Promesa navideña típica

Promesa navideña típica

La música folclórica puertorriqueña es producto, como tantos aspectos de nuestra cultura, de la sincretización de tres etnias: la taína, la española y la africana. Esa hibridez es su característica principal y nos recuerda la pertenencia nuestra a ese mundo complejo de la cultura caribeña.

Para intentar definir la música folclórica puertorriqueña podemos comenzar subdividiendo la misma en dos áreas donde se concentra y cobra figura. Digamos pues que Música Costera y Música de Campo, podrían ser dos categorías que ubican y ayudan a definir nuestra música. Esto es así, por un objetivo e histórico carácter de arribo, desarrollo y permanencia que rige a nuestra música folclórica dentro de estos dos marcos.

Dentro de la Música de Campo encontramos una expresión musical que también se le conoce como la música jíbara o música típica. La misma consta de subgéneros conocidos como seises y aguinaldos. Dentro de ellos encontramos el seis Fajardeño, el seis Mapeyé, el seis Cagueño, el seis Chorreao, el seis Mariandá, el seis Milonga, el seis Joropo, el Aguinaldo Cagueño y la Mazurca, entre otros.

El canto de esta música está estructurado en lo que se conoce como Décima: un canto compuesto o improvisado en 10 versos, por lo general octosílabo, organizado en dos cuartetas con dos versos de transición en el medio, en rimas ABBAACCDDC. A este estilo particular se le conoce como Décima Espinela, ya que recibe la influencia de un decimista español del siglo XVII, creador de este estilo, conocido como Vicente Espinel (1550-1624). También se compone o se improvisa en cuartetas estructuradas en rimas ABBA.

Los instrumentos que por lo general crean y acompañan esta música son el cuatro, la guitarra, el güiro y el bongó. Otros instrumentos de influencia andaluza-árabe que se le añaden en ocasiones son el tiple y la bordonúa. Grupos modernos-jíbaros le añaden, congas, timbales y bajo esporádicamente. Es importante señalar que, además de ser interpretada por grupos con propósitos meramente musicales, hay otro elemento que le añade una característica inherente y que le añade colorido a este género: el baile jíbaro.

Dentro de la Música Costera encontramos dos principales expresiones musicales como lo son la bomba y la plena. La bomba es más antigua. Fray Iñigo Abbad y Lasierra se refiere como “Calenda” al baile que ejecutaban los africanos esclavizados en sus tiempos de ocio. La plena es más contemporánea. Hace su aparición a principio del siglo XX y se instala inicialmente en los barrios de clase trabajadora y en los muelles de las ciudades.

Cartel La plena de Rafael Tufiño

Cartel La plena de Rafael Tufiño

En la bomba, la particularidad más característica es la instrumentación y el baile. El canto, aunque también un elemento importante, se desarrolla de forma más sencilla y menos rígida que la música jíbara en términos de estructura, pero más ágil en términos de improvisación y rítmica entre coros. Esta combinación de soneo y coro es parte primordial de nuestra herencia africana.

En cuanto a la instrumentación de la bomba, en la misma se unen dos tambores básicos como son el buleador, en el cual el tocador lleva la base y el primo, en el cual el ejecutante se destaca por su habilidad en improvisar e interpretar los movimientos del bailador. Otros instrumentos igualmente importantes son el cuá, dos palitos con el que se acompaña al tambor buleador y la maraca, de herencia taína, símbolo de la relación existente entre africanos y taínos en tiempo de la esclavitud.

El género principal de la música y el baile se define, al igual que en la música jíbara, como el seis. Algunos de los “Seises de Bomba” se conocen como: el seis Calindá, el seis Yubá, el seis Holandé’ y el seis Cuembé, entre otros. Cabe destacar otros seises de la región de Loíza, tales como el seis bombea’o y el rulé, cuya bomba tiene unas características muy particulares de esa zona tanto en la música como en el baile.

La plena, considerada como “el periódico del pueblo”, por su función histórica, se divide básicamente en cuatro subgéneros. Según nos informa el folclorista, artesano y músico Don Ramón Pedraza, los mismos se conocen como Plena Poética, Plena Lamento (lenta y de temática sobria o triste), Plena Criolla (de temática alegre y ágil) y Plena con Rumba (coro de una línea de pocas palabras y soneo corto y también ágil. En cuanto a la instrumentación que se usa en la creación y/o acompañamiento del canto tenemos el pandero como el principal; un instrumento hecho de un cilindro de madera (parecido al de una caja redonda de queso como las que nos llegaban a principio de este siglo según nos refiere Don Rafael Cepeda) cubierta con un cuero de chiva o de chivo por un lado. Para lograr la sonoridad característica de esta música, se combinan tres panderos que según su afinación se conocen como el bajo o seguidor, el banao (cuyo patrón es similar al ritmo oriza del Afro-caribe) y el punteador o quinto, en el cual el instrumentalista demuestra su habilidad de improvisación, manteniéndose dentro de la estructura de la clave africana heredada en nuestra música caribeña. Otro instrumento, también importante, es el güiro. Con el tiempo se le fueron añadiendo el acordeón (de influencia alemana), la guitarra y el cuatro.

Al igual que en la bomba, el canto se ejecuta en versos temáticos que abren a la improvisación en determinados espacios en combinaciones de soneos entre coros. También, el cantante o la cantante determina y “llama el coro” dentro del espacio rítmico, antes de pasar a la versación o improvisación. En cuanto al baile es particularmente definido y acomodado al género, siendo bastante diferente a la Bomba y a la música jíbara.

Orquesta de baile puertorriqueña

Orquesta de baile puertorriqueña

Al recoger y cernir esta información dentro del cuadro de nuestra evolución musical como puertorriqueños, se concluye que es bastante limitante el tratar de definir Música Folclórica Puertorriqueña. Esta limitación responde al convencionalismo, uso y costumbre de este término, lo cual reduce el parámetro de razonamiento; digo esto sin querer faltarle el respeto al aspecto de la mencionada categoría que representa la raíz de nuestra expresión musical-cultural.

La definición de folclore que nos da la Real Academia Española en su vigésima segunda edición es: el “Conjunto de creencias, costumbres, artesanías, etc., tradicionales de un pueblo”. La de tradición es la “transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación”.

Al examinarlos cuidadosamente, notaremos que la subcategoría de Folclórica puede ser, aunque usada por tradición precisamente, una bastante limitante, ya que no abre espacio a la evolución histórica en nuestra música. Esta evolución explica como es que el Método para aprender Cuatro creado por el insigne músico Paquito López Cruz, y que se enseña actualmente en el Patio del Convento de los Dominicos del Instituto de Cultura Puertorriqueña, es basado en fundamentos de la música escrita y no solamente en la tradición oral; que a la música típica interpretada por Mapeyé, Pedro Guzmán, Edwin Colón Zayas, Modesto Nieves y su hijo Cristian, se le agrega elementos del Jazz y de otras vertientes exóticas, como resultado de un aprendizaje investigativo más formal; que el estilo de danza compuesto por el ilustre maestro Narciso Figueroa en los años 50, es una que se adelanta a su época, al añadirle elementos de la música modal y atonal, entre otros.

Sin embargo si tomamos del mismo diccionario el término autóctona -Que ha nacido o se ha originado en el mismo lugar donde se encuentra-, se nos brinda una mayor amplitud para que se congreguen tiempo y espacio en la creación de nuestra música, en cuya gestión tendremos siempre nuestros fundamentos y raíces. Estos nos permite incluir la danza como un género musical que tiene tanta existencia y validez en nuestra idiosincrasia como pueblo. No debemos olvidar que nuestro Himno Nacional La Borinqueña es una danza.

La danza se desarrolla en Ponce en el siglo XIX, influenciada, según los historiadores, por la llegada de la habanera de Cuba a principios de esa centuria. Es a su vez una evolución de la contradanza europea, al añadírsele elementos musicales dentro de la estructura de la clave africana. Uno de los más grandes compositores en este género es Juan Morel Campos. En su composición se puede apreciar como la progresión de la música barroca, clásica y romántica es transformada dentro de la estructura ya descrita. Este aspecto nos hace únicos en el mundo dentro del formato de música clásica. Según nos informa el compositor Luciano Quiñónez, la danza tradicional se divide en dos subgéneros tales como Danza Festiva (e.g. No Me Toques) y Romántica (Laura y Georgina). Durante la década del 50, el gran compositor Narciso Figueroa inicia, con sus progresivas composiciones, el movimiento de la danza contemporánea.

Es importante mencionar otro género que está enraizado en nuestro pueblo: el Bolero Romántico Puertorriqueño. El mismo informa al mundo de nuestra idiosincrasia y actitud ante la vida, respaldado por el trabajo de grandes compositores tales como Sylvia Rexach, Rafael Hernández, Pedro Flores, Puchi Balseiro, Don Felo Goyco y otros.

Por estas razones, sugerí a la Legislatura Puertorriqueña en abril de 2003, que se considerase la sustitución de la palabra Folclórica por Autóctona. Afortunadamente, eso se logró en la ley aprobada que ahora rige nuestra música tradicional.

 

 

Autor: Jorge Arce
Publicado: 11 de septiembre de 2014.

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