La mujer del abanico (1981) de Gilda Navarra

La mujer del abanico (1981) de Gilda Navarra

El Instituto de Cultura Puertorriqueña ha creado varios festivales de teatro cumpliendo con su objetivo de promover todos los aspectos de nuestra cultura. Para 1958 se inició el Festival de Teatro Puertorriqueño y en 1966 el Festival de Teatro Internacional. Estos festivales se llevaron a cabo en el Teatro Tapia, en San Juan.

El Festival de Teatro fue un proceso de creación múltiple sin paralelo en la historia del país, porque establecía una continuidad en la creación dramatúrgica, la cual había sido hasta entonces esporádica y dispersa.

El dramaturgo Francisco Arriví fue uno de los coordinadores de estos eventos dramáticos a los cuales se refirió como una “Operación Manos a la Obra dentro del Teatro”. Además de sus propuestas en cuanto al teatro puertorriqueño recogidas en seis volúmenes, fue director de la Oficina de Fomento Teatral del ICP-ahora programa de Teatro y Danza- hasta los años 80, sentando las pautas para el movimiento teatral contemporáneo de Puerto Rico a nivel profesional.

Hasta el presente el Festival de Teatro Puertorriqueño ha logrado estrenar 158 obras, entre comedias, teatro histórico, dramas de contenido social en su mayoría, mimodramas, teatro de imagen, fantasías, alegoría y teatro costumbrista. Esto es sin contar el respaldo al teatro infantil, a la Compañía Nacional de Ballet Folklórico Areyto y a los Ballets de San Juan.

Entre los dramas más representados en los Festivales de Teatro Puertorriqueño se destacan: Los soles truncos (1958) y La carreta (1961) de René Marqués; Tiempo muerto (1962) de Manuel Méndez Ballester; La pasión según Antígona Pérez (1968) y Quíntuples (2001) de Luis Rafael Sánchez; los mimodramas Ocho mujeres (1974) y La mujer del abanico (1981) de Gilda Navarra; Dos musas del agua: Sylvia y Julia (1985) de Ana García; ¿Quién mató a Héctor Lavoe? (2000) de Pablo Cabrera; y Voces (2000) de Myrna Casas.

La propuesta original de Arriví de montar el repertorio de obras de los dramaturgos boricuas existentes no pudo por varios años cumplir con nuevos estrenos puertorriqueños y se recurrió a la reposición de los antiguos. Más tarde se dio paso hacia otras estrategias escénicas de montaje con la aparición del teatro épico de Luis Rafael Sánchez, con personajes dispuestos a liberarse políticamente y como en el teatro de Myrna Casas, a autorrealizarse síquicamente.

Con la obra Quíntuples, estrenada en 1986, los personajes dan el salto cualitativo hacia su independencia e inmortalidad dentro del panorama y tema universal del presente escénico del teatro. Unos quíntuples y su padre -monologados- se han independizado de su autor y pugnan por establecer que lo importante no es el cuento sino quien lo cuenta, aforismo que les aparta de todo nacionalismo, para reclamar una identidad internacional boricua literaria. Valiéndose del viejo truco pirandelliano del personaje autónomo, el dramaturgo representa a través de seis personajes, interpretados por dos actores, una meditación sobre la manera de entretener a través del teatro, meditación que a la vez es reflexión sobre el viejo y el nuevo arte de hacer cuentos.

Otra aportación definitiva lo ha sido el teatro de Myrna Casas con un drama presumiblemente feminista en obras como La trampa, Eugenia Victoria Herrera y El Gran Circo Eucraniano. El personaje de María en Cristal roto en el tiempo es pesimista pues se inició aliado a la fuerte influencia del de René Marqués, para liberarse luego.

Otras obras fueron la obra-acuática de Pedro Adorno, Marea alta, marea baja, antecedido por La movida de Víctor Campolo (1974) de Luis Rosario Quiles y Foto-Estáticas (1985) de Rosa Luisa Márquez y Antonio Martorell.

En la cuadragésima sexta edición del Festival ha habido incursiones en el campo del teatro documento con el monólogo El Maestro de Nelson Rivera, dándole vida por vez primera al personaje de Pedro Albizu Campos en la escena boricua; y el ensemble de Luna Maluca, una creación de teatro total con performances, acrobacia, danza-teatro, máscaras y marionetas de Orlando González Rivera. También se repuso Vejigantes de Arriví como el primer Festival; y estrenó “Tres amores” de Carlos Miranda Hernández mostrando varias etapas de la vida y obra del poeta cialeño y líder del Partido Nacionalista Juan Antonio Corretjer.

Todas estas obras mantienen correspondencia con el contenido fundacional del Festival de Teatro Puertorriqueño y sus primeros cuatro estrenos. A pesar de que el cultivo del teatro nacional se dio como un hecho tardío en las letras nacionales, se tiene a la altura del siglo XXI, una obra cuajada en su elaboración y contenido, con una escena renovada a base de la influencia del teatro latinoamericano, europeo, caribeño y de Estados Unidos.
Autor: Jorge Rodríguez
Publicado: 6 de noviembre de 2008.

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