Portada Puerto Rico en el mundo

Portada Puerto Rico en el mundo

La globalización es un proceso de crecien­te integración del mundo en términos de economía, comunicaciones, relaciones sociales y culturales. La globalización implica más que interdependencia y la interdependencia significa que los países dependen más y más unos de otros. La integración implica, en cambio, que se esta llegando al punto en que las naciones son parte, a distintos niveles, de un único sistema económico.

Con frecuencia se piensa en este proceso como un fenómeno reciente que se origina a finales del siglo XX con el desarrollo del Internet. Eso es incorrecto. No hay duda de que el desarrollo espectacular de la interdependencia/integración comercial y comunicativa ha alcanzado niveles explo­sivos, pero las tendencias se iniciaron hace mucho tiempo. En 1848 Karl Marx escribía lo siguiente:

“Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas… por in­dustrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no solo dentro de las fron­teras, sino en todas las partes del mundo.

Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfac­ción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carác­ter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales conflu­yen todas en una literatura universal”.

Marx ve este proceso como una con­secuencia del desarrollo característico del capitalismo, algo en lo cual sus mayores detractores estarían de acuerdo.

Este proceso ha impactado de diversas de maneras: la comunicación con lugares remotísimos se ha convertido en algo fácil y frecuente a través de Internet; los bienes y servicios que se originan en lugares lejanos se hacen accesibles como si fueran produc­tos locales; en algunas regiones del mundo se ha facilitado grandemente la movilidad de trabajadores y capitales a través de las fronteras nacionales. Aunque se trata de un proceso multifacético, el económico tiene preponderancia por sus consecuencias.

Globalización

Globalización

El crecimiento económico es, por otra parte, controversial. Unos ven en la globalización el beneficio de un mayor consumo y producción y un acceso muchísi­mo más amplio a productos elaborados en lugares lejanos. Otros se fijan en las desigualdades entre los países ricos y po­bres y entre los ciudadanos beneficiados y los perjudicados.

La globalización está relacionada con el crecimiento tecnológico y este a su vez se estimula por el desarrollo económico que las nuevas tecnologías permiten. El desarrollo tecnológico produce avances en la producción y las comunicaciones. El avance en las comunicaciones a su vez produce aumentos en las inversiones y en el consumo. El resultado es que la ac­tividad económica en conjunto aumenta notablemente.

La globalización ha sido el resultado de importan­tes desarrollos tecnológicos en áreas críticas pero también se ha debido a una serie de cambios políticos. La decisión de reducir restricciones al comer­cio internacional y de permitir cada vez más: altos niveles de inversión por parte de las corporaciones multinacionales en muchos países; la apertura de las fronteras de modo que los trabajadores de un país puedan ir a ocuparse en otro sin restricciones y para que los capitales se muevan con esa misma facilidad para la inversión; la adopción de una misma moneda por un grupo de países y la creación de instituciones financieras para el manejo de esa moneda; todas son decisiones políticas. Estas decisiones han facilitado la apertura de los mercados en regiones previamente muy apartadas.

Con relación a este fenómeno han surgido varios debates. Los más importantes giran en torno a dos problemas: el primero sobre el alcance real de la globalización y el segundo sobre si es deseable la globalización.

El debate sobre el alcance de la globalización tiene que ver con la naturaleza misma del proceso: ¿Se trata de algo pasajero o permanente? ¿Se trata de un pro­ceso tan abarcador como muchos piensan o de uno más limitado?

Quienes favorecen la globalización argumentan que se trata de un proceso que no se puede detener porque esta dinamizado por el cambio tecnológico que es cada vez más acelerado. Se afirma que este cambio tecnológico es irreversible y ha podido reducir la dependencia geográfica de la actividad comercial. Se ha observado con frecuencia que la movilidad de las corporaciones multinacionales les ha provisto liber­tad y poder frente a los gobiernos con que tienen que lidiar. Esto a su vez, ha facilitado que el desarrollo de las inversiones, la producción y el consumo lleguen a todos los puntos del planeta.

Quienes cuestionan el alcance de la globalización, argumentan que se ha exagerado su verdadero im­pacto y que sus efectos no están tan fuera de control como se ha sugerido. Es cierto —argumentan— que las corporaciones multinacionales se mudan con facilidad de un país a otro, que hay movilidad de capitales y trabajadores donde antes no los había, que productos hechos en lugares remotos compiten favorablemente con los productos locales. Pero las economías no se componen únicamente de corpo­raciones multinacionales y el grado de libertad que estas disfrutan no es tan alto, como se dice, porque en muchos casos los países ejercen controles efecti­vos sobre sus actividades. La globalización depende de un factor político importante y los gobiernos no son tan indefensos como se ha sugerido. Los gobiernos controlan los términos de intercambio comercial dentro de su territorio y aunque países pequeños o económicamente frágiles se podrían ver obligados a consentir a condiciones que países en otras circunstancias no aceptarían, muchos de ellos ejercen controles significativos. Se observa la ten­dencia a asumir que lo que es excepcional se va a convertir en lo común. Se dice que la idea de que la globalización es un fenómeno incontrolable es pro­movida por aquellos que se benefician de ella, como las corporaciones multinacionales y las economías de los países industrializados, pero frecuentemente se observa que los sectores obreros y marginados en todos los países sufren situaciones de desplaza­miento a causa de la competencia económica desleal que florece bajo la globalización.

El debate sobre la deseabilidad de la globalización se plantea en los siguientes términos: quienes favo­recen la globalización argumentan que el aumento de los niveles de intercambio comercial a nivel mundial es beneficioso para todos. El Internet es un recurso que beneficia a ciudadanos de todos los países propiciando intercambios informativos, educativos y culturales entre millones de personas y todos se be­nefician, a la larga o a la corta de los desarrollos en la producción y el comercio.

Quienes se oponen a la globalización argumentan que los beneficios del intercambio comercial se dis­tribuyen de una manera muy poco equitativa, que los países pobres se benefician mucho menos que los ricos y que la diferencia entre unos y otros aumenta continuamente. Durante las últimas décadas ha ha­bido levantamientos poblacionales en contra de los efectos de la globalización que han forzado a varios gobiernos a presentar algún grado de restricción a las actividades comerciales que han perjudicado a los sectores empobrecidos. Estos movimientos po­pulares, en contra de la globalización y a favor de la protección de lo local cuando se han canalizado por los procesos electorales, han producido gobiernos comprometidos con aumentar el control nacional de las variables económicas que afectan a la población. Quienes favorecen la globalización creen que estos movimientos son ilusos dada la naturaleza irrever­sible que ellos le atribuyen a los procesos globali­zantes. También los consideran contraproducentes, porque ven la protección de lo local como una forma de aislamiento. En su opinión estas medidas produ­cen más pobreza.

Raúl Cotto Serrano
Profesor de Ciencias Políticas.
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de Puerto Rico-Río Piedras

 

 

Autor: Proyectos FPH
Publicado: 16 de enero de 2008.

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