Familia: Emydidae

Trachemys Stejnegeri Stejnegeri (jicotea)

Trachemys Stejnegeri Stejnegeri (jicotea)

La Jicotea (Trachemys stejnegeri stejnegeri) es la única especie de tortuga nativa que habita en las charcas, lagunas, embalses, ríos y riachuelos de Puerto Rico. Sobre la historia natural y costumbres de esta especie se sabe muy poco. Mide aproximadamente de 18 a 27 centímetros (7 a 11 pulgadas) de largo sin incluir la cabeza y el rabo. Su cuerpo es corto y ancho, está encerrado por un caparazón dorsal que consiste de una cubierta externa de material córneo y una interna de elementos óseos.

Su coloración es mayormente marrón o verde oliva oscuro. No posee marcas en la parte de arriba de la cabeza, pero tiene una franja de color rojo pardo detrás del ojo y rayas amarillas. La Jicotea carece de dientes. Sus mandíbulas están revestidas de un margen córneo cortante. Las hembras son un poco más grandes que los machos. Durante la época reproductiva el macho persigue a la hembra en el agua y se localiza frente a ella dándole la cara. Luego lentamente, la hembra se hunde y el macho la monta por detrás. Durante el acoplamiento el macho agarra el caparazón de la hembra con las garras de sus cuatro patas y dobla el rabo debajo del de ella.

Se presume que la hembra pone los huevos en excavaciones cerca de la orilla. Su época reproductiva comienza en abril y termina en julio. La Jicotea se alimenta tanto de material animal como vegetal. En cautiverio se alimenta de caracoles, pedazos de pescado, hígado, comida para perros, lechuga o alguna otra hoja tierna.

Se conocen poblaciones de Jicoteas en la Laguna Tortuguero (Vega Baja), en el refugio de Vida Silvestre de Humacao, El Caño Tiburones, canales de riego en el área de Guánica, charcas naturales y artificiales en Isabela y en el Bosque de Piñones (Loíza).

Estas poblaciones no son tan numerosas como una vez lo fueron. Las causas principales aparentan ser la perdida de hábitat y la cacería por el hombre, quien la pesca todo el año para su consumo por el delicioso sabor de su carne.

Lamentablemente, muchos pescadores se aprovechan de la época reproductiva para cazarlas con mayor facilidad, ya que las hembras se alejan del agua para poner sus huevos. La reducción de su hábitat, el acoso de los pescadores, la falta de investigaciones en torno a la especie y su escasez relativa son las principales causas que amenazan a esta especie.

La ley 70 (Ley de Vida Silvestre) considera actos ilegales y sujetos a ser penalizados, el poseer, portar, transportar, coger, perturbar o destruir los nidos, huevos, crías o el ambiente natural de las especies de vida silvestre.

Autor: Grupo Editorial EPRL
Publicado: 27 de agosto de 2014.

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