Introducción

Durante los últimos años, el tema de la seguridad alimentaria ha adquirido gran relevancia a nivel mundial. La crisis alimentaria que comenzó en 2008, provocada por un rápido incremento del precio de los alimentos básicos como el maíz, los cereales, y otros productos, obligó a los políticos de todas partes a prestar atención a los problemas interrelacionados del hambre y de la producción y distribución de alimentos. En marzo de 2008 el índice de precios calculado por la Organización Mundial de la Alimentación (FAO por su siglas en inglés) -que toma en cuenta las variaciones en los precios de los cereales, productos lácteos, carne, azúcar y aceites- aumentó en un 57% con respecto al año anterior. Aunado a esto, las reservas mundiales de alimentos se encuentran en sus niveles más bajos desde 1980.

La seguridad alimentaria, concepto desarrollado en los años setenta, inicialmente fue concebida como un problema de insuficiencia de producción y disponibilidad de alimentos. Sin embargo, en los años ochenta el premio nobel de economía, Amartya Sen, demostró que el problema no era la falta de alimentos, sino que los ciudadanos no podían acceder a los alimentos debido a los precios y las desigualdades en la distribución. Por lo tanto, se incorporó el concepto de acceso. En los años noventa, se incorporaron a la seguridad alimentaria consideraciones sobre la inocuidad (sanidad) de los alimentos y las preferencias culturales, además de reconocerse este concepto como un derecho humano. El derecho a la alimentación fue recogido por primera vez en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Este implica un requisito legal para que el Estado garantice el acceso de sus ciudadanos a una cantidad suficientes de alimentos y a un nivel de calidad aceptable.

La definición actual de la seguridad alimentaria, establecida por la FAO en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 y revalidada en la Cumbre de 2009, es una situación en que “todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a alimentos seguros y nutritivos que cumplen con los requisitos nutricionales y las preferencias alimenticias para una vida activa y saludable”. Se enfatizan cuatro aspectos: la disponibilidad adecuada de los alimentos, el acceso directo a los alimentos (capacidad de autoproducción) o la capacidad de adquirirlos, la estabilidad de la oferta (sin fluctuaciones ni escasez) a través del año y la buena calidad e inocuidad de los alimentos.

En Estados Unidos, la Unión Europea y otros países de mayor desarrollo, los primeros tres aspectos se cumplen de forma generalizada, por lo que el asunto más apremiante es el de la calidad e inocuidad, incluyendo las situaciones de alimentos contaminados, y los problemas de la mala nutrición y consecuente obesidad. Por el contrario, en los países menos desarrollados, incluyendo a Latinoamérica y el Caribe, el tema se enfoca mayormente en la relación de la seguridad alimentaria con la pobreza y la falta de acceso adecuado a los suficientes alimentos por parte de los sectores más pobres.

En años recientes, algunos sectores han promovido que se añadan consideraciones sobre el origen de la producción de los alimentos (nacional o internacional) y a las formas de producción (campesina/familiar o comercial/corporativa). Esta concepción, más amplia y compleja, está generalmente identificada con el término de “soberanía alimentaria”, definido como el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Los proponentes de la soberanía alimentaria critican las políticas neoliberales de libre comercio y de control corporativo de los alimentos, argumentando que esas políticas han llevado a la destrucción de la agricultura de los países más pobres, y en especial la de los pequeños agricultores, debilitando así la seguridad alimentaria local.

La seguridad alimentaria está intrínsecamente relacionada con el desarrollo sustentable, usualmente concebido como un desarrollo que pone en equilibrio aspectos sociales, económicos, y ecológicos, los cuales se entrelazan entre sí. La falta de seguridad alimentaria impide que las personas puedan vivir una vida de calidad y las atrapa en una red de pobreza, ya que el hambre y la desnutrición dificultan el trabajo. De este modo, afectan el desarrollo social (y humano), así como el desarrollo económico. De acuerdo al Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo, la desnutrición en los países en desarrollo causa pérdidas económicas de entre 2% y 3% del PIB y el 10% de los ingresos individuales. Se estima, además, que tener trabajadores bien alimentados puede incrementar el PIB por aproximadamente 1% cada año. Por otro lado, los procesos de degradación ecológica, ya sean por actividades humanas o naturales, afectan también la seguridad alimentaria al desplazar personas de sus tierras, destruir terrenos agrícolas y sus cosechas, etc. De igual manera, procesos sociales como la emigración de los campos a las ciudades, fomentados por la falta de empleo y de servicios sociales en áreas rurales, también puede afectar la seguridad alimentaria, ya que contrario al campo, en donde las personas pueden cosechar los alimentos que consumen, en la ciudad se depende casi completamente de la compra de alimentos.
Seguridad alimentaria en el Caribe

En la región de América Latina y el Caribe (ALC), el acceso a alimentos, determinado a base de los niveles de hambruna y desnutrición de una población, es la dimensión más importante de la seguridad alimentaria. Esta dimensión, a su vez, está muy ligada a los niveles de pobreza extrema, desempleo e inflación de precios.

El informe de la FAO de 2009, Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de América Latina y el Caribe, nota que de 1990 a 2005, los países de América Latina y el Caribe lograron grandes avances en materia de seguridad alimentaria, reduciendo el número de personas malnutridas de 53 a 45 millones, esto contrario a la tendencia global de aumento del hambre en el mismo periodo. En términos de la disponibilidad de energía calórica o alimenticia (kcal/persona/día), el Caribe presentó el aumento más significativo en ALC en ese periodo. La disponibilidad pasó de 2300 kcal a más de 2550 kcal por persona al día (+10.8%). Entre los países caribeños, Cuba logró el mayor aumento (20.6%), posicionándose de esa manera en primer lugar en el nivel de energía de alimentos de la región para 2005 (3280 kcal/persona/día). (La FAO ha determinado que los requerimientos mínimos para los países de ALC son de 1850 kcal per cápita/día para 2003-2005). San Vicente y Granadinas logró el segundo mayor aumento porcentual (18.7%), seguido de Jamaica (12.7%). Tres países tuvieron un decrecimiento en esta medida: Antigua y Barbuda (-12.4%), Granada (-5.6%), y San Kitts y Nevis (-3.8%). En términos netos, en 2005 después de Cuba seguían Dominica (3070 kcal/persona/día), Barbados (2930 kcal/persona/día) y Jamaica (2810 kcal/persona/día) como los de mejor nivel de energía alimentaria. El país con peor energía alimentaria en el Caribe en 2005 fue Haití (1,840 kcal/persona/día), posicionado en la categoría de “bajos ingresos y déficit de alimentos”. Siguieron Antigua y Barbuda (2200 kcal/persona/día) y República Dominicana (2300 kcal/persona/día), posicionados en la categoría de riesgo en la disponibilidad de energía alimenticia.

En términos del porcentaje de la población que sufre de desnutrición (ver Tabla), se observa que nuevamente Haití es, por mucho, el país con peor seguridad alimentaria (con 59% de la población malnutrida), seguido de República Dominicana (24%), Antigua y Barbuda (22%) y Granada (20%). Barbados, Cuba y Dominica son nuevamente los mejor posicionados con menos de 5% de su población malnutrida.

País% Desnutrido
Antigua y Barbuda22
Bahamas6
Barbados>5
Belice5
Cuba>5
Dominica>5
Granada20
Guyana7
Haití57
Jamaica5
República Dominicana24
San Kitts y Nevis16
Santa Lucía8
San Vicente y Granadinas5
Trinidad y Tobago11

Fuente: FAOSTAT 2011

El informe de la FAO antes mencionado apunta a que a partir de 2005 la situación de la seguridad alimentaria en la región ha empeorado significativamente. El aumento de los precios internacionales de alimentos, junto a la crisis financiera y económica, ha afectado las economías familiares, reduciendo el acceso a alimentos y otros bienes básicos y, consiguientemente, aumentando la pobreza y el hambre. Además, eventos naturales (cambio climático y desastres naturales) han empeorado la incertidumbre y la vulnerabilidad de los hogares más pobres. Además, contrario a lo esperado, los productores agrícolas no respondieron al alza en los precios aumentando su producción. Por el contrario, el incremento en costos en insumos y eventos naturales han llevado a una baja en la producción. Los Estados, además, han sufrido reducciones en sus exportaciones y en sus fuentes externas de financiamiento (debido a la crisis económica), reduciendo su habilidad para proveer apoyos que fortalezcan la seguridad alimentaria.

Esta crisis ha echado a perder muchos de los logros alcanzados en materia de seguridad alimentaria en la región en las últimas dos décadas. Por ejemplo, entre 2008 y 2009, la subnutrición en la región de ALC aumentó un 12.8%, para un total de 53 millones de desnutridos, la misma cantidad de los años 1990-92. Los países más afectados han sido los importadores netos de alimentos y energía, y los que cuentan con altos niveles de pobreza. La magnitud de la crisis podría crecer aún más, ya que se espera que en los próximos años el alza en los precios de los alimentos y la recesión económica continúen.

Por otro lado, otros estudios apuntan a que las políticas de libre comercio han disminuido la producción agrícola del Caribe, en especial por importaciones más baratas de Estados Unidos. Esto ha transformado la región de una exportadora neta de alimentos, a la región más dependiente de importaciones de alimento en el mundo, según un informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. En Antigua y Barbuda, por ejemplo, la proporción de importaciones/exportaciones se triplicó de 1995 a 2000. Actualmente, el Caribe importa cerca del 75% de los alimentos que consume su población, a un costo total de $3.5 billones de dólares anuales. Barbados, por ejemplo, paga cerca de $350 millones de dólares anuales en importaciones de alimentos. Se predice que este déficit de producción continuará en aumento a menos que se desarrollen acciones sostenidas para aumentar la producción.

Finalmente, existen diversos procesos que podrían amenazar la disponibilidad de los alimentos y la estabilidad de los precios (y por tanto, la seguridad alimentaria) en el futuro: la transición demográfica en la región, en particular el envejecimiento de la población; la creciente concentración de la producción, procesamiento y distribución de alimentos en unas pocas empresas (por ejemplo, supermercados) que facilitan prácticas monopolísticas de precios; la calidad e inocuidad de los alimentos; el cambio climático; los altos costos de los insumos agrícolas (ej. fertilizante); la falta de acceso a crédito por parte de los productores; y la rápida expansión de la producción de biocombustibles.

Políticas de seguridad alimentaria en el Caribe

La mayoría de los países de ALC no cuenta con planes sobre seguridad alimentaria. No obstante, todos tienen políticas y programas que atienden algunos de los aspectos relacionados, tales como proyectos y programas de apoyos para la pequeña y mediana agricultura y al desarrollo rural, y de protección social y alimentación (ej. “Comer es Primero” en República Dominicana). Ante la crisis, todos los países han intentado reforzar estos programas y de controlar los precios internos de los alimentos básicos. A nivel regional, la Comunidad del Caribe (CARICOM) ha comenzado a desarrollar estrategias para fortalecer la seguridad alimentaria de la región, tales como colaborar en la reconstrucción del sector agrícola de Haití; la implementación de protocolos que garanticen certificaciones sanitarias y fitosanitarias para el comercio; y un proyecto en alianza con la Universidad de McGill (Canadá) para implementar tecnologías de agricultura sustentable que aumenten la disponibilidad y diversidad de los productos agrícolas.

Hacia el mediano y largo plazo, la FAO recomienda que los países de ALC se enfoquen en aumentar la producción nacional agrícola por medio de estímulos a la agricultura de pequeña escala, desarrollar mercados más competitivos; mejorar las condiciones laborales agrícolas; desarrollar políticas para el manejo de riesgos (climáticos y financieros); y reforzar los sistemas de protección social. Finalmente, la ayuda internacional será crucial para superar la crisis y garantizar la seguridad alimentaria.

 

 

 

Autor: Gustavo García Lápez
Publicado: 2 de septiembre de 2014.

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