En 1806 llegó la imprenta y luego surgió la Sociedad Económica de Amigos del País, dos elementos centrales para la difusión cultural en Puerto Rico. Por ello, a partir del siglo XIX nacieron los primeros periódicos, por donde perfilaron las voces literarias de ese tiempo como antesala de lo que serían más adelante las revistas literarias de la isla. Ante la necesidad de un espacio donde brindar literatura a los lectores (y donde los escritores pudieran publicar sus textos) los periódicos destinaron secciones a la literatura, estos espacios fueron esenciales para las primicias de lo que será la literatura puertorriqueña. Periódicos como La Gaceta brindaron partes reducidas a la literatura, pero que fueron importantes para establecer la historia literaria del país. Precisamente allí, en 1832, María Bibiana Benítez publicó su poema icónico “La ninfa de Puerto Rico”.

También en El Diario Económico, Boletín Instructivo y Mercantil de Puerto Rico, El Investigador, El Buscapié, Puerto Rico Ilustrado, El Imparcial, entre otros diarios, se publicaron numerosos textos literarios. No obstante, la organización y el crecimiento de la cultura literaria en Puerto Rico hicieron necesarios organismos que recogieran, no solo la expresión literaria, sino también artículos que hablaran sobre ella. Las revistas literarias en Puerto Rico, así como en otros países del mundo, sirvieron de portavoces de las comunidades y generaciones literarias y, a su vez, sirvieron de base para la difusión de los movimientos literarios. A continuación se presentan aquellas a las que la crítica literaria les confiere un lugar importante en el desarrollo de las letras puertorriqueñas.

La Azucena, publicada por Alejandro Tapia y Rivera a partir del 20 de noviembre de 1870, es considerada la primera revista literaria de valor histórico en el país. Su audiencia principal era el público femenino y en ella colaboraron José Julián Acosta, Ramón Baldorioty de Castro, Manuel Fernández Juncos, Salvador Brau, Tapia y Rivera, entre otros.

El Ateneo Puertorriqueño se fundó en 1876 y dos años después publicó la Revista Puerto Riqueña, dirigida inicialmente por José Gautier Benítez. Participaron, además, José Julián Acosta, Manuel Zeno Gandía, Magdalena Plaza y Manuel Elzaburu. Esta revista duró un año y reemergió más adelante en 1905. Sus artículos de corte social muestran las preocupaciones y la avanzada de ese tiempo.
Manuel Fernández Juncos también contribuyó en esta gestión literaria; para 1887 fundó Revista Puertorriqueña (Literatura, Ciencias y Artes). Fue de las primeras revistas en lograr una exposición internacional. La Revista Puertorriqueña publicó obras traducidas del francés, así como obras de los españoles José María de Pereda, Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós y Armando Palacio Valdés; de los hispanoamericanos Rubén Darío, Ricardo Palma, Jorge Isaacs, y Gertrudis Gómez de Avellaneda, entre otros; y de los puertorriqueños Salvador Brau, Lola Rodríguez de Tió, José De Diego, Luis Muñoz Rivera, Cayetano Coll y Toste, José de Jesús Domínguez, Manuel Zeno Gandía, Manuel Elzaburu y José Gualberto Padilla, entre otros escritores de prestigio.

Ya para los comienzos del siglo XX, específicamente en marzo de 1913, se publicó La Revista de las Antillas, fundada por Luis Llorens Torres. En esta revista colaboraron como editores Nemesio R. Canales, José De Diego, Trina Padilla de Sanz, Josefa del Valle Zeno, entre otros. Esta revista, al igual que Revista Puertorriqueña, trabajaba temas diversos sobre las artes, las ciencias, la cultura, y demás temas de interés de la época. La Revista de las Antillas es considerada como la precursora y representante de las vanguardias y del modernismo.

La revista Los Seis fue fundada en 1924 por Luis Palés Matos y José de Diego Padró, entre otros cuatro poetas. Fue una revista vanguardista que privilegiaba la poesía y buscaba una proyección e inmersión internacional; tuvo la misma envergadura que La Revista de las Antillas. La revista índice también merece ser aludida, fue fundada por Antonio S. Pedreira, Vicente Géigel Polanco y otros escritores e intelectuales puertorriqueños. Su interés mayor fue establecer la identidad puertorriqueña partiendo de los próceres como Segundo Ruiz Belvis, Francisco Oller y otros. Otras revistas fueron: El Carnaval (1911), Juan Bobo (1915), Alma Criolla (1917), El Faro (1926), Vórtice (1927), Hostos (1928), entre otras, que a pesar de su corta duración fueron vehículo de expresión de muchos de los escritores puertorriqueños en esa primera mitad del siglo XX.

Una mención importante es la Revista de Estudios Hispánicos adscrita a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, que se publica desde 1928 (inicialmente dirigida por Federico de Onís) hasta el presente. Esta revista es de corte académico, pero ha publicado a los más grandes profesores y escritores puertorriqueños, así como también a otros de fuera del país.

Un grupo de vanguardia, los atalayistas, fundaron la revista Alma Latina en 1930. René Marqués, Luis Hernández Aquino, Luis Palés Matos, Nicolás Blanco y otros colaboraron en sus números. Sin embargo, las revistas que han pasado al imaginario literario puertorriqueño por su alcance internacional fueron Asomante, dirigida por Nilita Vientos Gastón a partir de 1946 y Sin Nombre , fundada por ella en 1970 tras dejar su participación en Asomante. En Sin Nombre se encuentran obras de Juan Antonio Corretjer, Olga Nolla, Roberto Fernández Retamar (cubano), Vanessa Droz, Rosario Ferré y otros. Asimismo ocurre con Artes y Letras originada en 1953 y que contó con la colaboración de Nilita Vientos Gastón, José Emilio González, Manuel Méndez Ballester, Enrique A. Laguerre, Francisco Matos Paoli, entre otros renombrados escritores isleños.

También de corte intelectual y académico es la revista La Torre, publicada por primera vez en 1953 y adscrita a la Universidad de Puerto Rico. Esta revista se acerca a unos temas más universales. Dos años después se establece el Instituto de Cultura Puertorriqueña y más adelante, en 1958, surge la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, que se ha publicado hasta el presente. Esta revista ha recogido en sus páginas la trayectoria de todos los medios artísticos de Puerto Rico (populares y de la “alta” cultura), al tiempo que ha recogido muchas piezas literarias.

No obstante, dichas revistas son parte de instituciones del Estado. Ante la necesidad de brindar literatura extraoficial que desarrolle discursos contrarios a los del sistema se crean Guajana (Río Piedras, 1962) y Mester (Aguadilla, 1966), dos organismos muy importantes en el establecimiento de una nueva generación literaria en Puerto Rico. Ambas revistas compartieron escritores, así como una agenda política y literaria; la patria, la independencia y la justicia social fueron los ejes temáticos imperantes. Sin embargo, la búsqueda de un lenguaje literario y la afirmación como generación literaria les otorga a estas revistas una importancia en la historiografía de Puerto Rico. Dos figuras que se destacaron en dichas revistas son Jorge María Ruscalleda Bercedóniz y Vicente Rodríguez Nietzsche. En la actualidad, los pertenecientes al grupo de Guajana operan un Festival de Poesía Internacional y establecieron un concurso de poesía muy aclamado por los poetas contemporáneos.

Para 1972 salió la revista Ventana, dedicada a la poesía (pero incluye también reseñas y cuentos), y en la que se destacó la figura de José Luis Vega. Una revista que resaltó por su diseño y su junta editorial fue Zona de Carga y Descarga (1972). Acogió a numerosos escritores e intelectuales célebres (por mencionar a algunos: Rosario Ferré, Olga Nolla, Luis Rafael Sánchez, Francisco Matos Paoli, áurea María Sotomayor, Hugo Margenat; así como a los latinoamericanos Mario Vargas Llosa, Severo Sarduy y José Lezama Lima). Fue el punto de partida para lo que se llamó el estallido de las escritoras en la literatura puertorriqueña. Actualmente los números de Zona se consideran piezas de arte.

Más adelante, en 1983 se publicó Filo de Juego, dirigida por Rafael Acevedo Rodríguez. Aquí perfilaron escritores que en la actualidad siguen publicando y conforman la literatura contemporánea puertorriqueña: Mayra Santos Febres, Juan Carlos Quintero, Zoé Jiménez Corretjer, Frances Negrón, Edgardo Nieves Mieles, entre otros. Entre las décadas del 70 y del 80 salieron revistas universitarias, algunas se siguen publicando como Plural, Ceiba, Faro, El Cuervo, Mairena, La Revista del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y del Caribe, Exégesis, Cayey, Prisma, O’clip, Brisas y Cupey. Ya en el comienzo del siglo XXI se han destacado algunas revistas: El Sótano 00931, Taller Literario (ambas de Río Piedras), Identidad (Aguadilla) y Zurde (Mayagüez). Estas revistas muestran la incipiente literatura puertorriqueña y algunas han trascendido a convertirse en proyectos editoriales de valor.

Este recorrido somero por las revistas demuestra su importancia como voceros literarios. La coincidencia de escritores y cómo ellos conforman el canon literario actual indica la importancia y el valor de este tipo de publicación en el desarrollo de la escritura como medio artístico en la sociedad puertorriqueña.
Autor: Alexandra Pagán Vélez
Publicado: 25 de agosto de 2015.

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