La expansión imperialista y los intereses económicos de Estados Unidos sobre las últimas posesiones de España en el Caribe guiaron la Guerra Hispanoamericana a las costas de Puerto Rico. Los primeros truenos de cañones se escucharon la madrugada del 12 de mayo de 1898. Bajo las órdenes del almirante William Sampson, una flota de 11 barcos mantuvo bajo fuego a la capital durante tres horas. A pesar del intenso bombardeo, los daños materiales no fueron grandes y solo ocasionó dos muertes. Sin embargo, sembró el pánico entre los capitalinos y muchos decidieron huir de la ciudad.

El trauma del bombardeo se sumó a la escasez de alimentos y otros artículos básicos. El hambre que ya se venía sintiendo producto de la crisis económica que atravesaba el país, fue agravada por el bloqueo naval que las fuerzas militares norteamericanas impusieron sobre Puerto Rico. La lealtad a España de los puertorriqueños fue menguada ante la incertidumbre. El hambre y la sombra perenne de las enfermedades se cernían sobre los cuerpos de los puertorriqueños. La guerra había llegado a la isla y el socorro de la madre patria no llegaba. Nunca llegó. La flota española del almirante Pascual Cervera fue atrapada y destruida en Cuba por las fuerzas lideradas por el almirante Sampson en el mes de julio.

La experiencia durante el bombardeo junto a la información provista por la inteligencia militar norteamericana le permitieron a Washington conocer el débil estatus de las defensas militares españolas en Puerto Rico. Por otro lado, la opinión pública estadounidense, caldeada por una prensa imperialista con intereses inversionistas, favorecía la toma de posesión de la isla. El presidente William McKinley, siguiendo los planes de su presidencia y del Partido Republicano, comisionó al general Nelson A. Miles la invasión a Puerto Rico. Este militar experimentado delineó de inmediato un plan de ataque que incluía el uso de tropas frescas. El 17 de julio de 1898 Miles derrotó a la españoles en Santiago de Cuba. Cuatro días después, con carácter de conquista, zarpaban hacia Puerto Rico diez barcos bajo el mandato de Miles.

El 25 de julio las costas de Guánica fueron el escenario del desembarco de las tropas norteamericanas. En un principio, los planes de Miles eran desembarcar por Fajardo. Sin embargo, Miles cambió los planes en alta mar. El desembarco en Guánica le permitiría capturar fácilmente las ciudades de Ponce y Yauco, donde el espíritu separatista estaba aún latente. Contar desde un inicio con el apoyo de estos amplios e influyentes sectores del país era importante para la legitimización de la invasión militar.

Las páginas de la Associated Press compararon la operación militar en suelo boricua con un picnic. La resistencia fue poca y el número de víctimas fue realmente escaso. Mientras las escasas y mal apertrechadas tropas españolas cedían terreno, las tropas invasoras lograron ocupar los principales municipios del sur y oeste del país: Yauco el 27 de julio, Ponce el 28 y Guayama el 5 de agosto. Una parte significativa de la población recibió con beneplácito las tropas norteamericanas; recibimiento que en algunos pueblos se tradujo en algarabía. Muchos de ellos vieron en los pesados uniformes azules y la bandera multiestrellada la liberación del yugo español y la posibilidad de reivindicación política o económica. En este espíritu, Nelson Miles pronunció las siguientes palabras en un discurso casi mesiánico el 28 de julio en Ponce:

  • “A los habitantes de Puerto Rico: En la continuación de la guerra contra el Reino de España por el pueblo de Estados Unidos, en la causa de la libertad, de la justicia y de la humanidad, sus fuerzas han venido a ocupar la isla de Puerto Rico. Vienen portando la bandera de la libertad, inspiradas por un noble propósito de buscar a los enemigos de nuestro país y capturar a todos los que ofrezcan resistencia armada. Les traen un abrazo alentador de una nación de pueblo libre, cuyo mayor poder consiste en la justicia y la humanidad para todos los que viven dentro de su comunidad.[…] El principal objetivo de las fuerzas militares norteamericanas será el de derrocar la autoridad armada de España y dar al pueblo de su amada isla la mayor medida posible de libertad que sea compatible con esta ocupación militar. No hemos venido a hacer la guerra contra el pueblo de un país que ha sido oprimido durante siglos, sino al contrario, a traerles protección, no solo para ustedes sino para su propiedad, para promover su prosperidad y para procurarles los privilegios y bendiciones de las instituciones liberales de nuestro gobierno”.

Luego de la rendición de Ponce, una parte de las tropas norteamericanas se dirigió hacia el oeste logrando la captura de Mayagüez. La otra parte marchó por la carretera central sobre Juana Díaz y Coamo. En el barrio Asomante las tropas españolas se atrincheraron e impidieron con ahínco el avance hacia Aibonito. Mal equipados y sin respaldo, estas tropas lucharon heroicamente contra el ejército norteamericano.

El armisticio entre las fuerzas en disputa fue firmado el 12 de agosto. Mientras las conversaciones en París se desarrollaban, los españoles cederían la isla a las fuerzas norteamericanas y saldrían de Puerto Rico. El 18 de octubre abandonaron la isla las últimas fuerzas españolas y la bandera norteamericana se alzó en los edificios públicos. El tiempo convulso que vino luego del armisticio permitió que viejos resentimientos se airearan entre sectores dispares de la población. Partidas de tiznados empezaron a recorrer las haciendas de las cordilleras sembrando miedo y violencia. Las tropas norteamericanas, pisoteando la imagen de libertadores que muchos trabajadores pobres tenían sobre ellos, defendieron los intereses de los hacendados, comerciantes y peninsulares.

Mientras que Estados Unidos tenía un compromiso con la independencia de Cuba, con Puerto Rico no existía compromiso político ni acuerdo alguno. Puerto Rico era visto como un botín de guerra, un premio por el esfuerzo militar norteamericano. El 10 de diciembre de 1898 fue firmado el Tratado de París, por el cual España cedía a Estados Unidos el total control de la isla de Puerto Rico. Un gobierno militar fue instaurado bajo el mando del general John R. Brooke. Pronto las aspiraciones de autonomía o independencia se fueron apagando ante la realidad del nuevo régimen militar y colonial que se extendió por espacio de dos años.
Autor: Yanelba Mota Maldonado
Publicado: 25 de agosto de 2015.

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