Mapa del Caribe

Mapa del Caribe

La región del Gran Caribe, la cual cubre un área de 4.31 x 106 km2, está constituida por todos los países que de forma total o parcial están bañados por las aguas del mar Caribe. Dicho conglomerado de países incluye desde las Bahamas en el norte, hasta Trinidad y Tobago en el sur; todos los archipiélagos del área, así como los países continentales con costas caribeñas de Centroamérica, Venezuela, Colombia y México (Ver mapa). En total, esta área comprende doce países continentales que bordean la cuenca del mar Caribe, así como catorce naciones insulares y siete territorios dependientes.

La región del Caribe exhibe una gran cantidad de recursos naturales de gran valor ecológico y económico, los cuales enfrentan grandes presiones. Entre dichos recursos se encuentran los siguientes:

Arrecifes coralinos

Los arrecifes coralinos constituyen uno de los ecosistemas marinos más productivos que existen. En la región caribeña están presentes el 9% de los arrecifes de coral del planeta, los cuales cubren cerca de 20,000 millas cuadradas. La mayor cantidad de estos sistemas se encuentran cercanos a las islas y frente a la costa de Centroamérica. Las condiciones y el hábitat de los arrecifes coralinos son de suma importancia para las actividades turísticas, como es el caso de la pesca recreativa y el buceo, ya que se estima que generan ingresos de entre tres y cuatro millones de dólares anualmente. Asimismo, los recursos marinos y costeros de la región ayudan a sostener una industria turística que se estima en cerca de doce millones de visitantes cada año.

Playas y dunas de arena

Las playas y las dunas de arena desempeñan una función vital ya que protegen las tierras del interior contra los efectos de temporales e inundaciones causados por huracanes, fenómenos que son muy comunes en la región. Además, sirven de hábitat a diversos recursos de flora y fauna. Entre sus muchas funciones, son de gran importancia para las tortugas marinas, ya que les proveen lugares para el anidamiento, sirven para la protección de los huevos y para la continuación de su ciclo de vida.

Manglares y praderas submarinas

Al igual que los arrecifes coralinos, los manglares y las praderas submarinas son zonas de gran importancia para la reproducción, protección y desarrollo de una diversidad de fauna silvestre marina y terrestre. Además, sirven como criaderos de especies de peces, mariscos y moluscos de importancia comercial. Los sistemas de manglares y praderas submarinas mantienen la estabilidad física de la costa y protegen los terrenos del interior del embate de las mareas, el oleaje y las inundaciones provocadas por los huracanes.

Problema

Sin embargo, estos valiosos recursos enfrentan serios problemas y amenazas que bien pudieran reducir no solo su valor ecológico sino además su contribución al desarrollo económico de la región. En el caso de los arrecifes coralinos, la amenaza reside en la presencia de sedimentos en las aguas, producto del uso inadecuado del suelo en las tierras altas y del dragado de cuerpos de agua. Los sedimentos bloquean el paso de la luz solar afectando el proceso de fotosíntesis y asfixiando el sistema. Por otro lado, existe la presencia de contaminantes producidos por el trasiego de petróleo y productos afines.

El aumento de la temperatura de las aguas del mar, producto del calentamiento global, ha resultado en el blanqueamiento de los arrecifes de coral, lo que provoca su desaparición y con ello la destrucción de ecosistemas completos. Se calcula que más del 42% de las colonias de corales en la región se han blanqueado completamente mientras que un 95% está experimentando algún tipo de blanqueamiento.

El derretimiento de las masas de hielo, producto también del calentamiento global, produce una elevación del nivel del mar, así como una expansión térmica de los océanos, lo cual afecta a las tierras bajas. Estos fenómenos tendrán una gran repercusión, además, sobre los manglares, las playas y las dunas de arena. Se estima que los impactos en la región serán superiores a los de otras áreas debido a la reducida extensión territorial de los países —particularmente las áreas insulares— ya que gran parte de las actividades de la población y los emprendimientos económicos y recreativos se llevan a cabo en su mayoría en la zona costera.

Los manglares y las praderas submarinas están sometidos a una creciente presión en toda la región, producto de la contaminación, sedimentación, dragado y recuperación de tierras costeras. El efecto acumulativo de estas actividades puede reducir drásticamente y hacer desaparecer la capacidad productiva de las zonas costeras. Los manglares, considerados con frecuencia como terreno marginal, están siendo rellenados, degradados y destruidos sistemáticamente a pesar de su importancia económica. El relleno indiscriminado de las áreas de mangles y pantanos para el desarrollo urbano es una equivocada política de planificación y desarrollo.

Por otro lado, el aumento del turismo y sus prácticas descontroladas también contribuyen al deterioro de los recursos naturales de la región. Este sector, el cual es muy dependiente de la calidad del medio ambiente natural, ha experimentado un aumento sostenido durante la última década, incluyendo la visita de cruceros. La industria de los cruceros atrae a la región caribeña el 50% del total de este tipo de pasajero en el mundo. El turismo, a pesar de que constituye una gran porción del producto interno bruto de algunos de países del Caribe, pudiera degradar de manera irreversible gran parte de sus recursos marinos y costeros.

El aumento, así como el impacto del turismo, ha repercutido sobre la base de recursos de la región de una manera negativa. Los impactos más importantes de la actividad turística sobre la base de recursos son los siguientes:

1. Construcción de hoteles y otras instalaciones (marinas, canales) en lugares de alto valor natural.

2. Descarga de aguas usadas, muchas veces sin ningún tipo de tratamiento, directamente a los cuerpos de agua costeros.

3. La utilización de todo tipo de vehículos recreativos, los cuales destruyen las dunas y su vegetación.

4. La recolección de corales y la sobrepesca, incluyendo la pesca con arpón.

5. La extracción de arena y la deforestación costera para el desarrollo de facilidades turísticas y residenciales.

Arrecifes en la costa de Belice

Arrecifes en la costa de Belice

Otro problema que enfrenta la región es la deforestación. En la medida en que los países de la región del Gran Caribe promueven programas de desarrollo económico en las áreas de manufactura, turismo y agricultura, la destrucción de bosques se acentúa. En muchos de estos países, el impacto de la deforestación es de tal magnitud que está comenzando a afectar la capacidad productiva a mediano y largo plazo. Se estima que más de 2 millones de hectáreas de bosques tropicales del Caribe se destruyen anualmente mientras que solamente 70.000 hectáreas son reforestadas.
La deforestación presenta como elemento asociado el problema de la erosión y sedimentación. Muchas de las cuencas más importantes de la región sufren los efectos de la destrucción de la vegetación para usos agrícolas, uso de leña y producción de carbón vegetal y la construcción de viviendas y carreteras. Este problema es de mayor envergadura en los países caribeños de América Central y el norte del continente, donde la razón de erosión del suelo se estima en 500 toneladas métricas por hectárea cada año. La erosión de los suelos interfiere con el ciclo hidrológico y aumenta la carga de sedimentos en los cuerpos de agua, incluyendo los estuarios y las bahías costeras. Además, interfiere con el uso del agua para los sectores agrícolas, recreativos y el suministro para la población.

La extracción de arena, para satisfacer las necesidades de la industria de la construcción, es otro de los serios problemas ambientales que enfrentan los países de la región. Esta actividad es una de las causantes de la destrucción de playas y dunas, particularmente en las áreas insulares.

La pérdida de la biodiversidad es otro problema serio. Uno de los factores más importantes que incide sobre la situación tiene que ver con la modificación y eliminación de los hábitats debido a las presiones de desarrollos urbanos y turísticos. Tal es el caso de las tortugas marinas cuyos lugares de anidamiento se ven afectados por el desarrollo de nuevos proyectos. De la misma forma, las aves acuáticas migratorias se ven afectadas por el relleno y desaparición de las áreas pantanosas y de las lagunas salinas. Otro factor asociado a la pérdida de la biodiversidad es la falta de recursos económicos y las condiciones materiales de vida. En estos casos, las limitaciones para adquirir alimento lleva a la utilización de especies de fauna como el manatí y las tortugas para satisfacer esa necesidad, así como parte del cuerpo de estas últimas (como por ejemplo, el caparazón) es convertido en artesanías y adornos para uso personal y para la venta.

Otro aspecto a considerar tiene que ver con los riesgos naturales y tecnológicos. Entre los riesgos naturales se encuentran los huracanes, la presencia de volcanes activos (Martinica y San Vicente), los terremotos (Haití) y las sequías. Los huracanes, las erupciones volcánicas y los terremotos han cobrado la vida de cientos de miles de personas. Por otro lado, el intenso tráfico de buques de todo tipo, la extracción de combustibles fósiles y la presencia de importantes complejos de industrias químicas y farmacéuticas exponen a la región al riesgo de desastres tecnológicos que amenazan a los sistemas naturales.

La protección y el manejo adecuado de los recursos naturales como garantía para el desarrollo sustentable de la región

Las acciones dirigidas a mejorar las condiciones socioeconómicas a nivel regional, deben tener como asunto de importancia primaria el manejo adecuado de los recursos naturales ya mencionados. Esto es así ya que el progreso y bienestar social, económico y político del Gran Caribe está estrechamente vinculado a la salud de sus sistemas naturales. A tales efectos se presentan las siguientes estrategias:

1. Evaluación del impacto que ciertas políticas públicas para el desarrollo pudieran tener sobre los recursos naturales de la región, como es el caso del desarrollo de proyectos agrícolas para la exportación, la atracción de actividades turísticas de alto impacto ambiental, y la minería de materiales y de recursos marinos (como la sobrepesca).

2. La aplicación de la planificación integral en las estrategias de desarrollo en la región. Durante los últimos años ha tomado preeminencia el concepto de planificación holística o integral en los programas de desarrollo. Dicho enfoque, a diferencia del enfoque sectorial, incluye todos los componentes de tal manera que las acciones en un área no inhabiliten las posibilidades en otros sectores. La aplicación de este enfoque de planificación tiene gran vigencia debido a la estrecha vinculación entre todas las áreas (terrenos del interior, la zona costanera y los sistemas marinos).

3. La incorporación de todos los sectores (actores) involucrados en la toma de decisiones sobre las políticas de desarrollo. Los diferentes sectores con injerencia en el proceso incluyen a los sectores del gobierno, empresarios, líderes comunitarios, la academia y a los usuarios de los recursos.

4. La creación de instituciones y centros de toma de decisiones que funcionen con eficiencia y efectividad. Una de las áreas a ser atendidas bajo este renglón debería ser la creación de instituciones y normativas regionales para atender incidentes que por su naturaleza y extensión afectan a toda la región, o que son comunes en todos los países que la componen.

5. La creación de un Centro Regional para la Educación y la Investigación Ambiental. Esta institución se encargaría de desarrollar programas y proyectos de capacitación a fin de despertar la conciencia pública y coordinaría con las universidades proyectos de investigación que atiendan aspectos particulares del manejo de recursos.
Autor: Carlos Maysonet
Publicado: 26 de diciembre de 2011.

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