En los momentos críticos de la historia, la humanidad ha apostado al arte como medida para lidiar con las situaciones, pero también para invocar un cambio. Estas circunstancias crean en el arte un espíritu rebelde que rompe con las convenciones estéticas y sociales y que busca innovar y proponer o provocar nuevos caminos y medios artísticos. A esto lo llamaron vanguardia. Por lo tanto, vanguardia es adelanto e innovación, a su vez vanguardia puede referirse a un tipo de expresión que supone asumir una actitud ante el tiempo y la sociedad en la que se vive. Para los vanguardistas, el arte (y lo artístico o creativo) es el mecanismo real para solventar los problemas sociales. Precisamente por esto, la vanguardia puede referirse a un momento histórico específico (1910- 1920) o un producto o movimiento que se da en tiempos críticos, y de allí que se pudieran considerar algunas obras contemporáneas como “vanguardistas”. En Puerto Rico surgieron vanguardias (que se autodenominaban como tal) a comienzos del siglo XX. Se desarrollaron sobre quince movimientos de vanguardia entre 1920- 1930. Uno de los rasgos distintivos de los vanguardistas es la conciencia de tener una propuesta bien definida que podía leerse en sus manifiestos poéticos y metaliterarios, estos manifiestos subrayan sus estilos y técnicas, pero más allá establecían una oposición contra las ideologías imperantes (por ejemplo, el Manifiesto euforista, Del noísmo-gesto e Incitación del grupo ¡No!) y contra la ocupación estadounidense en Puerto Rico.

El diepalismo es un movimiento que encabezaron Luis Palés Matos y José De Diego Padró en el que se generaron poemas que privilegiaban el sonido onomatopéyico y buscaban imitar los sonidos de la naturaleza. Esta propuesta busca construir significados partiendo de los sonidos; en cierta medida imita la música, pero mediante el estudio del sonido de la cotidianidad.

El noísmo es desarrollado por poetas como Vicente Géigel Polanco, Vicente Palés Matos, Juan Antonio Corretjer, entre otros. Esta era una expresión en la que la función de las palabras: verbos, sustantivos, etc. sería elaborada de modo que se acentuaba el humor y el símbolo. Corretjer siguió la tradición española y puertorriqueña para innovar en un discurso de gran simbolismo y acercamiento político-social. Asimismo, Julia de Burgos rompió con los discursos masculinos en la poesía de Puerto Rico, el Caribe e Hispanoamérica.

El atalayismo es la vanguardia literaria del movimiento nacionalista, unía el valor estético con los valores éticos. Su medio de expresión fue la revista Alma Latina y sus mayores exponentes, Clemente Soto Vélez y Graciany Miranda Archilla.

Como precesión al noísmo, surge el euforismo que buscaba acentuar lo sustancial y suprimir lo accesorio, de este modo lograban textos de mucha fuerza y objetivismo. Vicente Palés Matos y Tomás L. Batista encaran esta estética. Como sugiere la palabra ‘euforia’, los euforistas creían en el verso espontáneo no sometido a los metros convencionales. Desdeñaban los temas preciosistas y románticos asociados con la figura de la mujer y el amor platónico. Seguían en cierta medida a los futuristas en su rechazo por las grandes figuras de la poesía de las décadas anteriores y creaban cantos maquinistas como “Canto al tornillo” de Vicente Palés Matos.

Luego, escritores como Césareo Rosa Nieves y Félix Franco Oppenheimer dan prioridad a lo borincano para alcanzar la universalidad en el ensueñismo, el cual fue la antesala del integralismo. Este movimiento, cultivado por Luis Hernández Aquino, María Mercedes Carriga y Carmelina Vizcarrondo, establecía que se debían cantar las bellezas de la isla.

El integralismo se enlazó con la vanguardia española; con muestras de neopopularismo e hispanismo creían en establecer un vínculo poético con las Antillas e Hispanoamérica. Los integralistas querían configurar un sistema simbólico que representara la puertorriqueñidad con todas sus particularidades. Así, luego creció el meñiquismo que retomó el nacionalismo de la generación del 30.

No obstante se desarrollaron otras poéticas: girandulismo de Evaristo Ribera Chevremont, afroantillanismo de Luis Palés Matos, el proletarismo de Luis Muñoz Marín, el superrealismo de Joaquín Monteagudo Rodríguez y Matos Paoli, y finalmente, el cumarisotismo de Julio Soto Ramos, que buscaba reinventar los caligramas.

Para el 1950, surge el trascendentalismo que buscaba lo universal mediante el existencialismo, la posguerra europea, y creó una poética mística y existencial. Uno de los poetas más reconocidos trascendentalista es Francisco Matos Paoli y uno de sus libros más estudiados en ese renglón: Canto de la locura.

Ya en las postrimerías de 1970, el neovanguardismo buscó atender asuntos sociales y políticos, al comprometerse con la clase trabajadora y el estatus político del país. Se inició con las revistas Guajana y Mester y que se mantuvo años después con las revistas Ventana y Zona de Carga y Descarga.

Guajana como grupo y su revista sentó las bases de la literatura comprometida en Puerto Rico. Su revolución en el metro poético era también la revolución que querían lograr en el país; retomaron, a su vez, los deseos de siglos anteriores de fusionar las Antillas e Hispanoamérica en su poesía. El compromiso político también se enlazó al compromiso con el arte mismo, lo que en cierta medida tiene aspiraciones universales.

Algunos escritores neovanguardistas son: Luis Rafael Sánchez, Marina Arzola, Iván Silén, ángela María Dávila, Manuel Ramos Otero, Rosario Ferré, áurea María Sotomayor, Yvonne Ochart, Etnairis Rivera y Alfredo Villanueva. Un tema importante de la neovanguardia es la sexualidad, cada vez más alternativa y marginal; su cúspide se dio después del 2010 con grupos como Homoerótica o la obra de Yolanda Arroyo Pizarro, Luis Negrón y David Caleb Acevedo.

Entre las grandes obras vanguardistas puertorriqueñas se pueden mencionar a las siguientes revistas: Revista de las Antillas de Luis Llorens Torres; índice de Antonio S. Pedreira; Los Seis (donde aparecen los versos y discursos neopopulistas de Luis Muñoz Marín –a quien la crítica actual considera vanguardista–), hostos; Vórtice; Faro; y los libros: Responsos a mis poemas náufragos de Graciany Miranda Archilla; Escalio de Clemente Soto Vélez; Tuntún de pasa y grifería de Luis Palés Matos; Grito de Fernando González Alberty; Niebla lírica de Luis Hernández Aquino; Fábulas de la garza desangrada de Rosario Ferré; Dafne en el mes de marzo de Olga Nolla, entre otros.

 

 

 

Autor: Alexandra Pagán Vélez
Publicado: 26 de agosto de 2015.

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