Portada Puerto Rico en el mundo

Portada Puerto Rico en el mundo

La urbanización se ha convertido en el proceso poblacional más importante a escala global. Desde el siglo XVIII hasta hace po­cas décadas, la preocupación fundamental en los temas demográficos giró alrededor del supuesto dilema entre el crecimiento de la población mun­dial y los recursos alimentarios para sostenerla. Sin embargo, mientras se discutía acerca de los confines del crecimiento de la población mundial, surgían, a finales del siglo XIX, las primeras ciudades millonarias y así las poblaciones urbanas en los países industrializados se multiplicaban de manera vertiginosa. Solo unas décadas más tarde, en el siglo XX, comenzó a pasar lo mismo en el resto del mundo. Así pues, las ciudades, históricamente imaginadas en su representación cartográfica a base de pequeños puntos disper­sos, se fueron transformando paulatinamente en complejas regiones urbanas que en la expansión de sus confines horizontales consumen cada vez más territorios.

El crecimiento de la población urbana mundial atrae aceleradamente la atención general. Si consi­deramos que para 1800 sólo el 2% de la población mundial vivía en ciudades, resulta contundente que al presente, según estadísti­cas de las Naciones Unidas, la población urbana constituye el 50% de todos los habitantes del mundo, es decir, más de 3,200 millones de personas. Como si fuera poco, se espera que para el ano 2030 la población urbana del mundo sobrepase los 5,000 millones de personas. El crecimiento vertiginoso de la pobla­ción urbana mundial plantea nuevos retos para la forma de organizar los territorios que ocupan los seres humanos, sobre todo en lo concerniente a la presión ambiental que las regiones urbanas ejercen sobre el espacio geográfico.

Para entender la dimensión global de la urbanización, es necesario establecer que el crecimiento urbano en los países más industrializados se diferencia de la mayoría de los países del Tercer Mundo. La industrialización y modernización de los países industrializados han reducido -y en muchos casos eliminado- las disparidades territoriales entre el campo y la ciudad; mientras que, a pesar de la creciente integración de muchos países pobres al nuevo entrelazamiento económico global, las disparidades territoriales se sostienen y en muchos casos se incrementan en los países más pobres. El resultado neto es que en los países industrializa­dos la urbanización ya no puede explicarse a partir de altas tasas de crecimiento poblacional ni de la migración campo-ciudad. En cambio, en los países pobres las permanentes oleadas de migrantes desde los asentamientos rurales ceban los ambientes urbanos de forma descontrolada.

Gráfica - Crecimiento de poblacion mundial (1950-2003)

Gráfica – Crecimiento de poblacion mundial (1950-2003)

Una transformación social y territorial a partir de la década de 1940 gestó en un pro­ceso de migración del campo a la ciudad. Para el 1930, apenas el 27% de la población de la Isla (200,000 personas) vivían en ciudades de 10,000 habitantes o más. Pero para el 1950, la población urbana de Puerto Rico ya sumaba 566,357 habitantes (40%). En el censo del año 2000, la pobla­ción urbana del país ascendió a 3595,521 habitantes (94%), un sorprendente grado de urbanización. Ante tales cifras se pue­de afirmar que el proceso de urbanización ha arropado a la sociedad puertorriqueña, es decir, ha consumado la urbanización del territorio.

En la Tabla 1 se puede apreciar el cambio urbano entre las décadas de 1950 y 2000. En 1950, la cuota de urbanización para la categoría de asentamientos entre 100,000 a 250,000 habitantes era de 16.2%, y la única ciudad que ascendía entonces a ese nivel poblacional era San Juan. Esa estadística denota que la pobla­ción del país seguía siendo rural y que la población urbana estaba mayormente dispersa en pueblos medianos y pequeños. Entre 1950 y 1960, la tendencia predominante fue al aumento de población de las ciudades más pobladas, sobre todo San Juan.

La concentración de la población en grandes centros urbanos suele ser una característica de la fase primaria de urba­nización, con procesos paralelos de modernización mediante la transición de una economía agrícola hacia estructuras eco­nómicas diversificadas, montadas sobre actividades secundarias y terciarias.

El censo de 1960 confirma la tenden­cia hacia la aglomeración poblacional en ciudades. En términos geográficos, la ciudad de San Juan y su entorno in­mediato se consolidaron en una región urbana, la zona metropolitana, con una tendencia a dominar el sistema urbano del País. Para ese entonces la intensa migración campo-ciudad era producto de la decadencia paulatina de la pro­ducción agrícola, especialmente de la caña de azúcar, mientras se consoli­daba la estrategia económica de industrialización del programa Operación Manos a la Obra.

Tabla 1 - Cuota de urbanizacion de Puerto Rico por categoría de asentamientos (1950-2000)

Tabla 1 – Cuota de urbanizacion de Puerto Rico por categoría de asentamientos (1950-2000)

En las décadas subsiguientes, a partir de 1970, se puede notar un claro declive del dominio demo­gráfico de los asentamientos de gran tamaño en el sistema urbano de la Isla. Los asentamientos medianos comienzan a hacerse notar, al aumentar gradual­mente su presencia relativa en el sistema urbano.

La situación particular del municipio de Trujillo Alto es de notar. Para la década del 1960-1970 este no tenía población urbana alguna y en tan sólo 30 años llegó a ser un asentamiento con un grado de urbanización de 100%, a pesar de la percepción generalizada de que seguía siendo un espacio rural. Esto quizás se deba a la estrepitosa transformación de un entorno totalmente rural a urbano en un lapso de tiempo tan reducido.
Ahora bien, esa transformación resulta a un más notable si examinamos el contraste con las tasas de crecimiento urbano de los municipios que componen el núcleo metropolitano de San Juan. Aunque en la década de 1950 el crecimiento de la capital todavía era vertiginoso, en las décadas subsiguientes se nota un marcado descenso, registrándose para el periodo de 1970-1980 y 1990-2000 sorpresivas tasas descendientes de -4.16% y -0.1%.

El municipio de Trujillo Alto, con la tasa de crecimiento urbana más alta del núcleo metropoli­tano de San Juan en el 2000 con 2.2%, dista mucho del crecimiento vertiginoso de la población urbana en décadas anteriores. Es importante destacar que du­rante la década de 1990-2000 el crecimiento urbano del municipio de San Juan fue negativo (-0.1%) y esta tendencia aparenta ser irreversible. La explicación es que mientras San Juan pierde población, los munici­pios colindantes siguen creciendo, aunque parecen estar entrando en una etapa de estancamiento.

La desaceleración del crecimiento urbano en el país pone de relieve tendencias que permiten ubicar a nuestro sistema urbano en la teoría general de la urbanización. La urbanización en Puerto Rico tiene que estar ubicada dentro de las fases de suburbanización y desurbanización. Lo primero que debemos señalar es que, ante un incremento poblacional anual de ape­nas 0.54%, el crecimiento de las ciudades en la Isla no puede explicarse a partir de aumentos demográficos, ni mucho menos por las migraciones campo-ciudad de la llamada transformación demográfica. Nuestra expe­riencia replica la de los países del mundo que atravie­san la incipiente fase de concentración del proceso de urbanización.

El mejoramiento de las condiciones materiales de existencia, en particular la expansión de la red vial que hace posible vivir cada vez a más distancia del lugar de trabajo, ayuda a explicar el proceso de su­burbanización y desurbanización. Estas tendencias a la expansión horizontal, a la dispersión de la pobla­ción urbana, explican el efecto imprevisto de consu­mir cada vez más territorio para menos residentes. Lo que ha pasado en nuestro proceso de urbanización es similar a las regiones urbanas de Estados Unidos, respetando las diferencias de escala.

El crecimiento urbano en la Isla hoy responde al movimiento poblacional de las grandes ciudades hacia las medianas y más pequeñas, es decir, una migración de carácter intra e interurbano, pero con dirección preponderantemente centro-periferia. Por otro lado, y aún más significativo, existe una tendencia paralela a la desurbanización caracteri­zada por una migración ciudad-campo en aquellos asentamientos en los cuales la red vial permite tales desplazamientos. Según la Junta de Planificación, los municipios que tuvieron las tasas más altas de crecimiento poblacional/urbano en la década 1990-­2000 fueron: Florida 3.6%, Gurabo 2.5%, Trujillo Alto 2.2%, Las Piedras 2.1%, Cabo Rojo 2.0%, Juncos 1.8%, Morovis y Hatillo 1.7%. Estos datos contundentes rompen el patrón respecto a como la población de Puerto Rico se había comportado durante casi 100 años. Llama la atención, que de los siete municipios con las más altas tasas de crecimiento actual, cinco son asentamientos del interior de la Isla, lo cual a su vez representa una tendencia sin precedentes en los últimos 50 años, cuando predominaba el crecimiento de las zonas urbano-costeras. Llama la atención también que todos estos asentamientos con altas tasas de crecimiento poblacional sean ciudades de poca importancia geográfica y funcional en el sistema urbano del país.

En el caso de los municipios de Rincón y Cabo Rojo, sus tasas de crecimiento pueden estar parcialmente distorsionadas por la proliferación de segundas residencias o residencias de playas donde sus dueños no residen. Cabo Rojo se destaca en el censo del 2000 en cuarto lugar en cantidad de viviendas desocupadas en el país, con 6,068 unidades en el total de 157,151. Sólo San Juan, Carolina y Ponce superaron a Cabo Rojo con 18,639, 7,801 y 6,864 desocupadas, respectivamente.

Tabla 2 - Tasas de crecimiento urbano metropolitano (1950-2004)

Tabla 2 – Tasas de crecimiento urbano metropolitano (1950-2004)

San Juan sigue ostentando la supremacía poblacional en el sistema urbano de Puerto Rico, ya que continúa siendo poco menos que el doble con respecto a Bayamón, la segunda ciudad más populosa del país, actualmente con 224,044 habitantes.

Según notamos en la Tabla 3, la cuota de urbanización de la capital en el 1950 era de 39.9%, es decir, cuatro de cada diez habitantes urbanos vivía en San Juan. En la década del 1960, el dominio de la capital llega a su punto culminante cuando alcanza una cuota de 41.6%. Este fue el mayor nivel de dominio demográfico que haya tenido San Juan en nuestra historia. A partir de 1970, la capital entra repentinamente en un proceso de desconcentración poblacional absoluto. En esta década la ciudad experimenta su primer decrecimiento poblacional en mucho tiempo. Pero también resulta claro el declive de la primacía demográfica de San Juan, en comparación con las otras ciudades del núcleo metropolitano y el sistema urbano del país.

Utilizando la información presentada en la Tabla 4, se aprecia la tendencia demográfica del Núcleo Metropolitano de San Juan. Desde 1950 al 2000, el índice de primacía intrametropolitana se redujo de 64% a 32%. Esto quiere decir que la tendencia a la dispersión suburbana ha afectado la propia estructura nuclear del entorno metropolitano de San Juan. Tal parece que la primacía de San Juan, tanto como ciudad y aglomeración metropolitana en el sistema urbano del país, seguirá disminuyendo marcadamente. Según los datos del censo más reciente, la población de San Juan en el año 2000 era de 434,374, es decir, apenas un 12% de la población urbana del país, la cual sumaba en el mismo año 3,594,948. Esa proporción tan baja nos lleva a concluir que la capital ha perdido su dominio demográfico total sobre el sistema urbano de Puerto Rico.

Tabla 3 - Cuota de urbanizacion de San Juan (1950-2000)

Tabla 3 – Cuota de urbanizacion de San Juan (1950-2000)

La metrópolis es, para la geografía urbana y regio­nal, el asentamiento dominante en un sistema urbano. Baja las condiciones comunes de centralismo típicas de la mayor parte de los países del Tercer Mundo, los sistemas urbanos suelen caracterizarse por ciudades capitales con un alto grado de primacía, junto a un gran dominio funcional sobre todos los ámbitos de la sociedad y la cultura.

En cierta medida, las condiciones para la metropo­lización de San Juan se gestaron bajo la dominación colonial española y se acentuaron bajo la dominación estadounidense. Las tendencias hacia la sub y des­urbanización han afectado significativamente la es­tructura del sistema urbano del país y especialmente del Núcleo Metropolitano de San Juan. Así, el dominio demográfico de la capital se ha reducido contun­dentemente. Aunque ha habido una fuerte descon­centración y dispersión de la población urbana en el país, el dominio funcional de San Juan como entidad metropolitana sigue siendo muy marcado. Basta sólo considerar que según la clasificación vigente de áreas metropolitanas del Negociado Federal del Censo, el área metropolitana de San Juan esta compuesta por 29 municipios. Esto implica que esos 29 municipios están económicamente entrelazados con la capital, debido a que al menos 25% de la fuerza trabajadora que reside en estos asentamientos viaja diariamente a trabajar en la capital.

Al examinar someramente los datos recientes so­bre las otras dos áreas metropolitanas del país, des­cubrimos patrones muy semejantes y complementa­rios. En la misma situación de pérdida de población e importancia en el sistema urbano en que se encuentra el municipio de San Juan, podemos ubicar a los municipios de Ponce y Mayagüez; ambos cabeceras his­tóricas de las áreas metropolitanas más importantes después de San Juan, tuvieron decrecimientos pobla­cionales para el año 2000, de -0.1% y -0.2%, respec­tivamente, a diferencia de los municipios aledaños. En el área metropolitana de Ponce, los municipios de Juana Díaz y a Villalba tuvieron tasas de crecimiento poblacional de 1.1% y 1.7%. En el área metropolitana de Mayagüez, Aguada tuvo una tasa de crecimiento 1.6% Cabo Rojo, como ya habíamos establecido, de 2.0%. ­Resulta indicativo que ambas ciudades, y como consecuencia del proceso de suburbanización, tengan una cantidad muy alta de viviendas desocupa­das: 6,804 en Ponce y 4,622 en Mayagüez. Según el censo, el número de viviendas desocupadas en Mayagüez ocupan la quinta posición en el país.

Tabla 4 - Población de San Juan y Área Metropolitana (1950-2000)

Tabla 4 – Población de San Juan y Área Metropolitana (1950-2000)

Suburbanización, desurbanización y desmetropolización son los términos con los cuales podemos denominar el proceso de urbanización actual en Puerto Rico. La tendencia a la concentración en grandes ciudades, típica de la fase migratoria pri­maria tuvo en el país una duración muy corta; quizás podemos ubicar la duración de esa tendencia, en su forma más inten­sa, entre 1940 y 1970. Indudablemente, la mejoría general en las condiciones materiales de existencia y la emigración fuera del país contribuyeron a consolidar rápidamente unas capas medias, que comenzaron a desplazarse hacia la periferia suburbana en la década del sesenta, pero con más fuerza a partir de 1970. Un sig­nificativo y sorpresivo descenso de -4.16% se ha convertido en una tendencia que evi­dencia el deterioro de los centros urbanos por todo el país. Tal y como ha ocurrido en Estados Unidos y Europa, la población urbana de Puerto Rico se dispersa cada vez más hacia asentamientos urbanos medianos o pequeños, pero también hacia los espacios rurales.

En tales tendencias se pone de relieve una enorme presión que se manifiesta de manera negativa en dos vías. Primero, difi­culta y encarece la prestación de servicios básicos del Estado y de nuevos recursos infraestructurales. En segunda instancia, este tipo de dispersión representa una seria amenaza a la integridad ambiental de los limitados entornos naturales del país, debido al consumo desmedido del territo­rio. Esto implica la eliminación o alteración de áreas de captación para ríos, llanuras de inundación, extensiones palustres y, sobre todo, terrenos cultivables que se precisan como garantía de sostenimiento para las generaciones futuras.

Carlos E. Severino Valdez
Geógrafo. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Puerto Rico-Río Piedras

 

Autor: Proyectos FPH
Publicado: 16 de enero de 2008.

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