La población contemporánea de Puerto Rico, al igual que la de otros países caribeños, es básicamente un producto de la inmigración. Durante la primera mitad del siglo XVI, la población indígena de las Antillas Mayores fue diezmada por la conquista española y sus secuelas de guerra, esclavitud, enfermedades, mestizaje y éxodo hacia otros territorios. La población de Puerto Rico de ese entonces se nutrió principalmente de dos fuentes: la inmigración española y la esclavitud africana.

Entre los siglos XVI y XVIII, la población de la Isla creció lentamente y se concentró en las áreas rurales, particularmente en las costas norte y oeste. Allí se encontraban los dos principales centros urbanos de la Isla, San Juan en el noreste y San Germán en el suroeste. Durante el último tercio del siglo XVIII, la población creció a un ritmo acelerado. Después de 1815, el desarrollo de la economía de haciendas azucareras y cafetaleras atrajo una cantidad cada vez mayor de inmigrantes -principalmente españoles-, pero también corsos y otros europeos, suramericanos, caribeños y esclavos africanos.

A finales del siglo XIX, Puerto Rico estaba densamente poblado, aunque la mayor parte de su población estaba dispersa por los campos, especialmente en el interior de la Isla. Para 1899, la población puertorriqueña llegó casi a un millón de personas. Durante las tres primeras décadas del siglo XX, las ciudades puertorriqueñas comenzaron a absorber un gran número de emigrantes rurales, particularmente los desplazados por el deterioro de la agricultura cafetalera. Durante este período, el ritmo de crecimiento poblacional se aceleró grandemente, sobre todo como resultado del descenso de la tasa de mortalidad.

A partir de la década de 1940, la población de Puerto Rico experimentó cambios rápidos, profundos y duraderos. Primero, la caída de la agricultura y el auge de la manufactura expulsaron a gran parte de la población rural hacia el área metropolitana de San Juan y otros centros urbanos de la Isla. Segundo, la migración interna nutrió el éxodo masivo hacia Estados Unidos, especialmente hacia la ciudad de Nueva York. Tercero, la emigración, junto con la difusión de los métodos de planificación familiar, redujo drásticamente el ritmo de crecimiento poblacional entre 1940 y 1960. Cuarto, durante los años sesenta aumentó notablemente la inmigración extranjera, particularmente desde Cuba y República Dominicana. Por último, la migración de retorno se intensificó en los setenta, incluyendo a una segunda generación de puertorriqueños nacidos en Estados Unidos.

En síntesis, el país se transformó de uno predominantemente rural y agrícola, emisor de emigrantes, a uno industrializado con un amplio sector de servicios y mayormente urbano, emisor y receptor de una gran población de inmigrantes. En menos de cincuenta años, la población de Puerto Rico se dividió prácticamente por la mitad entre la Isla y Estados Unidos, y se hizo cada vez más diversa en sus orígenes y destinos geográficos.

Dormitorio conjunto de familia pobre a mediados de siglo XX

Dormitorio conjunto de familia pobre a mediados de siglo XX

Durante la primera mitad del siglo XX, la población de Puerto Rico se duplicó de poco menos de un millón a más de dos millones de personas, a un promedio anual de 1.7%. Desde 1950 hasta 1980, sin embargo, la población creció sólo de 2.2 millones a 2.7 millones de personas, a un ritmo de 1.2% al año (Gráfica 1). En las últimas dos décadas, la población aumentó a un ritmo aún menor, de 0.9% anual, a 3.8 millones de personas. A lo largo de todo el siglo XX, la tasa de crecimiento poblacional de Puerto Rico tendió a contraerse marcadamente. Esta tendencia se debió principalmente a la promoción de estrategias de control poblacional por parte del gobierno de la Isla, tales como las medidas anticonceptivas y la emigración hacia Estados Unidos.

Sin embargo, dicho patrón no ha sido constante, puesto que la tasa anual de crecimiento aumentó sustancialmente entre 1960 y 1980, después de llegar a su punto mínimo entre 1950 y 1960, para volver a declinar entre 1980 y 2000. Tales cambios se relacionan, entre otros factores, con los flujos migratorios desde y hacia Puerto Rico a partir de 1960. Las décadas de los cuarenta, cincuenta y ochenta registraron una alta emigración hacia Estados Unidos, precisamente cuando se redujeron las tasas de crecimiento poblacional en la Isla. Los años sesenta, setenta y noventa se caracterizaron por un fuerte movimiento migratorio hacia Puerto Rico, tanto desde Estados Unidos como desde otros países del Caribe.

Las estadísticas muestran un descenso continuo de la tasa de natalidad en Puerto Rico desde la década de 1950 (Gráfica 2). Este patrón significa que el llamado baby boom (la proporción de personas nacidas entre 1945 y 1960) es menos significativo en Puerto Rico que en Estados Unidos. Durante los primeros cincuenta años del siglo XX, el número de nacimientos por cada mil habitantes en la Isla fluctuaba alrededor de 40. Entre 1950 y 2000, la tasa de natalidad se redujo a menos de la mitad -de 38.5 a 15.6. Esta disminución se debió sobre todo al drástico descenso del promedio de hijos por mujer, de 5.2 a 1.8 durante el mismo período. Hoy día, la fecundidad de las mujeres puertorriqueñas se acerca cada vez más a las normas estadísticas de los países altamente industrializados (generalmente, entre uno y dos hijos por mujer). En estos países, la tasa de natalidad actual apenas asegura la reproducción de la población. Sin embargo, la caída de la tasa de natalidad en Puerto Rico ocurrió mucho más rápidamente que en Europa Occidental o América del Norte.

La tasa de mortalidad también disminuyó a lo largo del siglo XX, especialmente a partir de 1950 (Gráfica 2 mostrada). Entre 1899 y 1950, el número de defunciones por cada mil habitantes se redujo de 25.3 a 9.9. En el 2000, llegó a sólo 7.5, tras un ligero ascenso en los años noventa. Esta merma tan marcada de la mortalidad se debió a las mejoras en las condiciones de salud pública, al creciente acceso a los servicios médicos, al control de enfermedades epidémicas y al aumento del nivel de vida de los puertorriqueños. Los bajos niveles de mortalidad y fecundidad han aumentado notablemente la proporción de personas envejecientes en la Isla.

A mediados de los años cuarenta, la emigración cobró auge en la Isla, en parte como resultado de la política pública de reducir el crecimiento poblacional. Desgraciadamente, las estadísticas sobre el flujo de personas entre la Isla y Estados Unidos no son muy confiables, debido a la ausencia de registros migratorios. No obstante, las cifras disponibles ilustran las tendencias principales de la emigración puertorriqueña hacia Estados Unidos a lo largo del siglo XX (Gráfica 3). Durante los años cuarenta, el número de emigrantes puertorriqueños hacia Estados Unidos alcanzó niveles masivos, llegando a su primer pico en la década de 1950. Durante las décadas de 1960 y 1970, el éxodo se estabilizó, para reanudarse con intensidad durante los años ochenta y noventa. Hoy día, el flujo de puertorriqueños hacia el exterior continúa sin tregua.

Desde 1960, la inmigración ha tenido un impacto cada vez mayor en el tamaño y composición de la población puertorriqueña. El flujo de inmigrantes puede descomponerse por origen nacional en: (1) puertorriqueños que regresan; (2) descendientes de puertorriqueños nacidos en el exterior; (3) estadounidenses de ascendencia no puertorriqueña; y (4) otras personas nacidas fuera de Puerto Rico y Estados Unidos. De estas cuatro categorías, la más numerosa ha sido la primera -el retorno de puertorriqueños-, aunque la última -sobre todo la inmigración dominicana- ha aumentado rápidamente desde 1970 (Cuadro 1). Entre 1960 y 2002, el Servicio de Inmigración y Naturalización admitió a 204,308 inmigrantes extranjeros en Puerto Rico, entre ellos 118,999 dominicanos, 33,970 cubanos y 51,339 procedentes de otros países como Colombia y España (Cuadro 2). Actualmente, la Isla es uno de los países caribeños con una mayor cantidad de residentes nacidos en el exterior.

Maletas en un cuarto típico de un emigrante puertorriqueño de la década del 50 a Estados Unidos

Maletas en un cuarto típico de un emigrante puertorriqueño de la década del 50 a Estados Unidos

En las últimas cinco décadas, la población puertorriqueña ha envejecido grandemente. Por un lado, los grupos menores de 15 años han reducido su proporción del total, mientras que, por el otro, los mayores de 65 años han aumentado la suya (Gráfica 4). Esta distribución ha alterado la estructura piramidal tradicional de la población puertorriqueña. Mientras la base más joven se ha achicado, los estratos envejecientes se han ensanchado.

Este patrón se refleja en tres indicadores adicionales: (1) el aumento de la edad mediana 18.1 años en 1899 a 32.1 en el 2000; (2) el descenso de la tasa de mortalidad de 25.3 a 7.5 personas por cada mil habitantes durante el mismo período; y (3) el aumento dramático de la esperanza de vida al nacer, de sólo 30.2 años en 1902 a 76.1 años en 2000. Tales cambios se relacionan estrechamente con la mejoría de la salud pública en Puerto Rico a lo largo del siglo XX, sobre todo en los últimos cincuenta años.

 

Las proyecciones del censo federal para la población puertorriqueña, desglosadas por edad, se resumen en el Cuadro 3. Entre los años 2005 y 2025, se espera que la proporción de la población menor de 15 años se reduzca del 22 al 16.9 % del total. Al mismo tiempo, las personas mayores de 65 años aumentarán del 12.4 a 20.6 %. Es decir, los grupos de mayor crecimiento en las próximas dos décadas serán los de mayor edad y los de menor crecimiento serán los de menor edad. En este renglón así como en otros aspectos demográficos, Puerto Rico se parecerá cada vez más a las sociedades industriales avanzadas como Estados Unidos, Alemania o Japón.

También cambió la distribución sexual de la población puertorriqueña durante el período reseñado. A principios del siglo XX, la Isla se caracterizaba por un exceso ligero en el número de mujeres en comparación con los varones. Pero, más tarde, se invirtió la proporción entre ambos sexos. Para 1940, la razón de masculinidad -el número de varones por cada cien mujeres- era de 100.8. En el año 2000, la razón descendió a 92.8 (Cuadro 4).

De nuevo, la emigración masiva a Estados Unidos contribuyó a reducir el número de varones en la Isla, sobre todo durante la década de los cincuenta, cuando la mayoría de los emigrantes eran hombres. Además, cientos de miles de puertorriqueños ingresaron a las fuerzas armadas de Estados Unidos, ausentándose de la Isla. Otras causas del descenso de la tasa de masculinidad son el aumento en la esperanza de vida para las mujeres, el impacto de la violencia criminal en los hombres y una mayor incidencia entre hombres que entre mujeres de algunas enfermedades mortales como las del corazón y el SIDA. El desbalance sexual es particularmente notable en las edades avanzadas porque las mujeres predominan ampliamente sobre los hombres.

En cuanto a la “raza”, los registros del censo muestran un aumento constante en la proporción de personas clasificadas como blancas en Puerto Rico entre 1899 y 1950 y, otra vez, en el año 2000 (Cuadro 5). (La controvertida pregunta sobre “raza” se eliminó del censo entre 1960 y 1990.) Aunque las categorías “raciales” cambiaron varias veces durante ese período, la categoría de blanco permaneció intacta y el número de personas contabilizadas como blancas incrementó de un censo a otro. Correspondientemente, la proporción de personas clasificadas como no blancas (incluyendo negras y mulatas) declinó apreciablemente.

De acuerdo con estas estadísticas, la población puertorriqueña se volvió más blanca a lo largo del siglo XX, especialmente durante la primera mitad. Las razones para este “blanqueamiento” desbordan el alcance de este ensayo, pero es probable que muchas personas “trigueñas” y “morenas” prefieran clasificarse como “blancas” más que como “negras” en el censo federal. En todo caso, las estadísticas disponibles sugieren que la gran mayoría de los puertorriqueños en la Isla se perciben a sí mismos como blancos.

Los datos censales igualmente revelan una creciente diversidad en el lugar de nacimiento de la población residente en Puerto Rico. En 1899, sólo el 1.6 % de la población había nacido en el exterior. Para el año 2000, el 9.3 % había nacido en Estados Unidos y otros países. No obstante, la población nacida fuera de territorio estadounidense constituía apenas el 2.9 % del total. La gran mayoría de los inmigrantes eran hijos de puertorriqueños nacidos en el exterior, seguidos por un número considerable de personas nacidas en República Dominicana, Cuba y, en menor medida, Colombia, España, México, Venezuela y China (Cuadro 6).

Arrabal en Puerta de Tierra, a las afueras del Viejo San Juan, a principios del siglo XX

Arrabal en Puerta de Tierra, a las afueras del Viejo San Juan, a principios del siglo XX

Junto a la migración, la urbanización ha sido una de las tendencias más consistentes de la sociedad puertorriqueña desde mediados del siglo pasado. La población urbana de la Isla aumentó de poco más del 30 % del total en 1940 a más del 94 % en el año 2000 (Cuadro 7). Este proceso de urbanización ha sido uno de los más rápidos y completos en el mundo. El grueso del crecimiento urbano de Puerto Rico se debió al éxodo de los municipios rurales, especialmente los del interior de la Isla. Por ejemplo, mientras los municipios de San Juan, Bayamón, Carolina y Guaynabo incrementaron su población entre 1940 y 1970, municipios como: Comerío, Utuado, Maricao y Adjuntas perdieron parte de su población.

Durante la primera mitad del siglo XX, el principal patrón de asentamiento urbano fue el arrabal. Patrón que se distinguió por la concentración de inmigrantes rurales pobres en terrenos públicos marginales alrededor de las ciudades, la falta de regulación por el Estado y la ausencia de instalaciones adecuadas de vivienda, electricidad, agua potable y sanidad. Entre 1920 y 1950, aproximadamente, los arrabales experimentaron su máximo desarrollo, especialmente en el área metropolitana de San Juan, particularmente en Santurce, Hato Rey y Río Piedras. Posteriormente, el Estado intentó eliminar los arrabales y relocalizar a sus residentes en residenciales públicos “caseríos” para personas de bajos ingresos.

Un patrón más reciente es la suburbanización, mediante la cual las áreas metropolitanas van incorporando a ciudades más pequeñas y pueblos adyacentes. Aquí, el patrón dominante de asentamiento ha sido la construcción de unidades de vivienda unifamiliares “urbanizaciones” para los miembros de la clase media en las áreas periféricas de las ciudades. Entre 1990 y 2000, por ejemplo, los municipios de San Juan, Ponce y Mayagüez perdieron parte de su población, mientras los municipios aledaños aumentaron la suya. Una de las causas para la pérdida de primacía de los centros urbanos ha sido el éxodo de la industria y el comercio hacia las áreas suburbanas.

La población inmigrante de Cuba y República Dominicana se ha aglutinado en el municipio de San Juan y en sus municipios circundantes, como Carolina, Bayamón y Guaynabo (Cuadro 8). El patrón de asentamiento básico de los cubanos ha sido concentrarse en urbanizaciones de clase media, inicialmente en áreas céntricas como Hato Rey y Río Piedras, y luego dispersarse hacia las afueras de San Juan, en zonas como Isla Verde y Guaynabo. En cambio, los dominicanos se han congregado en los barrios pobres de los centros urbanos, como Santurce y Río Piedras. De no ser por el influjo masivo de dominicanos, el municipio de San Juan habría perdido aún más población entre 1970 y 2000. Muchos vecindarios céntricos como Barrio Obrero en Santurce o Capetillo en Río Piedras se han revitalizado con el creciente influjo dominicano.

Asimismo, la población puertorriqueña en Estados Unidos se concentra en áreas urbanas, particularmente en Nueva York. Aunque ese estado sigue teniendo la población puertorriqueña más numerosa (incluso mayor que la del municipio de San Juan), ya no tiene el predominio demográfico sobre otros lugares como hace unas décadas. Entre 1990 y 2000, por primera vez el estado de Nueva York perdió parte de su población puertorriqueña, mientras otros estados aumentaron la suya (Cuadro 9). Para el año 2000, apenas el 31% de los puertorriqueños en Estados Unidos residía en el estado de Nueva York. No obstante, la ciudad de Nueva York aún tenía el mayor número de residentes boricuas -789,172 personas.

Este patrón forma parte de un movimiento más amplio de personas desde los centros urbanos hacia las áreas suburbanas, y desde el noreste y medio oeste hacia el sur y oeste de Estados Unidos. Ciudades como Orlando, Tampa y Miami en Florida han experimentado un gran aumento de su población puertorriqueña, mientras que los centros tradicionales de la diáspora boricua -como Nueva York, Filadelfia y Chicago- han mermado en su proporción del total. El incremento espectacular de la población puertorriqueña en Florida contrasta notablemente con su lento crecimiento en Nueva York, Nueva Jersey, Illinois y Ohio. Otros estados como Connecticut, Massachusetts, California y Texas también han ampliado su proporción del total. Los datos censales confirman la creciente dispersión de los migrantes puertorriqueños en Estados Unidos desde 1960.

Colmado dominicano en Santurce

Colmado dominicano en Santurce

La difusión de los métodos anticonceptivos, la esterilización y el aborto han equiparado la tasa de natalidad en Puerto Rico con los países más desarrollados económicamente. Este fenómeno se traduce en una reducción en el número de hijos por mujer, el tamaño promedio del hogar y la tasa de dependientes menores de edad. El ritmo más lento del crecimiento poblacional representa un alivio inmediato para cualquier estrategia de desarrollo económico. Sin embargo, también plantea retos para la reproducción de la población de la Isla en el futuro cercano. Para el año 2050, el censo federal proyecta que Puerto Rico tendrá menos residentes que en el 2025.

El aumento de la población mayor de 65 años tiene numerosas consecuencias -desde la contracción de la matrícula estudiantil en el sistema escolar, hasta la necesidad de ofrecer más servicios médicos, económicos y recreativos a los envejecientes. El envejecimiento progresivo de los puertorriqueños reducirá la fuerza laboral disponible mediante el mecanismo del retiro. A su vez, aumentarán los costos de los sistemas de bienestar público, especialmente el seguro social y el seguro médico.

Tanto la población residente en la Isla como en Estados Unidos es predominantemente urbana. Este dato también tiene múltiples repercusiones sociales. Por ejemplo, muchos de los problemas que aquejan a los puertorriqueños (de aquí y allá) tienden a agravarse en las áreas urbanas -tales como la criminalidad, el abuso de drogas y la deserción escolar. Por otro lado, el desparramamiento de los emigrantes puertorriqueños por Estados Unidos implica un mayor desarraigo cultural así como una ampliación territorial de los lazos de solidaridad familiar y comunitaria.

El regreso de puertorriqueños desde Estados Unidos probablemente continuará a causa del deterioro en sus condiciones de vida, particularmente en la ciudad de Nueva York. De continuar este patrón, la circulación de trabajadores boricuas entre distintos puntos de Estados Unidos y Puerto Rico se acelerará a principios del siglo XXI. Esta migración de retorno tendrá un gran impacto en áreas clave de la sociedad insular, como el mercado de empleo y el sistema educativo.

Al mismo tiempo, continuará el ingreso masivo de trabajadores extranjeros. Entre 1980 y 2000, la población dominicana en Puerto Rico se triplicó -de 20,558 a 61,455 personas-, desplazando a los cubanos como la principal minoría étnica en el país. De continuar esta tendencia ascendente, los inmigrantes dominicanos podrían llegar a unas 100,000 personas a principios del siglo XXI (sin contar con los indocumentados, que por definición son incontables). Todo indica que la presencia dominicana continuará creciendo en las próximas décadas, particularmente en el área metropolitana de San Juan.

La perspectiva inmediata es la de un alza en la emigración puertorriqueña. Entre 1950 y 2000, la proporción de puertorriqueños que vivía en Estados Unidos incrementó de doce a más de 47 % (Cuadro 10). De continuar las tendencias actuales, podría emigrar hasta medio millón de puertorriqueños en la próxima década. Esta proyección sugiere que el número de puertorriqueños residentes en Estados Unidos próximamente sobrepasará al de los habitantes de la Isla. Las implicaciones sociales, culturales, económicas y políticas de este hecho deben examinarse cuidadosamente.

En términos demográficos, Puerto Rico es cada vez más un país transnacional, un territorio entrecruzado por una gran diversidad de personas que van y vienen de Estados Unidos y otros lugares del Caribe y América Latina. Las repercusiones sociales y económicas de esta situación tan fluida de la población aún no se han estudiado cabalmente, pero ésta probablemente continuará en el mediano plazo. Por lo tanto, hace falta reflexionar y debatir sobre las políticas públicas más apropiadas para la migración en Puerto Rico durante el siglo XXI.
Autor: Dr. Jorge Duany
Publicado: 16 de septiembre de 2014.

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