Portada Puerto Rico en el mundo

Portada Puerto Rico en el mundo

Como “hip-hop con sabor caribeño” definió al reggaetón el generalizadamente reconocido “de­cano” de los raperos puertorriqueños, Armando Losada “Vico C”, en el DVD documental The Chosen Few (2006); definió así al género que, a comienzos del siglo XXI, se manifiesta como el más difundido y uno de los de mayor dinamismo e impacto en el panorama musical de Puerto Rico y, desde las producciones puertorriqueñas, de los más populares alrededor del mundo. Para comprender este fenómeno expresivo, su importancia socio-cultural y su historia es fundamental examinar, pues, tanto los elementos que comparte con sus raíces hip-hop, como “ese sabor” particular que lo caracteriza como variante con su identidad propia.

Hacia finales de los años 70 y en los 80, las ur­gencias expresivas y de intercomunicación entre los jóvenes afro-estadounidenses y los jóvenes emigrantes (o descendientes de emigrantes) jamaiquinos y latino­ caribeños en los ghettos pobres de Nueva York, fueron conformando un complejo de prácticas artísticas que sus mismos forjadores denominaron, significativamen­te, como “una cultura”, combinando las dos principales acepciones del término: elaboración cultivada o arte y modo de vida. Se trataba de una “cultura” juvenil callejera de ghetto urbano, distanciada de -e incluso enfrentada a- los espacios institucionales y domésticos, y sus respectivos símbolos de autoridad. El carácter de tajante separación étnico-racial y de clase que fue con­solidándose en la morfología y cotidianidad de las urbes estadounidenses marcó dramáticamente sus modos expresivos. Incluso en contraste con otras tradiciones artísticas que compartían sus bases clasistas y étnicas, como habían sido el jazz y la salsa, que siendo también, en su momento inicial, impugnadoras y contestatarias, no necesariamente debían manifestarse atrincherantes y/o agresivas. La centralidad de lo juvenil – callejero en la “cultura” hip-hopexacerbó el carácter de “rompi­miento” de su desafío en esferas generacionales y de género, ausentes o limitadas en las otras tradiciones populares antes mencionadas.

Reggaetón

Reggaetón

Es ya un lugar común entre sus participantes e intér­pretes, describir la “cultura hip-hop” como conformada por cuatro elementos centrales: DJing, o la producción sonora mecánica utilizando como instrumento principal a la música grabada misma, ya sea combinando seccio­nes o “pistas” de LPs (long play), como elaborando re­cursos rítmicos a través de un rayado (o “scratchiando”) los propios discos en movimiento; MCing, o rapiar una improvisada poesía ritmática; Gratfiting, o mensajes -inicialmente alfabéticos, desarrollándose luego en mu­rales en paredes a ser vistas desde la calle, utilizando pintura de aerosoles; y B-boying, o la encadenación de movimientos entrecortados súbitamente formando un acrobático break-dance en diálogo con la música del DJ, reviviendo una ancestral tradición de las músicas negras en Latinoamérica (en Puerto Rico, la bomba). En el reggaetón mantienen su centralidad los primeros dos elementos (con algunas modificaciones que abordare­mos más adelante), mientras -como también en otras vertientes del hip-hop- sus otros elementos languide­cen o experimentan transformaciones mayores.

El DJing (término surgido de disc jockey), es una nueva forma de hacer música a través de la predomi­nancia contemporánea de su reproducción mecánica. La proporción del universo sonoro que representa el sonido producido por máquinas -frente a los sonidos producidos por la naturaleza y por el ser humano- fue tornándose predominante sobre todo durante la segun­da mitad del siglo XX; y de manera dramática en ciu­dades como Nueva York; también la proporción de la experiencia con música grabada frente a la experiencia de la música “viva”. El DJing responde, en gran medida, al intento de apropiarse expresivamente de esa reali­dad. En la medida que forma parte de un movimiento (o “cultura”) de rebeldía juvenil, esa predominancia de la sonoridad mecánica fue exacerbada hasta niveles intolerables para generaciones formadas en universos sonoros distintos y tradiciones musicales cónsonas con estos. Además chocaba, entre esas generaciones, la simplicidad evidente de una sonoridad naciente, frente a la rica variedad de texturas y timbres que fueron de­sarrollando a través de su historia tradiciones sonoras de largo abolengo. Sin embargo, una vez establecida la predominancia de la sonoridad mecánica en la nueva “cultura”, he notado (en Puerto Rico más en el reggaetón que en variantes más tradicionales del hip-hop) una mayor apertura a la incorporación de agentes sonoros de tradiciones previas, así como un más complejo y ela­borado desarrollo de sonoridades electrónicas.

Inicialmente los DJs mezclaban pedazos de pistas de LPs tomadas del reggae y las diversas variantes de las sonoridades afro-estadounidenses: música disco, funk, jazz, afrobeat…, pero pronto comenzaron a incorpo­rarse también grabaciones de salsa, merengue y otras músicas afro-latinoamericanas. Esta incorporación se ha acrecentado dramáticamente desde aproximada­mente el año 2000 con la conformación del reggaetón. Como su propio nombre sugiere, esta variante hip-hop deriva de la vertiente dancehall del reggae a la cual se le enfatiza un desplazamiento en los acentos de su mé­trica que tornan más explícito y protagónico el carácter sincopado de su rítmica interna.

Reggaetón

Reggaetón

En los inicios del hip-hop, los DJ utilizaban MC (maestros de ceremonias) para calentar los ánimos con poesía callejera oral improvisada, en la tradición del toasting jamaicano y su dup poetry, y los poetry slams del Nuyorican Poets Café. El talento del MC se le deno­minó flow generar un flujo artístico rítmico de palabras. El MC se convirtió en el representante del público en el escenario y sus raps o el ingenio de sus rimas fue adquiriendo cada vez más importancia. A finales de los 80, jóvenes de los residenciales públicos de San Juan y los barrios de Panamá, que habían experimentado la vida emigrante en Nueva York, empezaron a grabar versiones caseras (underground) de rap en español (los MCs hispanos en EEUU utilizaban principalmente el in­glés salpicado de español y spanglish). Especialmente destacados entre los pioneros del rap en español -que en los 90 fueron grabados por grandes compañías dis­queras y recibieron los más prestigiosos premios de la industria de la música popular- fueron el nuyorican “de retorno” “Vico C” y el panameño (de madre cocola -hija de descendientes de las antillas anglófonas- y padre colombiano) Edgardo Franco “El General”. El primero expresó violentas críticas sociales que lo llevaron a ser apodado como “el filósofo del rap”; el segundo se destacó con sus letras-piropos de alto contenido sexual por lo cual, junto a su predilección por el dancehall, mu­chos lo consideran el precursor del reggaetón.

Y es que esa variante “tropical” del hip-hop se con­solidó en medida considerable en su tránsito de la calle a la discoteca. El B-boying fue cediendo su importancia al baile en parejas, sobre todo a un tipo de baile (como fue el dancehall para el reggae) explícitamente sexual denominado “perreo”, al estilo de una antigua tradición anglocaribeña en los carnavales. Esta forma de bailar, intencionalmente provocadora y para escandalizar a las identidades sociales y generacionales dominantes, se replica en numerosas expresiones juveniles en la América “mulata”, como en la denominada “champeta” del Caribe colombiano. Aunque no se han abandonado otras temáticas del hip-hop, como la descripción y críti­ca social, la discoteca y el “perreo” fomentan un “rapeo” más comercial en torno al acercamiento corporal, con mayor use de estribillos y repeticiones que facilitan el aprenderse las canciones entre escuchas y bailadores.

El elemento visual que había representado el graffiti ha ido cediendo su importancia ante la pro­ducción de videos, que enfatizan también el mundo discotequero, aunque sin abandonar tampoco el mensaje social crítico.

El reggaetón ha alcanzado una rápida popularidad mundial, y sus más destacados exponentes -hasta hoy, prácticamente todos puertorriqueños- Daddy Yankee, Don Omar, Tego Calderón y Calle 13, entre otros, son considerados súper estrellas de la industria musical y el media.

A.G. Quintero Rivera
Sociólogo, Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Puerto Rico-Río Piedras

 

 

 

 

 

 

Autor: Proyectos FPH
Publicado: 16 de enero de 2008.

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