Portada Puerto Rico en el mundo

Portada Puerto Rico en el mundo

El propósito de la colección Puerto Rico en el mundo es examinar, sin pretensión sistemática, la situación de Puerto Rico en un contexto mundial. Es un intento por hacer una composición de lugar útil frente a la encrucijada de los tiempos que corren, dejando a un lado el hábito enaje­nante del aislamiento. Son textos expositivos e interpretativos, producidos con rigurosidad y honestidad, que buscan ir más allá del impresionismo. Queremos alentar a que no se le de la espalda al mundo bajo la fantasía que aquí la cosa es diferente, aparte de esto queremos generar ideas que provoquen la imaginación y la discusión pública sosegada e inteligente.

Algunos de los artículos se centran en describir y analizar tendencias y estructuras de escala mundial que de una manera u otra impactan sobre nuestras instituciones y vida cotidiana. Otros, en cambio, problematizan circunstancias particulares de nuestro en­torno. Por ejemplo, La melena de Santurce de Miguel Rodríguez, Las polaridades de la paideia puertorriqueña de Fernando Picó y Cultura universitaria de Francisco José Ramos, enfocan, en un primer plano, rea­lidades exclusivas nuestras. Sin embargo, los tres expresan variedades puertorriqueñas de coyunturas mundiales: el desarrollo urbana en el primero, la educación preuni­versitaria en el segundo y el devenir de las universidades en el tercero. La propuesta de reforma universitaria que propone con particular lucidez Francisco José Ramos está dirigida a nuestro primer centro docente, pero la profundidad histórica y filosófica de su visión analítica también la hace re­levante para cualquier contexto global. El diálogo entre to local y lo mundial es vital en un mundo cada vez más mundializado por las nuevas tecnologías de comunicación y transporte.

Esta publicación reconoce y alienta ese lazo indispensable. El volumen está dividido en categorías temáticas. La primera, El Campo Social, establece el marco histórico e institucional de las interrela­ciones sociales en sus diferentes áreas de estudio, tanto en sus aspectos sincrónicos (actuales) como diacrónicos (transforma­ciones en el tiempo). Incluye, por lo tanto, temas como, demografía, economía, tra­bajo, migración, criminalidad, y relaciones familiares. El segmento concluye con una mirada al problema del ambiente en reco­nocimiento de su centralidad mundial.

Una sección sobre globalización sirve de transición entre el campo social y el políti­co. Partiendo de que la mundialización y la globalización son procesos históricos sepa­rados, este grupo de textos toma en cuenta la relación entre los efectos inevitables de los adelantos en el transporte internacional y la tecnología de la información por un lado, y por otro, las formas dominantes (y de dominación) que organizan ese proceso plane­tario extraterritorial. La importancia histórica de esas tendencias de larga duración, amerita atención especial y es vista aquí desde una perspectiva crítica que problematiza el asunto, reconoce su costo social, y aboga por políticas públicas alternas.

Puerto Rico en el mundo

Puerto Rico en el mundo

El Campo Político se aproxima al tema a partir de tendencias mundiales y se aleja de la luchas partidistas como el asunto de la relación jurídica de Puerto Rico con Es­tados Unidos. Aquí se incorpora una distin­ción funcional entre lo político y la política y se incluye una extensa sección informativa, Fundamentos del campo político, que ofre­ce un glosario de términos políticos claves, necesarios para poder conversar con inteli­gencia sobre el tema, pero que son objeto, según se ha observado, de mucha confusión en la vida diaria. Los artículos sobre Estados Unidos y Puerto Rico hoy han sido redacta­dos sin abanderamientos ni proselitismos; son enfoques que resumen tendencias so­ciales y culturales en el contexto de eventos y coyunturas.

La sección sobre lo político cierra con un dossier sobre el tema de izquierdas y de­rechas que trae a la superficie la antinomia principal de las pugnas ideológicas del mundo actual. Se parte, como hipótesis, de dos supuestos principales. Uno apunta a que las luchas de poder en el mundo contemporáneo (no solo en Puerto Rico) se cen­tran en dos visiones sociales contestatarias: una conservadora-autoritaria (derechas) y otra progresista-libertaria (izquierdas). El reconocimiento de la antinomia funda­mental entre estos dos grandes sectores genera sentidos de identidad política más claros, lo cual ayuda a que el diálogo en la esfera pública sea más fructífero. Es importante subrayar que estos sectores no son monolíticos ni homogéneos y poseen, en su catálogo de posiciones, diversos intereses y grados de radicalidad. En el mundo actual, particularmente en Puerto Rico, se pretende esconder esas identidades.

La renuencia a identificarnos abiertamente como partidarios de izquierdas o derechas sin dejar de serlo, se debe en parte a los fracasos históricos de los movimientos utópicos (de ambos bandos) y el abandono de lo político por parte de la sensibilidad posmoderna; pero, más importante aún, por la proliferación de un discurso mediático trivial y homogenizador, que reduce lo político a la arena contenciosa electoral del corto plazo.

La sección de Educación y Cultura cierra la edición. En ella se pasa revista a acuciantes asuntos: el papel de la Universidad, las per­cepciones de la educación, las funciones de la poesía y la crítica y la situación presente de la cultura letrada, ofrecen un panorama cuestionador de los grandes temas cultura­les de la actualidad.

La tradición humanista nos ha enseñado que la realidad humana se conforma en torno a estructuras que no son estáticas ni constantes, que se encuentran en continuo movimiento debido a sus tensiones y contra­dicciones internas. Este movimiento produce los cambios y transformaciones en los que se inscribe la historia, los cuales no son visibles ante la simple mirada de la experiencia coti­diana o el llamado sentido común.

Los cambios en las estructuras históricas profundas son lentos; de ahí el concepto de estructuras de larga duración. En palabras del historiador francés Fernand Braudel, “una estructura es conjunto, arquitectura, pero más aún una realidad que el tiempo desgasta y arrastra durante un largo perio­do.” Las estructuras durables operan tanto en el mundo natural como en las prácticas sociales; los marcos mentales son también prisiones de larga duración. Por ejemplo, la distribución espacial de los habitantes, las comunicaciones y los recursos forman parte de las estructuras de largo alance de un país, pero lo son igualmente la permanencia de una lengua y las prácticas culturales de diversos tipos que desempeñan un papel identitario.

Por el enorme poder de la inercia que generan los procesos históricos profundos, las estructuras de larga duración son aquellas sobre las cuales tenemos una limitada influencia, individual o generacio­nal, a pesar de las promesas de las utopías revolucionarias. Pero la clave es siempre e1cambio. Como dice el historiado británico Eric Hobsbawm, la sociedad humana es una estructura exitosa en la medida en que es ca­paz de transformase en el tiempo, por lo cual el presente no debe ser un punto de llegada.

Puerto Rico en el Mundo

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Los cambios de más corta duración se dan de forma paralela incidiendo a su vez sobre la dinámica de las estructuras. Vemos con frecuencia procesos históricos que impactan sobre la vida social pero que, por ser más volubles, están a la alcance de la acción a más corto plazo.Se trata de lo que los historiadores llaman coyunturas o circunstancias de cambios más acelerados que sí quedan a nuestro alcance y que, por lo tanto, podemos modificar por media de la acción política, cultural, institucio­nal e individual. Ciclos económicos de prosperidad y crisis, guerras, invasiones, regimenes políticos, algunos cambios meteorológicos y epidemias, son ejemplos de coyunturas sobre las cuales las instituciones del mundo moderno hacen esfuerzos enormes por predecir, controlar ymodificar. La meteorología presenta un ejemplo claro.Mientras se nos hace difícil pensar que podemos intervenir en las transformaciones climáticas como las que causaron la Edad de Hielo, o las que secaron el desierto de Sahara, sí es posible enfrentar la crisis coyuntural causada por el deterioro de la capa de ozono y el calentamiento global con medidas correctivas de reglamentación industrial por parte de los Estados y mediante acuerdos internacionales.

No debemos confundir coyunturas con eventos. Por ejemplo, el paso del huracán Katrina por la zona de Nuevo Orleáns en Estados Unidos fue un evento con consecuencias inmediatas terribles que generó la necesidad de acciones múltiples de auxilio por parte del Estado en sus componentes centrales, estatales y locales. La coyuntura que delata el evento, sin embargo, no es el huracán (o los huracanes como fenómeno climático) sino la capacidad organizativa del Estado para enfrentar tales eventos. El reto, por lo tanto, no fue el de tomar acciones eficientes de reparación y auxilio, sino enfrentar el nivel de desorganización del Estado y sus causas, para entonces tomar medidas remediales. Por otro lado, el evento, en tanto coyuntura, puso también en evidencia estructuras que hasta entonces permanecían ocultas: específicamente, una distribución marcadamente desigual de bienes materiales, de pobreza, ignorada hasta entonces por la institucionalidad del Estado. El paso de Katrina por Nueva Orleáns puso en evidencia la persistencia de una estratificación y jerarquía social con niveles y extensiones de pobreza y exclusión inaceptables para la normativa social imperante, al menos en el plano discursivo de la cultura política del mundo desarrollado.

La diferencia entre estructuras y coyunturas es fundamental para la historia y el espíritu humanista. La historia nos revela que en la práctica cotidiana del campo político, los actores exitosos reconocen marcos de relación y normativas sociales y mentales sobre las cuales deben navegar, para sobrevivir, con puntillosa cautela y bajo criterios de sensatez, prudencia y realismo”. Al mismo tiempo estos actores activan antenas ultrasensibles que detec­tan momentos oportunos y favorables a la acción y el cambio.

Esos momentos “oportunos” son coyunturas, las cuales, de acuerdo a la ética republicana, definen losespacios en que se desenvuelve la vida pú­blica y donde se efectúan los cambios que inciden sobre la transformación de las estructuras de larga duración. Las coyunturas, en otras palabras, son oportunidades históricas para que el ser humano actúe sobre sus circunstancias. Es sobre el análisis de coyunturas y el conocimiento de las estructuras que las sustentan, por lo tanto, que se elaboran las consignas de la acción.

Vale aclarar que no se trata de limitar el análisis y las reflexiones (representaciones) a planos generales y grandes esquemas teóricos. El flujo de la vida cotidiana, lo que los historiadores alemanes llaman el allestageschiste (historia de la vida diaria) es imprescindible para comprender la realidad humana. Las grandes construcciones teóricas e interpretativas, independientemente de su relativo valor creativo y utilidad analítica, caen en oídos sordos cuando no toman en cuenta las experiencias y vivencias de los ciudadanos en sus ambientes más inmediatos, geográfi­cos, sociales, privados e íntimos.

Por último, cabe reiterar que esta colección combina enfoques expositi­vos, informativos, con puntos de vista analíticos fundamentados en una visión esperanzadora del ser humano y sus ins­tituciones. El supuesto es que la función del análisis social (y de la Historia) es más comprender que describir lo que ocurre; ver, en otras palabras, como los dife­rentes elementos que confluyen en una particular realidad social configuran una dinámica histórica y definen a su vez las alternativas reales de cambio y emancipa­ción, es decir, de libertad.

Roberto Gándara Sánchez
Centro de Investigación y Política Pública

 

Autor: Proyectos FPH
Publicado: 16 de enero de 2008.

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