Las instituciones regionales del Caribe se enmarcan dentro de los esfuerzos de integración llevados a cabo por diversos países adscritos a diversas concepciones de la región. Estas concepciones se desarrollan desde el siglo XIX por intelectuales y políticos ubicados en distintas latitudes del Caribe. Tanto desde el Caribe hispánico como desde el Caribe anglófono hay propuestas que van desde mercados comunes hasta esfuerzos más ambiciosos dirigidos hacia un esquema de federación o confederación regional. Desde el Caribe hispano hubo propuestas de establecer una Federación o Confederación Antillana, impulsadas por líderes como Gregorio Luperón, José Martí, Eugenio María de Hostos y Ramón Emeterio Betances desde fines del siglo XIX. Las ideas de integración en el Caribe anglófono se articulan en el transcurso del siglo XX, en el marco de los esfuerzos por lograr mayor autogobierno frente a la Gran Bretaña.
A pesar de las diferencias entre estas visiones, todas coinciden en idear y concebir un diseño que ofrezca a los países caribeños la posibilidad de convertirse en actores de mayor significación en el contexto internacional. Se ubican en la articulación de una identidad que trascienda los linderos de los distintos Estados nacionales emergentes durante los siglos XIX y XX. Desde América Latina, las nociones que orientan las ideas de integración enfatizan una preocupación primaria con la seguridad regional. Dichos esfuerzos se cristalizaron en el Congreso de Panamá en 1826. Las conferencias regionales que se llevaron a cabo posteriormente trajeron intentos de establecer tribunales o instituciones para la solución de disputas, particularmente en América Central.

Los esfuerzos más trascendentes de integración regional se han llevado a cabo desde el Caribe anglófono. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña empezó a hacer arreglos para conducir hacia la independencia a algunas de sus colonias caribeñas. En este contexto, la Federación de las Indias Occidentales surge en 1958 con la participación de diez países: Antigua, Dominica, Montserrat, Saint Kitts y Nevis-Anguila, Santa Lucía, San Vicente, Barbados, Granada, Jamaica y Trinidad y Tobago. No obstante, el hecho de que la Federación surge como un esfuerzo metropolitano, y no como el producto de una iniciativa gestada por los propios caribeños, hace que los problemas internos se conviertan en obstáculos insuperables. La salida de Jamaica y Trinidad y Tobago en 1962 constituyó el inicio de la desaparición de la Federación, la cual se aceleró luego de la salida de Barbados en 1966.

A pesar de la desintegración de la Federación, surgieron nuevos intentos de integración y desarrollo de instituciones regionales. Estos esfuerzos se ubican dentro de la visión identitaria correspondiente al Caribe anglófono. Además, el imperativo de articular unas bases económicas más sólidas ha llevado a los países caribeños a articular instituciones que cumplan con ese importante objetivo. Uno de los primeros intentos se da a través de la Asociación de Libre Comercio del Caribe (CARIFTA, por sus siglas en inglés), que promueve el libre comercio entre sus miembros. Países como Barbados, Trinidad y Tobago y Guyana se encuentran entre los promotores de este esfuerzo. También se establecieron instituciones como el Banco Caribeño de Desarrollo del Caribe (CARIBANK)

Estos esfuerzos llevaron a los países caribeños a plantearse iniciativas más ambiciosas que culminaron con el establecimiento de la Comunidad Caribeña (CARICOM) en 1973. Esta entidad agrupa a Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y Tobago. Con esta nueva arquitectura regional, se da cauce a la necesidad de establecer instituciones regionales que cubran áreas neurálgicas como la industria, el sector agropecuario, las comunicaciones y la industria de servicios. En este sentido, no solamente se trae el CARIBANK, sino que se crean ministerios en las áreas de agricultura, finanzas, cuestiones laborales y minería. Además, se crea la Corporación de Inversión Caribeña, el Consejo Regional de Comercio Marítimo, el Consejo para el Desarrollo Económico y Comercial (COTED, por sus siglas en inglés), Consejo para las Relaciones Exteriores y de la Comunidad (COFCOR, por sus siglas en inglés), el Consejo para el Desarrollo Humano y Social (COHSOD, por sus siglas en inglés), el Consejo para la Planificación Financiera (COFAP, por sus siglas en inglés). Otros organismos adscritos al CARICOM lidian con áreas de cooperación regional como el manejo de desastres y emergencias, protección del medio ambiente, alimentación y nutrición, agricultura y coordinación administrativa entre los parlamentos de la región.

El hecho de que este importante esfuerzo de integración regional partiese de los países más grandes del Caribe anglófono hizo que los países más pequeños concibieran su propio esfuerzo de integración regional. Ello se hizo a través del establecimiento de la Organización de Estados del Caribe Oriental. Esta entidad surge a la vida a partir de 1981, con la participación de Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Santa Lucía, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas. A igual que CARICOM, las cuestiones de desarrollo económico son primarias para los esfuerzos de esta organización.

Para los miembros de CARICOM, también se hace clara la necesidad de trascender el marco del Caribe anglófono para incorporar a las otras subregiones del Caribe. Es por esta inquietud que nace la Asociación de Estados del Caribe en 1994. Esta organización recoge los Estados que forman el Gran Caribe, esto es, los países que circundan el mar Caribe. Una característica importante de esta entidad es que recoge no solamente los Estados formalmente independientes de la región, sino que también son elegibles los países no independientes que se adscriben a Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Holanda. La presencia de Cuba en esta organización es otra característica que la distingue, siendo la única organización regional donde puede participar sin consideración a su sistema político.

La efectividad de estas instituciones regionales caribeñas es un tópico de discusión intensa. Sobre todo, en la era de la globalización se plantea que los esfuerzos de regionalización constituyen la alternativa para el manejo de las corrientes económicas que trascienden el control por parte de los Estados soberanos. La formación de bloques económicos regionales, particularmente en la región del Caribe, puede ser una alternativa en un contexto internacional donde hay actores de un poder relativo, como las instituciones económicas internacionales, corporaciones transnacionales y Estados con poder asimétrico. No obstante, queda por resolver la cuestión de qué marco de identidad es el procedente para configurar un esfuerzo viable de regionalización que permita un mayor grado de compromiso con las instituciones regionales del Caribe.
Autor: Angel Viera Tirado
Publicado: 16 de diciembre de 2011.

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