Hasta años recientes, los investigadores postulaban que el desarrollo de la agricultura fue el resultado de la expansión cultural saladoide que ocurrió cerca del año 500 a.C. Esta suposición implicaba que los grupos prearahuacos denominados arcaicos que se establecieron en la zona anteriormente eran nómadas y preagrícolas. Aunque aún hoy es recurrente la teoría, nuevos estudios conducen a considerar la posibilidad de que los arcaicos conocían y aplicaban las técnicas agrícolas.

En la década de 1990, se recopilaron los primeros datos que apuntaban hacia la nueva hipótesis. Se encontró evidencia de que probablemente las poblaciones arcaicas desarrollaron estrategias básicas de cultivo de productos oriundos de la América continental como el aguacate, y de la zamia, una planta endémica antillana.

Los estudios más recientes se enfocan en los análisis de instrumentos de piedra (líticos) y de los gránulos de almidón presentes en estos. Específicamente, se emplearon guijarros. Estos instrumentos son de marcada importancia, ya que en otros contextos tempranos de la región caribeña, particularmente de Panamá y Colombia, se han relacionado con la presencia de productos agrícolas como el maíz, el frijol, la yuca y la batata, entre otros. Esta información sirvió de base para un estudio que buscaba, entre otras cosas, determinar qué tipos de alimentos se procesaban en el guijarro y si el aspecto afacetado de este estaba vinculado a dicho uso. Como parte del estudio, se empleó un instrumento similar al guijarro para recrear la labor de procesamiento del maíz, yuca y batata. A partir del experimento, se logró documentar la formación del afacetado, similar al observado en los guijarros arqueológicos auténticos. Aunque este estudio no produjo datos definitivos respecto al uso de los implementos, sirvió como base para sugerir que pudieron estar asociados a esta actividad y que estos productos pudieron haber sido introducidos a las Antillas desde tiempos pre­arahuacos.

Las hipótesis desarrolladas por el estudio experimental fueron sustentadas luego con los estudios de gránulos de almidón presentes en los recuperados de los yacimientos arcaicos de Maruca y Puerto Ferro, en Puerto Rico y Vieques, respectivamente. Los artefactos de Maruca datan de entre 1300 y 400 años a.C., mientras que los de Puerto Ferro han sido estimados de alrededor de año 700 a.C.

Los resultados hasta ahora obtenidos de estas herramientas evidencian, por primera vez y de manera directa, que en efecto los arcaicos procesaban plantas domésticas y productos de cultivo foráneos. En Maruca, se identificaron almidones de maíz (Zea mays) con características similares a las documentadas en las razas modernas Pollo y Negrito de Colombia y Cateto cristalino de Brasil. Otras plantas identificadas fueron la yuca (Manihot esculenta), la batata (Ipomoea batatas), la yautía (Xanthosoma), la haba de playa (Canavalia sp.) y otras leguminosas, posiblemente, silvestres (Papilionoideae-Fabaceae) y domésticas (cf. Phaseolus), así como un tipo de ñame (Dioscorea-Rajania) aún no identificado en el nivel de especie.

Por su parte, en Puerto Ferro se recuperaron también almidones de yuca, batata, leguminosas (silvestres y posiblemente domésticas) y maíz, productos agrícolas similares a los documentados en Maruca. Además, se identificaron almidones de gruya (Canna indica), así como dos plantas locales: zamia (Zamia sp.) y corozo (Acrocomia).

Esta evidencias sugiere que los habitantes de estos yacimientos practicaban la agricultura mediante sistemas como los huertos caseros, las parcelas físicamente modificadas y el manejo de bosques. De manera preliminar, se ha establecido que su sistema de subsistencia se basaba en la siembra y la recolección de raíces, tubérculos y semillas, tanto locales como foráneos.

Además, los estudios paleoambientales conducidos en el norte de Puerto Rico indican que a partir del año 3300 a.C. aproximadamente, se registró un aumento significativo de incendios que pudo haber coincidido con actividades relacionadas con la deforestación, técnica empleada para disponer de tierras para el cultivo. Similar situación fue documentada en Vieques para el 850 a.C., aproximadamente.

En República Dominicana y en el norte de Puerto Rico —en yacimientos datados del 1450 a.C. y anteriores a 1600 a.C., respectivamente— se descubrieron, también restos microbotánicos de maíz. Algunos estudiosos han señalado la presencia temprana de este en Mesoamérica, Centroamérica y el norte de la Amazonia [entre ca. 5000-800 a.C.]. Esto es coherente con la posibilidad de que los emigrantes arcaicos tenían acceso al maíz antes de establecerse en las Antillas. Al igual que el maíz, plantas como la yuca, el frijol, las habas, la gruya y los ñames silvestres eran conocidas y utilizadas principalmente en Suramérica desde al menos el quinto milenio antes de Cristo. Gránulos de almidón de yuca han sido reportados en yacimientos centroamericanos (Panamá) y suramericanos (Colombia) del 4000 a.C., mientras que restos de batata han sido documentados en el valle de Casma y en las cuevas Chicla, Perú, asociados a culturas precerámicas de alrededor del 8000 y 1800 a.C.

Por su parte, los frijoles, las habas (Canavalia sp.), la gruya y los ñames silvestres han sido identificados en contextos culturales de entre el 4000 y el 1100 a.C. en Centro y Suramérica, tanto en sitios precerámicos (Aguadulce en Panamá) como cerámicos (Valdivia en Ecuador, cuevas Ayacucho en Perú). El uso de la palma (y sus frutos) también han sido documentados en las regiones tropicales bajas de Suramérica desde por lo menos el 7300 a.C.

Por lo tanto, los datos disponibles señalan que, durante los periodos iniciales de la migración hacia las Antillas, los arcaicos ya tenían contacto con estos productos. Estos hallazgos, también, sugieren que hubo interacción entre los arcaicos y otras culturas indoamericanas que permitieron la difusión de las técnicas de cultivo.
Autor: Reniel Rodríguez Ramos
Publicado: 15 de diciembre de 2011.

Related Entries

Este artículo también está disponible en: English

Comente

La Fundación Puertorriqueña de las Humanidades agradece los comentarios constructivos que los lectores de la Enciclopedia de Puerto Rico nos quieran hacer. Por supuesto, estos comentarios son de la entera responsabilidad de sus respectivos autores.