A fines de la década del cuarenta, surge un nuevo género llamado mambo, que junto al danzón y al chachachá suscita múltiples polémicas dentro de la música popular cubana. Este controversial estilo musical introduce elementos particulares o distintivos en el piano y el saxofón, y a raíz de esta y otras particularidades o características, se desarrollaron múltiples ideas o teorías que tratan de definir, describir y nombrar el novedoso estilo, repercutiendo así en polémicas sobre su origen, composición y originalidad.

En 1946, en una entrevista hecha a Dámaso Pérez Prado —a quien se le reconoce como el padre del mambo— asegura que el nuevo estilo musical era algo así como un “son mambo”. Para otros, el mambo es simplemente un baile latinoamericano en 2/4, o una voz espontánea repetida por los bailadores. En otra entrevista realizada a Pérez Prado, admitió que se le ocurrió trabajar el mambo escuchando las figuras sincopadas que había introducido el tresero Arsenio Rodríguez para ejecutar las trompetas en los montunos y estribillos y a lo que se le llamaba diablo. Pérez Prado acerca el problema al formato instrumental y sostiene que el mambo es sincopado y que los saxofones llevan la síncopa en todos los motivos, dependiendo de la estructura de la orquesta, si es saxofón o trompeta. Concluyó que el mambo nació de la trompeta, la cual lleva la melodía, y el bajo, el acompañamiento, combinado todo con bongoes y tumbas.

Múltiples son los aspectos cuestionables sobre el mambo. Entre los más sobresalientes se encuentran las características rítmicas. Para el periodista Manuel Cuéllar Vizcaíno, el mambo es una melódica guajira-son apoyada por un acompañamiento en que la base rítmica divide el compás en cuatro medios tiempos fuertes, formando un contraste con la melodía del son montuno y constituida por una serie de sincopados. Este análisis de Cuéllar Vizcaíno sitúa al mambo dentro del marco de la orquesta tipo charanga. Por su parte, el flautista Antonio Arcaño añadió a este análisis que el “nuevo” estilo es un tipo de montuno sincopado que se vale de la sabrosura rítmica del cubano en donde el pianista entra en el mambo, seguido de la flauta; mientras que el violín ejecuta en doble cuerda acordes rítmicos a la vez que el bajo, el güiro, el cencerro y las maracas se acoplan, y se fortalece el timbal.

Para la musicóloga cubana María Teresa Linares, el bajo sincopado del danzón dio origen, hasta cierto punto, al género bailable llamado mambo y también, al chachachá; pero que ni el bajo en el danzón de nuevo ritmo es sincopado, ni Pérez Prado inventó el mambo, ni Enrique Jorrín el chachachá. Múltiples son las teorías sobre el surgir y la procedencia del mambo, y evidente ha sido la transformación y transición de los ritmos que han culminado en lo que se reconoce como mambo, pero difícil ha sido que se pongan de acuerdo en ofrecer una definición concreta sobre tan controversial ritmo. A la larga, en muchos casos, todo se reduce a la utilización errónea o no de la palabra mambo.

Aparte de las características cuestionables sobre el ritmo, también se polemiza en torno al origen de la palabra y si es correcta la forma en la que se aplica dentro del terreno musical. Entre las teorías sobre la procedencia de la palabra mambo, el musicólogo Odilio Urfé alega que en la ceremonia vudú se le llama mambo a la sacerdotisa que oficia el acto religioso. También asegura que la palabra mambo es común entre los que practican la rumba columbia, y que significa: exigencia, asentamiento en la acción de ejecutar una columbia. También distingue la existencia del palo mambo, un toque de raíz africana. En fin, concluye que el fenómeno musical conocido como mambo ha existido siempre, pero con otros nombres y que en muchas ocasiones la palabra ha sido utilizada erróneamente por algunos músicos, porque son pocos los que logran el hecho musical al cual se le debe llamar mambo. Sobre esto se argumenta que para obtener un mambo genuino, los instrumentistas deben emplear efectos rítmicos solamente en el clímax. Que el mambo se trata de un ritmo contra ritmo y no de melodías definidas.

El mambo y la idea que de este se tiene se consolidó con la llegada de Dámaso Pérez Prado a México en 1949, año en que grabó el disco titulado José y Macané. Pero, fue con la grabación, en ese mismo año, de Mambo No. 5 y Qué rico el mambo, que le abrieron las puertas al éxito. Fue en México donde grabó mambos con Benny Moré como cantante y también como creador de algunas piezas de este género. Pérez Prado alcanzó gran acogida gracias a su estilo original y moderno como compositor, orquestador y por la gran calidad de músicos que integraban sus orquestas.

En 1963, el afamado escritor Alejo Carpentier afirmó que el aporte de Pérez Prado a la música mundial y cubana fue grande y valioso ya que en primera instancia trajo a la música cubana el factor percusivo principal a los instrumentos de metal y una subdivisión de compases, así como una destrucción de las divisiones musicales en los tiempos débiles y los tiempos fuertes que enriquecieron con su diversidad y variación ciertos elementos básicos de la música cubana.

En la década de los cuarenta, la tradición latina se había impuesto en Nueva York, destacándose principalmente los ritmos musicales; las bandas afrocubanas alcanzaron gran popularidad y esto aportó a que el mambo alcanzara en tan poco tiempo el auge que lo caracterizó. Cuando Pérez Prado llegó a Nueva York en 1952, ya el camino estaba propicio para que el mambo se impusiera en la forma en que lo hizo.

En fin, como bien señala Leonardo Acosta, para que un nuevo género se establezca debe cumplir con varios requisitos, como por ejemplo, los patrones rítmicos, el estilo de orquestación, la forma o estructura, etc. Por todo esto, y a pesar de las evidentes influencias, Pérez Prado cumple con haber establecido un nuevo género y estilo musical conocido como mambo.

 

 

 

Autor: Grupo Editorial
Publicado: 21 de febrero de 2012.

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