo condiciones climáticas mucho más secas) y roca de playa constituida por tramos de arena de playa petrificada del Pleistoceno. Alternan el carácter rocoso y el arenoso. Son comunes las isletas y las rocas que indican los topes de dunas fósiles semisumergidas y la antigua línea de la costa. Hacia el este, presenta numerosas entrantes grandes de forma arqueada. Algunos sectores son móviles y avanzan o retroceden.

Dr. Manuel José Acevedo-González

Puerto Rico posee gran cantidad de marinas y clubes náuticos distribuidos a través de su litoral costero. Existen 13 marinas en la Isla y 110,000 embarcaciones registradas.

Club Deportivo del Oeste (Joyudas, Cabo Rojo) – Las instalaciones incluyen embarcaderos para botes de vela y de motor de todos los tamaños. En la actualidad, cuenta con 60 muelles, además de espacios en tierra para otras embarcaciones. Este club auspicia el torneo de pesca Billfish Extreme Release League Fishing, así como el Torneo Internacional de Aguja Azul en Línea Liviana.

Marina de Salinas (Salinas) – La Marina de Salinas se encuentra protegida por una barrera natural de cayos y manglares. Está rodeada por ocho millas de cayos y es utilizada por marineros como refugio natural para huracanes. Marina Salinas tiene capacidad para acomodar 103 embarcaciones.

Marina Puerto Chico (Fajardo) –Está ubicada en la ensenada de Sardinera en el barrio de mismo nombre. Tiene capacidad para 260 botes de un tamaño promedio de 35 pies de eslora y para 370 botes fuera en tierra de un tamaño promedio de 25 pies de eslora. Esta marina privada fue fundada en 1968 y provee abastecimiento de combustible para embarcaciones.

Club Náutico de Arecibo (Arecibo) – Se encuentra en el barrio Vigías de Arecibo. Este club posee una marina con capacidad para 90 embarcaciones de un tamaño promedio de 22 a 55 pies de eslora. Ésta es la única marina que provee combustible en la ruta que va desde San Juan hasta Mayagüez. El club se fundó a fines de la década de 1960. Cuenta con la zona de la marina y área de doble rampa.

Club Náutico de Boquerón (Cabo Rojo) – Está ubicado en el poblado de Boquerón en Cabo Rojo. Alberga cerca de 112 embarcaciones. El club fue fundado en 1960. Sus torneos más populares son el de aguja azul y el del pez dorado.

Marina Puerto Real (Fajardo) – Esta marina posee, además del muelle, un hangar para mantener botes en tierra. Estas instalaciones están adyacentes al muelle de Isleta Marina. Tiene espacio para embarcaciones de 28 pies de eslora en adelante.

Marina Puerto del Rey (Fajardo) – Se estableció a fines de la década de 1980 y está ubicada en la bahía de Majagua. Cuenta con espacio para mil embarcaciones en agua, además de instalaciones para barcos en tierra.

Club Náutico de La Parguera (Lajas) – Se fundó en 1969. Está ubicado cerca de la bahía fluorescente de la Parguera. En este club hay un total de 51 embarcaciones que oscilan entre los 15 hasta los 65 pies de eslora. Sus torneos de pesca más importantes son el de pez dorado y el de aguja azul. Se distingue por estar ubicado en una de las mejores áreas de pesca de pez dorado en toda la Isla.

Club Náutico de Guayama (Guayama) – Esta marina privada está ubicada en el barrio Pozuelos de Guayama, en la bahía de Jobos que es, a su vez, una reserva natural. El Club Náutico de Guayama tiene espacio para embarcaciones tanto en agua como en tierra (varadero). En agua, hay cabida para 45 embarcaciones de 45 pies de eslora en adelante.

Club Náutico de San Juan (San Juan) – Este club se fundó en 1934. Está ubicado en la avenida Fernández Juncos nº 482. Cuenta con 117 muelles para embarcaciones de 30 a 200 pies de eslora. Desde 1953, el club celebra el Torneo Internacional de Pesca de Aguja Azul, el cual se considera el torneo de pesca de aguas profundas más antiguo del mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Marina de Guerra de Estados Unidos confiscó algunos botes del Club para patrullar la bahía de San Juan y las costas de Puerto Rico. Al finalizar la guerra, muchos socios tuvieron que pagar para recuperar sus botes. Durante esta época los socios celebraban las “lunáuticas”, regatas por la bahía en noches de luna llena. También se llevaron a cabo competencias de vela con las fuerzas armadas. Estos fueron los inicios del desarrollo del deporte de la vela en el Club Náutico de San Juan. El club ha pasado por varios proyectos de renovación, en 1951, 1992 y 2005. En la actualidad, en el Club se ofrecen clases de vela para niños, jóvenes y adultos que estén interesados en aprender el arte de navegar, para lo que utilizan una flota de pequeñas naves diseñadas especialmente para la enseñanza.

Club Náutico de Vega Baja (Vega Baja) – En este club se llevan a cabo actividades pesqueras, aunque no posee marina, sino instalaciones en tierra para acampadores y para el traslado de embarcaciones acuáticas. El club se encuentra en la desembocadura del río Cibuco, en la playa de Vega Baja.

San Juan Bay Marina (San Juan) – Esta marina se fundó en 1977 en la bahía de San Juan. Tiene las instalaciones náuticas más completas de toda la Isla. Está ubicada en la entrada del Viejo San Juan, frente al Puente Dos Hermanos, en la calle Lindburgh. Cuenta con cientos de embarcaderos y tiene espacio para cuatro megayates. Todos los embarcaderos están preparados con conexiones para televisión, satélite, teléfonos, electricidad y agua.

Sea Lovers Marina (Fajardo) – Esta marina se fundó en 1972. Provee un ambiente familiar y servicio personalizado. En sus instalaciones hay 45 espacios para embarcaciones que van desde los 16 hasta los 55 pies de eslora. Esta marina está ubicada en la bahía Sardinera.

Ponce Yatch and Fishing Club (Ponce) – Está ubicado en el paseo la Guancha. El club posee capacidad para 168 embarcaciones de todos los tamaños, así como instalaciones de varadero.

Cangrejos Yacht Club (Carolina) – Este club se fundó en el 1952. En sus instalaciones se celebró el 1er Torneo de Pesca Inter Club en 1957, cuyo objetivo era pescar peces aguja azul de más de 1,000 libras. Ese mismo año se llevó a cabo el 1er Torneo de Pesca de Damas de Puerto Rico. En el 2002, celebraron el torneo número 46, el cual reunió sobre 400 pescadores y 100 lanchas de Puerto Rico, República Dominicana, las Islas Vírgenes y Estados Unidos. El cupo de embarcaciones en este club es de 200 embarcaciones de hasta 50 pies de eslora.

Marina Wyndham El Conquistador (Fajardo) – Se encuentra en las instalaciones de dicho hotel en el barrio Las Croabas de Fajardo. Esta marina tiene 16 muelles para embarcaciones de hasta 60 pies de eslora, pertenecientes a huéspedes o clientes. También, posee un área para embarcaciones pequeñas y un restaurante con acceso al agua donde los dueños de embarcaciones locales o visitantes pueden anclar y disfrutar de las ofertas del local.

Villa Marina Yatch Harbour (Fajardo) – Fundada en 1975 en la playa Sardinera en Fajardo, esta marina cuenta con cientos de embarcaderos ubicados en una ensenada artificial, lo cual la hace mucho más cómoda que otras marinas. En esta zona, por lo general, el oleaje es de dos a cuatro pies y los vientos del este son de seis a siete nudos. Está ubicada cerca de numerosos cayos e isletas, tales como Palomino, Palominito, Icacos y cayo Diablo. Entre las actividades que se celebran en la marina se encuentran los torneos de pesca, las exhibiciones de botes y las regatas.

Nota: Esta muestra de poemas ofrece una gama de significados sobre la relación del puertorriqueño y el mar. El poema “El contemplado” fue escrito por el poeta español Pedro Salinas quien residió por muchos años en la Isla.

 

EL CONTEMPLADO
Pedro Salinas

De mirarte tanto y tanto,
de horizonte a la arena,
despacio,
del caracol al celaje,
brillo a brillo, pasmo a pasmo,
te he dado nombre; los ojos
te lo encontraron, mirándote.
Por las noches,
soñando que te miraba,
al abrigo de los párpados
maduró, sin yo saberlo,
este nombre tan redondo
que hoy me descendió a los labios.
Y lo dicen asombrados
de lo tarde que lo dicen.
¡Si era fatal el llamártelo!
¡Si antes de la voz, ya estaba
en el silencio tan claro!
¡Si tú has sido para mí,
desde el día
que mis ojos te estrenaron,
el contemplado, el constante
¡Contemplado!

OH MAR, NO ESPERES MÁS
Julia de Burgos

Tengo caído el sueño,
y la voz suspendida de mariposas muertas.
El corazón me sube amontonado y solo
a derrotar auroras en mis párpados.
Perdida va mi risa
por la ciudad del viento más triste y devastada.
Mi sed camina en ríos agotados y turbios,
rota y despedazándose.
Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles
tentaciones de incendio.
Hoy, cenizas me tumban para el nido distante.
¡Oh mar, no esperes más!
Casi voy por la vida como gruta de escombros.
Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre.
Inútilmente estiro mi camino sin luces.
Como muertos sin sitio se sublevan mis voces.
¡Oh mar, no esperes más!
Déjame amar tus brazos con la misma agonía
con que un día nací. Dame tu pecho azul,
y seremos por siempre el corazón del llanto.

 

LOS SONETOS DEL MAR
Evaristo Ribera Chevremont

1

¿Qué viento viene cabalgando en onda
coronada de luz, y en mis oídos
deja vastos mensajes encendidos
de tantas islas de celaje y fronda?

Me imagino en azul agua redonda
barcos que parten produciendo ruidos,
y marcando, en los cielos aturdidos
por el solar hervor, velas en ronda.

Me imagino, en bermejo mediodía,
alacre y moceril marinería
en grupo de nervioso movimiento.

Las islas en un ritmo de palmeras;
y ardiente, en cruda luz, en las riberas,
el viento de la infancia, el mismo viento.

2

Velas que ayer rondaron. Todavía
se yen resplandecer en oro y plata.
El bergantín ondeante, la fragata
en largos vuelos por la lejanía.

Grata visión de mis niñeces, grata
y honda visión de iluminado día,
cuando la juvenil marinería
irradiaba en azul y en escarlata.

Cuadros que trae el mar a la ribera
donde danzan el lirio y la palmera
y ríen repintados caracoles.

Paisajes fulgurosos del mar mío.
Paisajes que se ofrecen, con el brío
de cielos traspasados por los soles.

3

Mar de Dios, mar velado y protegido
por la gracia de amor en la belleza…
Uno mi pequeñez a su grandeza
y hallo en su plenitud nuevo sentido.

Mar de Dios, mar en luz, mar poseído
del misterio del mundo. Su pureza
-La del pez y la nave en luz y alteza-
me mueve al pensamiento y al sonido.

No arrojo el ancla. Es perennal el viaje.
Borda flores la espuma en el bordaje.
En el azul ensortijado ahondo.

Dios me espera en el mar. Y Dios me llama.
Tal vez Él me amortaje con la rama
del coral de su sangre en su azul fondo.

4

Belleza misteriosa y fugitiva;
belleza que es belleza en ci instante.
Insinuación celeste en el errante
misterio. Azul y rosa en aguaviva.

En lúcida presencia, en deslumbrante
y súbita apariencia, llama esquiva,
ostentada en la faz de quien la aviva
para el contemplador, para el amante.

En sus tres pianos, transitorio vuelo.
Auroras y arco iris en ci cielo.
En la tierra, las aguas y las flores.

Y ¿en el mar? En el mar, mayor riqueza:
en ondas verdeazules, la belleza
que pasa, con vejamen de primores.

5

¡Cómo se mueve el mar, cómo fulgura;
cómo verdes y azules eslabona;
cómo establece, en la caribe zona,
su bella y resonante dictadura!

¡Cómo, en la vena transparente y pura
de las aguas, sus brillos amontona;
cómo, en sus marejadas, se corona
de luz, llevando al aire su tersura!

¡Cómo a su superficie trae el hondo,
el vivo y claro impulso de su fondo,
el fuerte hervor de su punzante celo!

Cómo, en sus ligazones con el mito,
es, en su eternidad y en su infinito,
como Dios y las líneas de su cielo!

TRENO DE MAR
Luis Llorens Torres

Una novia en la playa…
Una vela en el mar…

Los péndulos de hojas,
que cuelgan del cocal,
tararean, ean, ean,
la Oración del Jamás.

Las gaviotas se cimbran
en el vuelo fugaz
con que las lleva al nido
la luz crepuscular.

Rojas brasas las rocas
queman la flor de sal,
que polvoreó sobre ellas
la salobre humedad.

Errante nube tiende
su pañolón de holán,
con que Dios en el cielo
limpia el azul cristal.

No hay espuma en la lenta
onda que viene y va.
Ni la brisa sahúma
la desmayada paz.

Lloran, bajo la tarde,
su triste soledad,
una novia en la playa
y una vela en el mar.

PARIÓ LA LUNA
Luis Llorens Torres

Altamar del Mar Caribe.
Noche azul. Blanca goleta.
Una voz grita en la noche:

-¡Marineros! ¡A cubierta!

Es el aullido del lobo
capitán de la velera.
Aúlla porque ha parido
su novia la luna nueva.

Y todos ven el lucero
que en el azul va tras ella:
ven el corderito blanco
detrás de la blanca oveja.

El piloto de la nave,
que a la baranda se acerca,
al ver el mar, todo espuma,
canta con voz de poeta:

-En sus azules hamacas
mece el mar sus azucenas.
Y entredice el sobrecargo:

-Es que las marinas yeguas
van al escape y sus crines
se vuelven sartas de perlas.

Y otra vez aúlla el lobo
capitán de la goleta:

-No son espumas de olas,
ni albas crines, ni azucenas:
es que en el mar cae la leche
del pecho que saca afuera,
porque ha parido un lucero,
mi novia la luna nueva.

 

LA NAVE
José Gautier Benítez

Del mar de la vida las ondas en calma
cobra la luna con rayo fugaz,
y en el horizonte, cortando su curva,
descubre una nave, ¿quién sabe do va?

Y avanza y avanza cruzando las olas
y el blanco velamen ofrece al terral,
que juega en las flores de orilla lejana
y aroma la inmensa llanura de mar.

Ni ruido, ni voces, y todo en silencio.
Parece que solo camina el bajel.
Mas no, que buscando del norte la estrella,
tenaz a la caña se ye al timonel.

Estrellas y luna ¿do están? ¿qué se hicieron?
El éter no ostenta su límpido tul,
la mar se ennegrece, se turba, se agita,
y avanzan rugiendo los vientos del Sud.

Y allá en el nublado, confuso horizonte,
cual blanco a los rudos combates del mar,
bajando al abismo, subiendo a las nubes,
descubro una nave. ¿Quién sabe do ira?

La invaden las olas, la llenan de espuma
y azotan los flancos del débil bajel.
En medio del agua, del viento, del rayo,
tenaz a la caña se ye al timonel.

Y posa en el buque doliente mirada,
y llanto derraman sus ojos quizás,
al ver que no puede luchar con el viento,
al ver que se aumenta la furia del mar.

Mas no lo abandona, mas no desfallece,
comprende su grande, su santa misión,
y altivo levanta la impávida frente
que ofrece a los golpes del rudo aquilón.

Por más que se aumente la horrible tormenta,
por más que se estrellen las olas en él,
fijando en el norte la experta mirada
tenaz a la caña se ye al timonel.

….

Ya vuelven, ya vuelven las brisas tranquilas,
pasaron los vientos furiosos del Sud,
la mar se serena, se calma apacible,
y el éter recobra su límpido azul.

Cruzando las aguas que tocan la orilla
rompiendo las blancas espumas del mar,
y el ancho velamen al viento tendido,
descubro una nave, ¿quién sabe do va?

Lo sé, para el puerto: las últimas rocas
burlando que pueden romper el bajel,
lo mismo en bonanza que en ruda tormenta
tenaz a la caña se ve al timonel.

 

MAR CARIBE
Evaristo Ribera Chevremont

Mar de las precisiones y las coloraciones.
Mar de las fantasías y las fosforescencias.
Mar de las resonancias, mar de las impulsiones.
Mar de las plenitudes y las magnificencias.

Mar de las expresiones y las dominaciones.
Mar de las convulsiones, mar de las consistencias.
Mar de las islas de oro, mar de los galeones.
Mar de los abordajes, mar de las turbulencias.

Me levanto en héroes, mar ronco de piratas.
Mar opulento en glorias de bronce y escarlatas.
Mar puro en la belleza de leyes y doctrinas.

Mar de los capitanes, mar de los monjes santos.
Mar que en las aguas tienes los no sabios cantos.
Mar que en los horizontes mi espíritu iluminas.

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