Cuando el Estado no adopta medidas efectivas para proteger a los más necesitados, se intensifican los costos sociales. Los pobres y aquellos que tienen destrezas laborales o profesionales exportables, al sentirse excluidos, marginados o sin posibilidades de mejoría en sus condiciones de vida, consideran emigrar; buscar una salida personal. En el caso puertorriqueño, esa emigración se dirige a Estados Unidos debido a la válvula de escape que representa la ciudadanía estadounidense. La emigración de puertorriqueños a Estados Unidos resulta mayor que la de otros territorios que están o han estado bajo su control colonial o neocolonial. Este fenómeno tiene consecuencias sociales y humanas que suelen ser subestimadas. Cuando un puertorriqueño vive en la isla forma parte de una mayoría étnica, racial y cultural; en Estados Unidos, sin embargo, se convierte en minoría y pasa a ser víctima de discrimen por su origen étnico.

El emigrante puertorriqueño comienza a diferenciarse del que permanece en la isla de muchas formas, entre estas se considera que mientras la tasa de participación electoral en Puerto Rico sigue siendo relativamente alta (78%), en Estados Unidos es mucho menor. Cerca de dos terceras partes de la población de origen puertorriqueño en Estados Unidos no ejercen su derecho al voto o no se inscriben para votar. El voto para funcionarios locales puede ser una forma efectiva de legitimar un liderato que actúe en representación de los intereses puertorriqueños, como ha sido el caso de Luis Gutiérrez y Nydia Velázquez. También juega en esta experiencia migratoria, en ocasiones, la transferencia de lealtades nacionales. El término Hispanic-American, que se usa en Estados Unidos para designar a los descendientes de inmigrantes de Latinoamérica es similar en función identitaria al de African-Americans para referirse a los negros estadounidenses. Esto lo que quiere hacer notar es que ambos grupos étnicos no forman parte de la cultura dominante, blanca, europea y protestante. Samuel Huntington, en sus escritos sobre el efecto de las recientes olas migratorias sobre la identidad nacional estadounidense, insiste en que se limite la entrada de Hispanics, ya que considera que estos pueden tener un efecto contaminante sobre la salud y la integridad de la cultura blanca, anglosajona. Para muchos emigrantes esto desemboca en inseguridades personales respecto a su identidad, lo que en ocasiones termina en marcados sentidos de insuficiencia e inferioridad.
Algunos inmigrantes e hijos de inmigrantes consideran que la mejor forma de sobrevivir a esta discriminación es asimilándose. De esta forma pretenden camuflarse viviendo en vecindarios anglos y modificando sus nombres. Pero junto a estos que piensan de esta forma, también se encuentran los que añoran regresar a su país, los que perciben su cultura como más humana y digna que la estadounidense y los que insisten en crear núcleos colectivos de convivencia donde se valore la cultura tradicional y se viva con el folclor a cuestas.

 

 

 

Autor: José Javier Colón Moreira
Publicado: 4 de septiembre de 2015.

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