El mar Caribe o mar de las Antillas es el centro geográfico de todo el continente americano. Está compuesto de 31 países distribuidos entre islas y áreas costeras continentales. Su población vive en una región de gran diversidad topográfica, geológica y geomorfológica. Además de estas particularidades, el Caribe está expuesto a huracanes, actividad sísmica, vulcanismo, extensos periodos de lluvia y sequía. Estas variaciones físicas han incidido en la heterogeneidad de las culturas precolombinas, modernas y contemporáneas.

La región caribeña continental comprende las costas orientales de México, Belice, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y Panamá en el oeste; las costas nortes de Colombia, Venezuela, Guyana, Guyana Francesa y Surinam al sur. Las islas de Cuba, Bahamas, La Española, Puerto Rico, Santa Cruz y Santo Tomás situadas al norte del mar Caribe y las islas de Anguila, Antigua, Aruba, Barbuda, Bonaire, Dominica, Granada, Guadalupe, Montserrat, Nevis, San Bartolomé, Saint John, Saint Kitts (San Cristóbal), Santa Lucía, San Vicente, Granadinas, Trinidad y Tobago en el extremo oriental, en el límite oriental conforma la región insular caribeña. El arco de islas definen el límite norte y occidental del mar Caribe.

El conglomerado de las Antillas Menores, como se les conoce comúnmente a las islas orientales del Caribe, alberga la mayor concentración de países de toda la región. Están constituidas por 58 islas y pequeños archipiélagos que integran 19 países o dependencias de otros países.

En el interior de la región están las islas de Conzumel, Gran Caimán, Jamaica, Curazao, Margarita, Utila, Barbareta, Guanaja, Providencia, San Andrés, Maíz, Saba y San Eustacio. Las islas de Turcas y Caicos, Bahamas y Barbados no están servidas por el mar Caribe pero son consideradas como parte de las Antillas caribeñas por compartir elementos físicos y culturales comunes. Muchos historiadores y geógrafos también incluyen Guyana (antigua Guyana Británica), Guyana Francesa y Surinam (antigua Guyana Holandesa) como parte de la región del Caribe debido a su composición y conectividad étnico-racial e histórica con las Antillas Menores. La inclusión de todos los países antes mencionados conforma el “Gran Caribe”. Este mide 7,885,010 kilómetros cuadrados por lo que constituye el 39% de toda América.

La heterogeneidad de la región del Gran Caribe es producto de tres particularidades principales: el legado de las culturas indígenas, la geografía física local y el impacto de la colonización europea. Estos aspectos han generado un mosaico cultural que trasciende los bordes políticos de las naciones que componen la región. Cada país, a su vez, contiene particularidades subregionales que promueven mayor diversificación cultural. Países de grandes extensiones territoriales como los que se localizan en América Central y la costa norte de América del Sur contienen una gran diversidad étnica y racial, mientras que los países pequeños, en su mayoría islas, contienen menor diversidad subregional.

Sin embargo, cada país posee sus peculiaridades. El idioma y la religión son elementos fundamentales dentro de la geografía humana caribeña. Históricamente, ambos componentes han tenido la capacidad de unificar y separar culturalmente la región. El dominio del español hace que la región sea parte de Hispanoamérica, mientras que la conversión hacia el catolicismo la ha convertido en parte de América Latina. El idioma español y la religión Católica son dominantes tanto en el Caribe antillano como en el Caribe continental. Se habla inglés en las Antillas Menores (Caribe oriental), Guyana y Belice, y francés en la antigua colonia francesa de Haití y en los actuales departamentos ultramarinos de Francia: Guyana Francesa, Martinica, Guadalupe. Domina en las tres regiones la Iglesia católica. También, existen decenas de dialectos y lenguajes al igual que religiones locales que reflejan los cruces culturales que han ocurrido en los pasados 500 años.

Todos los países, con excepción de las islas Bahamas y el norte de México, se localizan dentro de la región norte tropical, particularmente entre el Ecuador (Latitud 0) y el trópico de Cáncer (Latitud 23.5 N). Esto significa que la mayor parte de la región recibe mucha energía solar durante todo el año. Esta energía directa se traduce en altas temperaturas y abundante precipitación debido a la evapotranspiración local, lo que implica mayor biodiversidad. El clima y las variaciones topográficas han sido las condiciones que han promovido la producción natural de materia prima, elemento que ha sido explotado económicamente. Minerales como el oro, la plata y el cobre acentuaron la atracción de los países europeos a la región.

Dentro de un marco geográfico amplio, el Caribe es una región que es importante para el tráfico marítimo global a la vez que constituye un mercado atractivo. “El Mediterráneo del Nuevo Mundo” es importante para el movimiento marítimo de bienes entre las Américas y otros continentes. Esta particularidad geopolítica fue fundamental en la configuración espacial del Imperio español por más de 400 años. El mar Caribe fue la ruta principal del tráfico marítimo desde los puertos europeos hacia los puertos occidentales africanos y caribeños. Esta ruta reflejó la trayectoria natural de los vientos del norte del océano Atlántico. Una vez que llegaban los galeones a Santo Domingo o San Juan, se proseguía hasta los puertos de Nueva España (América Central), Panamá (tránsito hacia Perú) y Nueva Granada (norte de América del Sur). Dentro de este marco mercantilista europeo, las Antillas Mayores sirvieron como un elemento importante para la defensa de esta red de transportación. Además, fungieron como centros de producción de equipo y de productos perecederos de los viajeros en tránsito.

La conveniente localización y el potencial económico de la región han llevado a muchas luchas militares internas y externas. Los ataques de Sir George Clifford (conde de Cumberland), Sir Francis Drake, Jacques de Sores, Balduino Henrico, Sir Ralph Abercromby, Bartholomew Roberts, Henry Morgan a diferentes puertos caribeños durante los siglos XVI, XVII y XVIII, junto a las intensiones de Napoleón Bonaparte desde Francia, John Adams desde los Estados Unidos y Simón Bolívar desde América del Sur durante el siglo XIX y, finalmente, las intensiones manifiestas de los alemanes, ingleses, daneses, holandeses, rusos y norteamericanos en el siglo XX son algunos ejemplos de la intensidad de las luchas por dominar la región.

Muchos de estos países han dejado su huella política dentro de la región caribeña. En la actualidad, existe una gran cantidad de países caribeños relacionados políticamente como colonias, departamentos ultramarinos o unidades integradas al Reino Unido, Reino de los Países Bajos, Francia y los Estados Unidos de Norteamérica.

Muchas de las luchas que dominaron el planeta durante el periodo de la Guerra Fría continúan latentes en el Caribe. La existencia de sistemas económicos socialistas en Cuba, Venezuela y por corto tiempo en Nicaragua y Granada se han opuesto a los de los sistemas de mercado (capitalistas) que han regido en la mayor parte de los países del Caribe. Estos elementos son parte de la complejidad y sensibilidad que ha existido en los asuntos políticos y económicos de la región.

La mayor parte de los países de la región obtuvieron su independencia durante el siglo XIX. Muchas de éstas luchas armadas se popularizaron debido a las precarias condiciones económicas de las colonias y a la promesa de un desarrollo económico más equilibrado y de mayor justicia social. Posterior a la obtención de sus respectivas independencias, muchos países no lograron mejorar las condiciones existentes y surgieron nuevos conflictos internos que resultaron en golpes de estado militares y revoluciones. Estas luchas internas se caracterizaron por la presencia de elementos externos y ajenos a los intereses nacionales.

Más allá de la corrupción gubernamental, la acumulación de riqueza desigual y el militarismo continuo, uno de los mayores problemas que han enfrentado muchas de las repúblicas caribeñas ha sido la tenencia de las tierras. Proporcionalmente, unas pocas familias son propietarias de grandes extensiones de terreno mientras que la inmensa mayoría de la población no posee tierras. Este desequilibrio, de naturaleza geográfico, ha sido la base de las luchas pro independencia y de las luchas armadas entre los grupos de poder y la población marginada.

Estas condiciones han concretizado toda una estructura informal en la región. La economía informal, conocida localmente como “subterránea”, “sumergida” o “buhonería” ha sido la respuesta de millones de caribeños a las continuas crisis económicas, políticas y sociales que han afectado al Caribe. Este sistema, en su mayoría de subsistencia, se ha consolidado a través de los años por lo que hoy día es difícil establecer un diagnóstico exacto sobre el alcance de esta economía en la región. Ejemplos de esta particularidad son los flujos económicos de divisas recibidas, producción y transporte de drogas ilícitas, trueques al detal, lavado de dinero y la evasión contributiva por parte de muchas corporaciones locales y extranjeras en la región.

Uno de los mayores retos que enfrenta el Caribe es el posible impacto del calentamiento global. El aumento en el nivel del mar representa una amenaza para las estructuras económicas, sociales y urbanas existentes. En las Antillas, la mayor parte de la población vive cercana a las costas y muchas de las actividades que sostienen las economías locales dependen de los atributos existentes en los litorales caribeños. Playas, puertos, hoteles, áreas de buceo y pesca, atracaderos, malecones turísticos y muchas industrias locales podrían verse directamente afectados en las próximas décadas. Todos los países de la región deben comenzar adoptar medidas para mitigar los efectos de la transformación de las costas, de los cambios en las temperaturas (particularmente el índice de confort para actividades turísticas), los efectos en la flora, la fauna local y la agricultura comercial, y la pérdida de espacio urbano. Ciudades primadas como Santo Domingo, Puerto Príncipe, Ciudad Panamá, San Juan, Kingston, Kingstown, Road Town, Charlotte Amalie, Basse Terre, Roseau, Fort de France, St. John, St. George, Georgetown y Bridgetown se verán afectadas significativamente por los cambios generados por el calentamiento global. Esto representa el 50% de todas las capitales caribeñas.

A pesar de los elementos negativos que han permeado sobre la geografía humana y sobre la historia del Caribe, el futuro de la región es prometedor. La diversidad de materia prima (renovable y no-renovable), la modernización en su infraestructura de producción, la accesibilidad natural en relación con los mayores mercados globales, la madurez alcanzada en la mayor parte de los sistemas políticos y su conectividad con los mayores polos de crecimiento, no solo con el hemisferio americano, sino también con Europa y Asia, son elementos que han comenzado a reconfigurar las estructuras sociales y económicas de todos los países caribeños. En la medida que mejoren las condiciones económicas mediante los tratados de cooperación regional y se adopten políticas para un desarrollo sostenible y equilibrado, la región se convertirá en un espacio vital de América del Norte y en un productor y consumidor importante. Las proyecciones de mejoramiento económico junto a las tasas de crecimiento poblacional apuntan hacia esta posibilidad en un futuro cercano.
Autor: Carlos Guilbe
Publicado: 16 de diciembre de 2011.

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