Todos los sistemas políticos de los países independientes del Caribe son técnicamente democráticos, aunque existe un debate en torno a la democracia de algunos de ellos, como es el caso de Cuba. Estos sistemas políticos difieren entre sí en términos de los sistemas de gobierno, sistemas de partidos y sistemas electorales que adoptan.

Los sistemas democráticos del Caribe difieren entre sí en términos de los sistemas de gobierno que adoptan, estos suelen ser de dos tipos: presidencialistas o parlamentarios. Se denomina presidencialismo a aquella forma de gobierno en el que, constituida una república, la Constitución establece una división de poderes entre el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial. El presidente es el que ostenta el poder ejecutivo, y se le atribuyen amplias facultades legislativas. El poder legislativo, que puede estar dividido en una o dos cámaras (sistemas bicamerales y unicamerales), se concentra en el congreso, y ejerce sus funciones legislativas sin prejuicio de las facultades que en materia legislativa posea el presidente. El presidente es elegido de forma directa por los votantes, y no por el congreso o parlamento. La república democrática presidencialista más conocida en la historia contemporánea es Estados Unidos. Bajo un sistema parlamentario, por otro lado, la elección del poder ejecutivo emana del parlamento (poder legislativo) y es responsable políticamente ante este. A esto se le conoce como principio de confianza política, en el sentido de que los poderes legislativo y ejecutivo están estrechamente vinculados, dependiendo el ejecutivo de la confianza del parlamento para subsistir. En el Caribe, la única excepción a este patrón de Gobiernos presidencialistas o parlamentarios la encontramos en Surinam, que posee un sistema híbrido. En Surinam, desde 1991, el país tiene un sistema político muy parecido al parlamentario, pero con un presidente que es elegido indirectamente y que posee considerables poderes constitucionales.

Por otro lado, muchas de las islas y territorios continúan bajo un régimen colonial (como los casos de Puerto Rico o las Islas Vírgenes Americanas), o han sido plenamente incorporadas al país del que una vez fueron colonia (como es el caso de las islas francesas de Martinica y Guadalupe, y la Guyana Francesa). En la mayoría de estos casos se mantienen sistemas de gobierno que siguen las mismas reglas de funcionamiento definidas por la Constitución y los decretos y leyes del imperio del que forman parte, para propósitos de elecciones locales o municipales, según sea el régimen territorial de vigencia.

En lo referente a los sistemas de partidos, estos pueden ser básicamente tres: multipartidistas, bipartidistas, o unipartidistas. Un sistema bipartidista es un sistema de partidos políticos que favorece la aparición de dos coaliciones políticas, lo cual conduce a una exclusión o discriminación positiva de los partidos minoritarios. En este sistema, los partidos minoritarios suelen ser regionalistas o de ideologías extremistas. Sus defensores argumentan que genera una estabilidad política al excluir a los sectores extremistas que podrían alcanzar una representación parlamentaria o presidencial. Por el contrario, sus detractores argumentan que el hecho de que excluye a estas minorías lo convierte en antidemocrático.

Por otro lado, los sistemas multipartidistas o pluripartidista son sistemas en que una gran cantidad de partidos políticos tienen amplias posibilidades de obtener el poder ejecutivo, y en los cuales el poder legislativo se encuentra dividido entre una gran cantidad de bancadas o fracciones. Países con sistemas políticos multipartidistas hay muchos, como el caso de Argentina, Finlandia, Francia, Italia, Portugal, Grecia, Chile, Guatemala, Ecuador, Bolivia, México, Rusia, la India y Japón. Asimismo, aunque tuvieron sistemas bipartidistas hasta hace poco, actualmente tienen un sistema multipartidista Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú, Uruguay y Venezuela. En el Caribe también se encuentran sistemas con multipartidos, particularmente en Haití, Surinam o Guyana. Haití tiene aproximadamente 28 partidos, Surinam 26, y Guyana 15.

Finalmente, el unipartidismo es un sistema de partidos políticos en el que existe un único partido político, bien sea porque legalmente es el único partido que puede presentarse como opción en los procesos electorales, o bien, porque aun existiendo legalmente varios partidos políticos, el poder se concentra mayoritariamente en un solo partido político por extensos periodos de tiempo. Estos últimos, siendo oficialmente multipartidistas o bipartidistas, son de facto unipartidistas. El unipartidismo ha sido el sistema de muchos países independizados tras ser una colonia administrativa, ya sea por la supremacía de un partido o porque solo hubiera uno legal. Los sistemas unipartidistas son, y han sido, bastante heterogéneos en el mundo, pudiéndose encontrar fundamentalmente partidos únicos comunistas, fascistas y nacionalistas.

La siguiente tabla resume los diferentes sistemas de gobierno, de partidos políticos y de número de cámaras para los diferentes países del Caribe insular y continental:

PAíSMULTIPARTIDOSBIPARTIDOPARTIDO UNICOSISTEMA DE GOBIERNOSISTEMA DE PARTIDOS
AnguilaXParlamentarioUnicameral
Antigua y BarbudaXParlamentarioBicameral
ArubaXParlamentarioUnicameral
BahamasXParlamentarioBicameral
BarbadosXParlamentarioBicameral
BeliceXParlamentarioBicameral
Islas Vírgenes BritánicasX
Islas CaimánXParlamentarioUnicameral
CubaXParlamentarioUnicameral
Costa RicaXPresidencialUnicameral
DominicaXPresidencialUnicameral
República DominicanaXPresidencialBicameral
GranadaXParlamentarioBicameral
GuatemalaPresidencialUnicameral
GuyanaPresidencialUnicameral
GuadalupeX

Como regla general, en la región del Caribe, el tipo de régimen de gobierno viene más o menos determinado por el pasado colonial de la región. Las antiguas colonias españolas y portuguesas que iniciaron sus procesos de descolonización e independencia durante la segunda mitad del siglo XIX mantienen sistemas presidencialistas, mientras que las antiguas colonias británicas que obtuvieron su independencia durante la segunda mitad del siglo XX (aquí se excluye a EE. UU. y Canadá), mantienen sistemas parlamentarios. La excepción a esta generalización en el Caribe la encontramos en Guyana que, al igual que EE. UU., mantiene un sistema presidencial, a pesar de haberse independizado de un imperio colonial con un sistema parlamentario. La estructura orgánica de los parlamentos en los países del Caribe angloparlante suele ser bicameral, con un senado designado por el poder ejecutivo y una cámara baja o asamblea nacional elegida por votación popular directa en circunscripciones uninominales. La designación de los senadores corre a cargo del gobernador general o jefe del estado, a propuesta del primer ministro y el líder de la oposición (figura esta que en muchos casos adquiere rango constitucional). En tres de los territorios del Caribe angloparlante, sin embargo, los parlamentos integran una sola cámara; estos son: Dominica, San Vicente y las Granadinas y San Cristóbal y Nieves (St. Kitts y Nevis). Por lo tanto, el legado institucional característico del Caribe anglófono reside mayormente en la adopción del modelo mayoritario británico de Westminster. En la práctica, y con la excepción de Dominica y Trinidad y Tobago, que son repúblicas, nueve de los doce Estados independientes reconocen a la reina de Inglaterra como jefa de Estado, representada esta por un gobernador general designado, que realiza funciones meramente protocolarias.

La situación del Caribe angloparlante contrasta de forma radical con el de los países centroamericanos del Caribe continental. Mientras que el Caribe anglófono se perfila como una de las regiones en vías de desarrollo más democráticas del mundo (a partir, claro esta, de la década del setenta, cuando muchas de estas islas/territorios alcanzaron su independencia), la región centroamericana, por el contrario, es ampliamente reconocida como una región altamente conflictiva y con poca tradición democrática. Aunque es prioritario mencionar los avances significativos que ha evidenciado la región centroamericana en materia de democratización y apertura de los procesos desde la década de los ochenta (periodo al que Huntington ha llamado la “tercera ola de democratización de América Latina”), con exitosos procesos de pacificación y de inclusión de actores previamente excluidos al sistema político.

En cualquier caso, la situación en las Antillas Mayores del Caribe insular que fueron antiguas colonias de España, como lo son Cuba, República Dominicana o Puerto Rico, suele comparar mejor con la de los países caribeños centroamericanos que con la de los países/islas angloparlantes —particularmente en los casos de Cuba y República Dominicana—. En el caso de Cuba, por ejemplo, existe un solo partido oficial, el Partido Comunista de Cuba (PCC), aunque desde 1992 se legalizó la existencia de otros partidos, y existen en la actualidad una pluralidad de partidos activos, como lo son el Partido Demócrata Cristiano de Cuba, Corriente Socialdemócrata Cubana, el Partido Social-Revolucionario Democrático de Cuba, el Partido Solidaridad Democrática, el Partido Liberal de Cuba, o la Coordinadora Socialdemócrata de Cuba. Pero, independientemente del partido de afiliación o simpatía, todos los candidatos corren en elecciones como candidatos independientes. Les está prohibido a todos los partidos hacer campaña política u ofrecer mítines políticos o discursos, incluido al PCC. La base en la que se legitiman los sistemas unipartidistas son en la celebración de elecciones libres, ya sea para elegir presidente, parlamento o cualquier otro órgano legislativo. No debe confundirse pues con una dictadura, pues en esta, los líderes no son elegidos mediante elecciones democráticas. Además, en teoría, un sistema unipartidista no recorta los derechos de los ciudadanos. Sin embargo, en ocasiones, una dictadura puede adoptar un sistema pseudounipartidista, pero falsificando los procesos electorales para hacer creer una legitimación del sistema. Si bien los sistemas unipartidistas se reivindican democráticos, varios científicos políticos les niegan tal condición al no existir en ellos poliarquía.

En el caso de la República Dominicana, también existe evidencia de la existencia de una cultura política altamente personalista, autoritaria y antidemocrática. De hecho, la reforma del sistema electoral de 1998, la cual separaba las elecciones presidenciales de las elecciones del congreso, poniendo las elecciones al congreso a mitad del mandato presidencial, tenía como intención eliminar el efecto de arrastre de los candidatos presidenciales, que junto con una cultura política altamente personalista, en la forma de un presidencialismo exacerbado, daban a las presidencias un carácter autoritario y “bonapartista”. Sin embargo, la aplicación de esta reforma no produjo los efectos deseados o esperados, y la apatía y la abstención electoral resultaron extraordinariamente altas (48%). Además, mientras que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) obtuvo la presidencia, el partido de la oposición “perredista” (Partido Revolucionario Dominicano, o PRD) arrasó en las elecciones al congreso de 1998, después de la muerte de su líder histórico Peña Gómez aquejado de cáncer de páncreas. Su muerte se produjo 6 días antes de la elección. El partido obtuvo 25 de las 29 senadurías de entonces, la mayoría absoluta en la cámara de diputados y en muchas alcaldías del país. Esto creó un conflicto ejecutivo-legislativo a medida que las elecciones presidenciales se aproximaban. Muchos analistas consideran que, de esto convertirse en una tendencia, podría resultar amenazante para un país con poca experiencia democrática, escasez de recursos y una cultura política autoritaria.

También existe en el Caribe un debate sobre las deficiencias democráticas de los sistemas bipartidistas predominantes en las islas de habla inglesa. De hecho, en muchos de las islas con sistemas bipartidistas lo que verdaderamente encontramos son sistemas de un solo partido. Es decir, que aunque existen dos partidos, solo uno de ellos se mantiene en el poder de manera casi indefinida. En Trinidad y Tobago, por ejemplo, el People’s National Movement permaneció en el poder de 1956 a 1986. En Antigua, el Antigua Labour Party se ha mantenido de manera casi exclusiva en el poder desde 1951. En San Cristóbal y Nieves, el Saint Kitts and Nevis Labour Party no ha perdido unas elecciones desde 1962. Y en Granada, el Granada United Labour Party se mantuvo en el poder de 1951 a 1979, año en que Maurice Bishop lideró un coupe de etat marxista.

También existe un debate sobre las deficiencias democráticas en países con sistemas de gobierno multipartidistas y con cuerpos legislativos relativamente pequeños. Algunos científicos políticos han apuntado hacia el tamaño de la asamblea legislativa como uno de los instrumentos que promueven u obstaculizan la emergencia del multipartidismo y de la proporcionalidad de los sistemas: es decir, a mayor el tamaño de la asamblea o el número de escaños totales a elegir, mayor es la probabilidad de que se produzca un incremento de la proporcionalidad y del número de partidos que componen la asamblea legislativa. La situación se convierte particularmente problemática en los sistemas multipartidistas con un número de escaños reducido en la asamblea, pues se dificulta la obtención de mayorías mediante pactos entre partidos opuestos. Aun así, en el Caribe anglosajón, en donde se suele utilizar el sistema de first-past-the-pole, se ha podido observar como los votantes han otorgado mayorías parlamentarias a los partidos victoriosos y han podido llegar a construir gobiernos estables. Jamaica y Barbados son ejemplos claros de bipartidismo y alternancia de poder, y con tamaños de asambleas relativamente bajas.
Autor: Luis Galanes
Publicado: 11 de julio de 2012.

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