El Caribe cultural es aquel que sobrepasa los límites del Caribe geográfico, para incluir áreas en que existen caribeños o su cultura. A veces, estas áreas están distantes, no colindan con el Caribe geográfico, y entonces se produce un fenómeno parecido a lo que les sucede a ciertas plantas que tienen la cualidad de convertir sus raíces subterráneas en tallos que de pronto surgen lejos de la planta original, convirtiéndose en nuevas plantas; esto se llama rizomas, y así llamaremos a este fenómeno.

Diáspora es la dispersión o desplazamiento de seres humanos desde su lugar de origen. Siempre ha habido diáspora en el Caribe. El Caribe empezó a poblarse por desplazamientos a través del mar, de indígenas procedentes del continente americano, quienes poblaron primero las Antillas Menores, hasta llegar a las Antillas Mayores. Así comenzó la cultura caribeña. El areito es su primera manifestación musical conocida; ceremonia en que la tribu se reunía para bailar y cantar, recordando la historia y los hechos importantes del pueblo, como por ejemplo, el paso de ciclones. Era la manera de trasmitir los elementos de su cultura, pues aún carecían de escritura.

Con la llegada de los conquistadores españoles a fines del siglo XV, comienza el aporte de otros elementos culturales de todo tipo, incluyendo la música. En realidad, la cultura española estaba en formación y comprendía de otras culturas pertenecientes a los muchos pueblos que se asentaron en España, incluyendo los árabes, quienes llegaron a través de áfrica y dominaron a los españoles durante ocho siglos. Además, casi de inmediato, y desde el siglo XVI, comenzó el tráfico de esclavos africanos hacia América, buena parte de los cuales se quedarían en el Caribe. Desde el siglo XVII, otros países europeos ocuparon también algunas islas caribeñas; ingleses, franceses, holandeses y portugueses se establecieron creando áreas lingüísticas diferentes dentro del Caribe. Ya entrado el siglo XIX, también llegaron grandes contingentes de hindúes que los ingleses trajeron de la India a trabajar en sus colonias; también llegaron asiáticos traídos por los españoles con el mismo fin. Todos estos elementos se reflejarán, en mayor o menor medida, en la música caribeña.

Como los habitantes originales del Caribe fueron eliminados casi totalmente por los conquistadores, es poco lo que su música aporta, salvo algunos instrumentos musicales. En el Caribe, las músicas europeas y africanas han sido los elementos esenciales con lo que se fue creando paulatinamente la música caribeña. La música caribeña tiene varias características fundamentales: primero, es música mayormente popular, folclórica y religiosa, con una menor presencia de la música clásica, como sucede en todos los continentes, excepto en Europa. Segundo, la presencia de elementos europeos y africanos es casi pareja. Tercero, hay una creación incesante a través de los siglos, de nuevas formas musicales y bailables; es música en constante proceso creativo. Y por último, el intercambio de células musicales entre las islas y su exportación a todas partes del mundo es permanente. Este ensayo trata de las diásporas intra y transcaribeñas, con ejemplos de algunos de sus fenómenos más importantes.

Posiblemente la primera de las diásporas internas caribeñas nació en Haití. A fines del siglo XVIII, con la Revolución haitiana luchando contra la dominación francesa, se produjo un éxodo de colonos franceses —muchas veces con sus esclavos—, hacia Nueva Orleans (que consideramos parte del Caribe) y a Santiago de Cuba. En Nueva Orleans, acreció la influencia africana en la música de esa ciudad, y en Santiago de Cuba, aceleró el proceso de la creación de la contradanza cubana, y el uso del patrón rítmico del cinquillo. Llevaron, además, todo el ceremonial de la danza francesa. Es posible también que, de alguna manera, llegase esa influencia a Puerto Rico, ya que algunas de las formas bailables de la bomba tienen nombre francés.

Cuba, a su vez, con su tráfico intenso con la ciudad de Nueva Orleans y con la presencia de las tropas afronorteamericanas de esa ciudad en Cuba durante la guerra hispano-cubana-americana (1898-1900), creó la influencia llamada el latin tinge, por Jelly Roll Morton, en la creación del jazz americano, y posiblemente también en la forma de interrelacionar los instrumentos de vientos en la primera forma conocida del jazz: el dixieland. A su vez, la presencia en México de las compañías de bufos cubanos a finales del siglo XIX llevaron a Veracruz el danzón y el bolero cubanos, que después en ese país se arraigaron. Y mucho antes, fueron también los barcos que salían del puerto de La Habana los que llevaron el género musical de la habanera a México y Venezuela, donde se hicieron populares.

Aproximadamente en 1842, llegó a San Juan de Puerto Rico la danza cubana, indistintamente conocida como upa o merengue, y pronto se fue creando la danza puertorriqueña. A su vez, una parte de esa danza, que conservó el nombre de merengue, se conoce en República Dominicana y es el inicio del género que lleva ese nombre. Jamaica, Haití y otras islas del Caribe inglés aportaron miles de obreros a la construcción del canal de Panamá a principios del siglo XX, y con ellos llegaron células musicales que nutrieron el folclore de ese país. En Puerto Rico se dice que el origen de la plena se debe a la presencia de dos emigrantes procedentes de alguna de las pequeñas Antillas inglesas a la ciudad de Ponce, e incluso, que el nombre del género se debe a que el hombre le indicaba a la mujer: “play Ann”, para que tocase el pandero, y que de ahí surgió el nombre de plena. Pero este dato no está confirmado.

Estos intercambios intradiaspóricos se hicieron múltiples y constantes, con la invención y diseminación de tres inventos en el siglo XX. El primero fue el disco, ya circulando por el Caribe desde principios de esa centuria. Las grandes casas disqueras norteamericanas llevaron sus equipos de grabación tan temprano como 1904 a Cuba, diseminando así su música por otros países, entre ellos los de la cuenca caribeña; en 1907 grabaron en Puerto Rico con el mismo resultado.

El segundo gran diseminador de la música en el Caribe fue la radio, que desde 1922 empezó a sonar en la cuenca caribeña, y ya para la década de los treinta había emisoras tan poderosas como la XEW de México, cuya señal llegaba a buena parte del Caribe, llevando la música de México a Cuba y Puerto Rico. Lo mismo sucedió con la emisora Atlántico de Barranquilla, exponiendo la música de su país por todo el Caribe, pero usando también la de otros. Pronto hacían lo mismo las emisoras de Cuba, CMQ, RHC y otras, al igual que la potente Voz del Yuna de la República Dominicana. Había además intercambio de presencia física en los programas de esas emisoras con los artistas de otros países. Fue un efectivo e intenso intercambio intradiaspórico.

Así se diseminaba la música caribeña, pero no el baile. Si bien el cine había surgido a principios del siglo XX, no fue hasta 1927 que comenzó el cine hablado. Para 1937, el cine mexicano tomaba fuerza, con películas que al principio divulgaban la música campirana, alguna de la cual podríamos considerar caribeña, como lo eran las canciones yucatecas y los sones; pero pronto el cine mexicano se llenó de ritmos caribeños: boleros, guarachas, sones, danzones, etc. que llegaban a todo el Caribe hispano. Fue el diseminador más efectivo que tuvo la música, sobre todo en las décadas de los cuarenta y cincuenta.

El Caribe pronto rebasó sus confines geográficos. Así como en los primeros siglos fue un área en que predominó la inmigración, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial comenzó a ser un área de emigrantes. Pero antes, se había realizado un curioso experimento. A principios del siglo XX, los norteamericanos enviaron a las islas de Hawai varios cientos de puertorriqueños, como colonos, para que se dedicaran a la siembra de la piña. Todavía quedan descendientes de estos emigrantes, muchos de los cuales no hablan el español, pero siguen interpretando la música jíbara puertorriqueña, conservan el cuatro, y bailan a su ritmo. Así de fuerte es este pequeño rizoma. El éxodo grande de Puerto Rico hacia los Estados Unidos se produce después de 1901, por razones económicas, dada la situación de pobreza en que se encontraba la isla. Es el rizoma más grande que ha tenido el Caribe. Sobre todo después de 1917, cuando se les concedió la ciudadanía norteamericana a los puertorriqueños. Además, mientras al principio se localizaban casi totalmente en Nueva York, la emigración se ha extendido por todos los estados, con núcleos muy grandes en ciudades como Nueva Jersey, Miami, Chicago, Atlanta, Orlando, etc. Casi la mitad de la población puertorriqueña vive en esos numerosos rizomas.

El rizoma neoyorquino produjo en el siglo pasado un fenómeno único: el crecimiento del cancionero musical puertorriqueño, de uno completamente local, insular —como lo era hasta principios del siglo—, hasta hacerlo crecer para convertirlo, a partir de los años treinta, en uno de los tres grandes cancioneros del Caribe, junto a Cuba y México. En función a ese crecimiento, pudieron producirse fenómenos musicales como la Nueva Canción y la Nueva Ola; en Puerto Rico y sobre todo en Nueva York, la salsa; y crearse grandes estrellas internacionales (como Marc Anthony, Jennifer Lopez, Ricky Martin, etc.). Es el fenómeno que permite que el Gran Combo tenga presencia constante en Colombia, y que la salsa se diseminara primero por todo el Caribe, y después por el mundo.

La República Dominicana comenzó su éxodo hacia los Estados Unidos en años más recientes, cuando, a partir de la caída del régimen de Rafael Leónidas Trujillo, gobernantes posteriores permitieron a los dominicanos viajar libremente fuera de su país, cosa que no podían hacer antes. Esa emigración, sobre todo a Nueva York, ha ido aumentando, al punto que hoy es mayor la población dominicana que la puertorriqueña en esa ciudad. Y con ellos va el merengue y la bachata, dos géneros de ese país, que han tenido gran aceptación mundial. Los dominicanos tienen en Juan Luis Guerra a una de sus estrellas de relieve universal.

Cuba inició una emigración significativa hacia los Estados Unidos, sobre todo a Miami, a partir de la Revolución que tomara el poder el 1 de enero de 1959. Pero ya con anterioridad, aunque con una presencia humana pequeña, la música cubana se había hecho notar en Nueva York. Después de esa fecha, continuó el flujo de personas, entre ellos músicos, que han tenido mucha influencia en el desarrollo del jazz latino, más bien caribeño. Por otra parte, también después de 1959 se establecen comunidades de notar en República Dominicana y Puerto Rico, que serían intradiásporas, pero que tienen cierta presencia en la música local, sobre todo en Borinquen. Cuba también tiene figuras de gran fama a nivel internacional, entre ellas a Celia Cruz, y en el ámbito del jazz latino, a Bebo Valdés y Paquito D’Rivera.

México tiene una presencia poblacional muy grande en los Estados Unidos, pero poca de ella es caribeña; se trata más bien de mexicanos del centro y del norte del país, los que emigran generalmente a estados que fueron antes parte de México, como California, Texas, Nuevo México y otros. Los emigrantes provenientes de estados como Veracruz y Mérida sí pueden considerarse caribeños.

La zona costera de Colombia tiene presencia física, y con ella musical, en los Estados Unidos, sobre todo con dos figuras de relieve universal: Shakira y Carlos Vives.

Si miramos al Caribe angloparlante, el país más destacado es Jamaica, que sin duda, en relación con su extensión territorial y población es el que mayor impacto ha hecho en el mundo. Jamaica ha creado por lo menos dos sólidos rizomas en Nueva York y Londres y todo logrado prácticamente por un solo hombre con presencia internacional: Bob Marley y el reggae.

Una isla más pequeña todavía, Trinidad, lanzó en la década de los cuarenta un producto musical que alcanzó gran éxito en los Estados Unidos y hasta repercusión mundial: el calipso. Además, y en conjunción con la isla de Tobago, crearon una nueva forma de banda que se hizo muy popular; la steel band, que además se adoptó en muchos otros países, como Puerto Rico, donde existen algunas de estas bandas, como la de Jack Warren.

Y por la década de los treinta, la pequeña isla francoparlante, Martinica se hizo popular sobre todo en Francia con el género musical el beguine, llevado después a los Estados Unidos.

En resumen, musicalmente hablando el Caribe es un lugar único. Con solamente una ínfima parte de la población universal, y ocupando una parte muy pequeña del globo terráqueo, es un gran productor de géneros musicales folclóricos y populares a nivel mundial. Además, en un mundo que cuenta con civilizaciones de muchos siglos, es solo desde el XVII que este conglomerado de islas y de costas aledañas al mar Caribe empezó a producir y exportar géneros musicales acompañados casi siempre de su complemento de danza.

 

 

 

Autor: Cristobal Diaz Ayala
Publicado: 22 de diciembre de 2011.

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