Hospital Civil a principios del siglo XX

Hospital Civil a principios del siglo XX

Durante los primeros siglos de la conquista española, los reyes, dictaban desde la metrópoli, qué prácticas médicas, tratamientos y métodos clínicos debían seguirse de acuerdo a los adelantos y descubrimientos de la ciencia. En Puerto Rico, estas prescripciones se canalizaban a través de la Fortaleza. No es hasta el siglo XIX, que se lleva a cabo la descentralización de la profesión médica al crearse una serie de instituciones y gremios locales.

En 1839, el gobernador Miguel López de Baños emprendió una campaña contra los curanderos y exigió a los médicos, cirujanos y farmacéuticos que registraran sus títulos profesionales en la Secretaría del Gobierno. Ese mismo año, se creó la Real Subdelegación de Medicina y Cirugía, que se encargó, no sólo de validar títulos profesionales, sino también de todo aquello relacionado con la higiene pública y la profesión médica.

Además, se aprobó el Reglamento de Sanidad en 1841 y el Reglamento de Medicina y Cirugía en 1844. El primero, disponía cómo efectuar la inspección médica de naves y el procedimiento para establecer cuarentenas y patentes. En el segundo reglamento, se estipulaba los deberes de los médicos y cirujanos. También, establecía que el nombramiento de los subdelegados de medicina y cirugía de las poblaciones de la isla estaría en manos del capitán general y fijaba el arancel de los derechos que debían abonarse a: médicos, cirujanos, dentistas, sangradores y parteras. Por último, identificaba las funciones de la Inspección de Estudios en relación con la profesión médica y quirúrgica.

La Inspección de Estudios era un organismo consultivo del gobierno para asuntos de higiene pública. El mismo fijaba las penas que se impondrían a los miembros de la profesión médica que no cumplieran con sus deberes y a los que practicaran ilegalmente la profesión. Se encargaba además, de la publicación de obras de medicina con fondos de instrucción pública y concedía premios a los autores de las mejores memorias sobre enfermedades endémicas de la Isla, medicamentos indígenas, entre otras cosas. También, preparaba los exámenes y ejercicios prácticos de la reválida para médicos extranjeros; establecía el modo de expedir recetas y las normas que debían seguir los médicos para pautar anuncios sobre sus servicios en la prensa.

El arancel de honorarios acordado en 1844 era de un peso por visita durante el día. De igual tarifa era la extracción de un colmillo por un dentista o la aplicación de una sangría o de una docena de sanguijüelas por un sangrador. El médico recibiría dos pesos por una visita entre las seis de la tarde y las diez de la noche. Este honorario, también, lo cobraría un dentista que hiciera un orificio en un colmillo o en cualquiera de las dos primeras muelas de la mandíbula o que aplicara una ventosa.

Se le pagaba cuatro pesos al médico por una visita entre las diez de la noche y el amanecer, así también al dentista, por una limpieza de toda la dentadura. Igualmente se hacía con la partera por su asistencia y por permanecer en la casa de la recién parida durante toda una mañana. Se le pagarían cuatro pesos adicionales a la asistente de partos si se trabajaba durante la tarde. Los honorarios de un cirujano fluctuaban entre cuatro pesos por una cirugía menor y cincuenta, por la amputación de cualquier extremidad.

En 1840, se publicó una circular destinada a moralizar la práctica de la medicina, que prohibía, entre otras cosas: la intromisión en la asistencia médica, el empleo del magnetismo animal o prácticas de hipnotismo, excepto a los mismos médicos y cirujanos, así como, el expedir medicamentos ajenos a la farmacopea española sin la debida notificación del farmacéutico. En 1848, el gobernador José Lemery había fijado los honorarios de los médicos que servían en tiempos de epidemia y los de aquellos que prestaban servicios fuera de sus domicilios.

Al año siguiente, se aprobó el Régimen y Gobierno de los Médicos Titulares en San Juan, en el que se aprobaban dos plazas de médicos titulares y dos de practicantes. El reglamento reconocía tres categorías profesionales: doctor académico en medicina y cirugía, licenciado académico en ambas facultades y médico puro o cirujano latino.

Por cuarenta pesos mensuales, el titular tenía que visitar diariamente la Real Cárcel de la ciudad y la Correccional de La Puntilla, atender a la higiene pública, vacunar, tratar a los pobres, llevar un registro clínico de ellos, ejercitar las disposiciones administrativas del Ayuntamiento de San Juan y servir como auxiliar de los tribunales en cuestiones médico-legales. A poco tiempo de comenzar a ejercer los titulares en la isleta de San Juan, comenzaron a llegar pacientes pobres del interior de la isla. Para controlar el flujo de personas enfermas, el gobernador Fernando Cotoner prohibió su entrada a la isleta a partir de 1857.

Entre las décadas de 1860 y 1880, ocurrieron tres hechos de interés para la historia de la medicina en Puerto Rico: el establecimiento del Gremio de Médicos; la publicación en 1881 de un compendio general de medicina y cirugía de cerca de 400 páginas titulado Secretos de la Medicina, y la promulgación de unas reglas para el abasto y sacrificio de reses y cerdos en 1886. Esta última disponía el reconocimiento previo de los mismos por veterinarios o médicos titulares. La medida, en el caso de los cerdos, tenía como objetivo principal evitar el contagio de la triquinosis. Un año antes se habían publicado ciertas medidas para evitar la propagación del muermo.

A partir de la década de 1870, se comenzaron a crear asociaciones médicas. Se constituyó el Gremio de Médicos, así como algunas sociedades, tales como la Sociedad de Auxilio Mutuo en 1883 y La Benefactora en 1893, establecidas para proveer medios de atención médica a sus socios. También, en este año se reunieron en el Ateneo Puertorriqueño las personas afiliadas a la Cruz Roja Internacional con el fin de organizar la Comisión Provincial, dependiente de la Junta General de Madrid.

Para esta época, la ciencia médica francesa influenciaba marcadamente la práctica local de la medicina. Se consultaban las traducciones de los tratadistas franceses casi tanto como a los autores españoles, sobre todo en materia clínica. De hecho, uno de los últimos esfuerzos del Ayuntamiento de San Juan, antes de la Guerra Hispanoamericana, consistió en comisionar al doctor José Ordóñez Gómez para estudiar en París la seroterapia del doctor Pierre Roux, colaborador del químico francés Louis Pasteur.

Previo a los descubrimientos de Pasteur sobre microorganismos, se ignoraban las causas de muchas enfermedades, por lo que el diagnóstico se limitaba al uso de métodos empíricos clínicos, la curación y al tratamiento de síntomas. No fue hasta después del cambio de soberanía que se llevaron a cabo comprobaciones o pruebas en laboratorios clínicos para la química, la biología, la bacteriología y la microscopia, lo que hizo posible el diagnóstico científico patológico y la aplicación de tratamientos específicos en la Isla.

Adaptado por Grupo Editorial EPR
Fuente original: Adolfo de Hostos, “La beneficencia pública y las instituciones y profesiones congéneres”, Historia de San Juan, ciudad murada (1521-1898), 1966.

 

 

 

Autor: Grupo Editorial EPRL
Publicado: 12 de septiembre de 2014.

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