¿Qué motiva a una persona a moverse de su país de origen hacia otro país? La respuesta no es tan simple. La falta de trabajo o la percepción de una mala calidad de los empleos pueden ser algunos de los factores. En el Caribe –como en muchas otras regiones del planeta- ha ido incrementando este fenómeno social que conocemos como migración: acción y efecto que lleva a los individuos a partir hacia diversas partes del planeta, allí donde cada cual considere que hay mayor nivel de desarrollo u oportunidades de trabajo.

Se dice que la precariedad de los empleos existentes en el Caribe ha aumentado en las últimas décadas. Aunque esto no es un asunto exclusivo de la región, sí se puede observar cómo los mercados laborales internacionales son una parte importante e influyente en los procesos de migración y globalización. Se entiende por globalización la razón generalizada de la integración de una serie de asuntos en un planteamiento global. En términos económicos se puede hacer referencia a la interdependencia económica de los países y las regiones. En términos sociales el proceso está impulsado por nuevas tecnologías, nuevas relaciones políticas y de la sociedad civil. Básicamente, la dimensión social de la globalización se refiere a cómo quedan impactadas la vida y el trabajo de las personas, sus familias y sociedades en el proceso.

Históricamente en el Caribe la primera oleada globalizadora se dio en el periodo de 1870 a 1913, que trajo una considerable movilización internacional de migrantes. Luego este proceso fue interrumpido por la crisis del proceso de globalización entre 1914 y 1945, cuyos rasgos característicos fueron las guerras, la depresión económica y la inestabilidad política. Esta última oleada de globalización de fines del siglo XX influyó en la movilidad del capital y el comercio internacional. Aunque hoy día vivimos tiempos de alta movilidad global y pocas restricciones para aquellos que tienen una elevada fuente de capital humano y financiero -como los ejecutivos, inversionistas internacionales, expertos en informática, entre otros- los mercados laborales internacionales continúan segmentados y las limitaciones de trabajadores pobres y carentes de destrezas laborales no se han visto disminuidas.

Posibles causas que motivan la decisión migratoria

Cabe señalar que la migración es un camino de dos vías: la gente puede emigrar o inmigrar, ir o venir. Las principales causas que motivan la decisión de emigrar en el Caribe son económicas, asociadas con las expectativas de quienes lo hacen para obtener mayores ingresos en el extranjero que en su país natal. Además, también inciden otras variables de naturaleza diferente como los conflictos bélicos, la discriminación racial, social o cultural, y la persecución política.

La predilección por el país de destino está influida mayormente por redes de familiares y de amigos establecidos previamente en el mismo lugar. La dimensión y dirección de las migraciones internacionales responden a factores que se pueden catalogar a largo plazo y otros de carácter cíclico: disparidades entre el salario real del país de origen y del país receptor, influjos netos de inmigración –más inmigración que emigración– los cuales tienen una correlación positiva con la proporción entre el salario real hacia donde se desplazan y el país de destino.

Cuando un migrante se traslada hay dos factores que pesan sobre su decisión; y que, de hecho, influyen: la incertidumbre y el salario. Es importante, al considerar la inseguridad y el horizonte a largo plazo, que el ingreso en el país receptor sea más alto en comparación con el país de origen.

Por lo tanto, es necesario reconocer la naturaleza equilibradora de los procesos migratorios. En tanto y cuanto la medida de los desequilibrios del mercado de trabajo –que son los que propician estos desplazamientos masivos– están aparejados con el mercado capital o el de los bienes raíces agrícolas, que son los que causan los efectos indirectos en el ámbito local laboral. A esto se debe el que un aumento en la oferta de capital pueda provocar una mayor demanda de mano de obra que la que se puede satisfacer mediante la inmigración.

El Caribe

La región del Caribe vive un constante movimiento demográfico desde los años setenta. Al hablar sobre el crecimiento de la zona que comprende las aguas caribeñas es importante destacar que se ha debido principalmente a la migración. Esto es por el desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas o sociales. Los eventos de éxodo, retorno y llegada de poblaciones han resultado -a grandes rasgos- positivos para el Caribe puesto que el ingreso promedio de cada persona que trabaja ha aumentado desde las últimas cuatro décadas.

No obstante, el panorama migratorio del Caribe ha cambiado en las últimas décadas y se mantiene cambiando. La razón generalizada es porque el mundo actual atraviesa patrones acelerados y complejos de globalización. Como resultado a este fenómeno, las particularidades de los flujos migratorios de los caribeños son, sin duda, extensas y variadas entre sí.

Los movimientos hacia, desde y a través del Caribe son descritos todas las veces como complejos debido a la proximidad territorial que comprende el área y las ‘migraciones intracaribeñas’ que son frecuentes y poco notorias. Sin embargo, el traslado poblacional no solo ocurre en el ámbito isleño del Caribe, sino que trasciende al continente americano; lo que dificulta la recolección de información.

Los movimientos intrarregionales, estimados en un 10 por ciento del total de la migración, son de menor envergadura. Haití, la República Dominicana, Guyana y Jamaica se encuentran entre los principales países de origen, mientras que las Bahamas, las Islas Vírgenes británicas y de los Estados Unidos y las Islas Turcas y Caicos son los principales países y territorios de destino.

Según investigaciones del Banco Mundial se estima que más de 10 millones de caribeños residen fuera de sus países de nacimiento, la mayoría en América del Norte, Europa y Canadá. Del análisis de diagnósticos sobre los temas migratorios de la zona existe una conexión directa del tránsito de países con conflictos potenciales, como Haití, Jamaica, República Dominicana, Cuba, entre otros. Además, existe otra clasificación en torno a la región del ‘Gran Caribe’, que comprende las regiones de México, Colombia, Venezuela, Costa Rica y Panamá, cuyas poblaciones costeras también tienen tradición migratoria. Se puede afirmar que las agitaciones políticas y económicas, junto con el nivel de pobreza de algunos países, hacen que persistan las presiones e incentivos para la migración.

La migración juega un rol muy importante en el desarrollo económico y social del Caribe. La mayoría de los emigrantes se encuentran generalmente en sus años más productivos, es decir entre los 20 y 45 años (haitianos 63%, dominicanos 53% y jamaicanos 48%) y por lo general tienen un alto nivel de educación. Pero la información sobre los inmigrantes en el Caribe no cuenta con la misma precisión.

De otra parte, el informe de la Organización Internacional para las Migraciones en el Mundo (OIM) en 2008, la región del Caribe contaba con una de las tasas de emigración neta más elevadas a nivel mundial. Asimismo, la región del Caribe ha recibido crecientes montos de remesas –actividad económica enviada de un lugar a otro con frecuencia– a través de los años, de cerca de 400 millones de dólares a principios de los años noventa y cerca de 4 mil millones en 2002. Los flujos de remesas representaron un promedio del 6% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región entre 1998 y 2003, y ahora sobrepasan los influjos de inversión extranjera directa (IED) y la asistencia oficial de desarrollo.

Existe bastante variación entre los países; por ejemplo, Haití es el que más remesas recibe (14% del PIB) y Trinidad y Tobago es el que recibe menos (cerca de 1% del PIB). Por otro lado, la migración representa una fuga de cerebros, lo cual debilita las habilidades y la capacidad del país. Un caso extremo es el de Guyana, este país ha estado perdiendo maestros y enfermeros a niveles altos e insostenibles. En Jamaica, cerca del 80% del número de graduados potenciales de la universidad han abandonado el país. Además, en la República Dominicana, así como en Jamaica, hasta los graduados de la escuela secundaria se van de su nación.

Si bien la migración intrarregional, como es el caso de Haití y la República Dominicana, presenta unas cifras considerables, en el año 2000, los migrantes caribeños ascendían a 2.879.000 o un 9,6% de la población extranjera de los Estados Unidos (Censo del año 2000 de los EE. UU.). En la actualidad, los flujos de migrantes hacia dicho país siguen presentando cifras importantes.

Aspectos opacos de la migración

La demografía de las migraciones caribeñas se ha estado modificando en la última década. El cambio más llamativo reside en la participación de la mujer en el desplazamiento laboral, tanto formal como informal. Las féminas han migrado desde tiempos históricos, no es algo nuevo. Pero, en el pasado, sus traslados guardaban relación más directa a la unión familiar o dependían de un migrante varón. Hoy día la mujer caribeña migra por derecho propio. Ya sea porque es jefa de familia o porque desea probar suerte alejada de los suyos. Esta tendencia ha dado origen a la frase ‘la feminización de la migración’. Pero no en todos los casos se hace justicia social y laboral con las mujeres migrantes. El discrimen racial de género es uno de los ángulos oscuros de las féminas migrantes.

Los derechos y normas laborales, la protección social, el discrimen de género, la correlación de participación y la representación son otros de los asuntos que se derivan de los desafíos de la actividad migratoria. Los trabajadores y trabajadoras en el extranjero y en la localidad caribeña requieren de análisis y agendas de trabajos regulados tanto a nivel global, regional como nacional.

En ese contexto se debe reflexionar sobre cómo aplicar estrategias que mejoren la calidad de empleo y las condiciones de protección de quienes migran. Expertos en el tema señalan que es necesario que los potenciales países de destino identifiquen y institucionalicen sus propios mercados de trabajo para que los migrantes no sean un eslabón más en las ocupaciones generadas por la cadena de la economía subterránea.

También, que los países estimulen las políticas de fronteras abiertas. De este modo se regula la demanda de empleos de una manera eficiente. Otra de las tareas es que los países caribeños de emigración factual consigan reducir el déficit básico de los trabajos decentes. Aunque esto no es tarea simple es una de las mayores contribuciones a las aportaciones de salud, pensiones familiares y programas educativos para las familias de los migrantes en sus países de origen. Algo que indudablemente aporta a que la migración a nivel mundial, no solo en el Caribe, sea una meta decente de protección social para todos.

Hacia dónde se debe mover la migración

La diversidad de las culturas y de las lenguas, de las historias, de los sistemas políticos y niveles de desarrollo socioeconómico en la zona caribeña se interrelacionan mediante los flujos migratorios antes descritos. Los cuales, en su mayoría, se han originado hace más de un siglo y continúan, hoy día, en los territorios de las Antillas Mayores, las Antillas Menores y el ‘Gran Caribe’. Estos movimientos se caracterizan por tener dos vías: los que salen fuera de la zona caribeña hacia otros países y los extranjeros que desean acogerse al territorio caribeño.

Sea por convulsiones políticas, sociales, económicas, por la miseria que enfrentan algunas islas o por las historias particulares de los migrantes, el desplazamiento geográfico ha nutrido la cultura caribeña por siglos y lo continuará haciendo. Las razones son complejas y no se puede aludir a un solo factor inscrito en la dinámica migratoria actual del Caribe. Lo que sí queda ampliamente resuelto es que se trata de un movimiento que incentiva a muchos. Acorde con esto, debe hacerse de la manera más regularizada, evitando el tráfico de migrantes, la trata de personas, la propagación de poblaciones enfermas, la migración por motivos medioambientales, los flujos masivos y la fuga de cerebros.

 

 

 

Autor: Dalila Rodríguez
Publicado: 21 de febrero de 2012.

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