En materia económica existen dos términos de vital importancia en la salud económica y social que una nación pueda disfrutar. Estos son: crecimiento y desarrollo económico. Ambos términos poseen distintos significados, pero un total paralelismo en su función. Este paralelismo va a depender en gran medida de la habilidad que puedan demostrar las autoridades pertinentes en establecer una política pública y económica que redunde en beneficio para sus constituyentes y principalmente, que llene las expectativas de su población.

El crecimiento económico supone un aumento en las variables macroeconómicas de forma sostenida, ya sea por incrementos en el producto interno bruto real, en los niveles de empleo o en los planes efectivos de inversión dirigidos a aumentar el capital físico de la nación. La magnitud del crecimiento está estrechamente ligada a la productividad que pueda demostrar una economía, lo que a su vez depende de sus cuatro determinantes básicos: capital humano, capital físico, recursos naturales y conocimiento tecnológico.

Por el lado del desarrollo económico, se debe demostrar la capacidad de aumentar el nivel y la calidad de vida de la población de forma sostenida. Esto último va entrelazado al crecimiento económico, ya que en la medida que una nación experimente crecimiento económico deben ir en aumento los niveles de escolaridad, salud, alfabetización, etc. Al final del camino, es responsabilidad del Estado, o de las entidades gubernamentales encargadas de establecer política públicas, garantizar un mejor nivel y calidad de vida al tener como función la distribución del ingreso que resulte del referido crecimiento.

Para entender cómo ha sido el desenvolvimiento de estos dos temas en la región del Caribe debemos establecer varias características históricas, sociales y económicas. La región del Caribe en su totalidad ha experimentado en algún momento de su historia una relación metrópoli–colonia (en muchos casos ya no existe una relación política de colonia, pero persiste la dependencia económica).

Las naciones caribeñas, desde su colonización, sufren de la explotación —extracción desmedida de la riqueza natural y establecimiento de la esclavitud— y dependencia de sus colonizadores. Esta característica es importante resaltarla debido a que establece un comportamiento económico para la región en términos de crecimiento.

En primer lugar, la riqueza de estas naciones estaba destinada exclusivamente a la metrópoli y evitaba la acumulación de capital por parte de los nacionales. Segundo, esto tuvo como consecuencia la importación de la mayoría de los bienes de consumo de los locales, que en su mayoría provenían de la misma metrópoli. Tercero, este cuadro mantuvo por mucho tiempo a los habitantes de la región bajo los niveles de pobreza. Cuarto, dado lo anterior y a la falta de acumulación de capital, la inversión en capital físico para la producción a futuro era limitada por parte de los nacionales; lo que evitaba a grandes rasgos el crecimiento económico.

Aunque en cierto sentido, hoy en día muchas de las naciones caribeñas han cambiado su panorama económico, aún persiste una marcada sensibilidad de estos países a los ciclos económicos de los países desarrollados. Cuando se experimenta un ciclo recesivo, como el de la última década, se hace evidente una merma en el desempeño económico caribeño, dado en gran medida por la baja en las inversiones extranjeras y las locales. Esta situación redunda en un aumento significativo del gasto público para estabilizar la situación fiscal, por ende desencadenando en el endeudamiento. Muchos de los países caribeños presentan un cuadro marcado de deuda externa y muchos de sus constituyentes viven bajo la línea de pobreza. Ciertamente, la situación de endeudamiento y de los niveles de pobreza no brindan espacio para que, en términos agregados, aumenten los niveles de ahorro necesarios para la inversión a futuro (inversión en capital físico para la producción). Además, de que para mucho de estos países, el turismo representa el sector económico principal y en momentos de recesión siempre se experimentan bajas en la demanda de este servicio.

Otra característica importante en el desempeño económico de esta región es la gran fuga de capital humano que experimentan. Esta fuga de capital humano resulta negativa en la planificación económica local. Representa un golpe más a la posibilidad de crecimiento debido a la sensibilidad de los ciclos económicos, dada una baja en las remesas enviadas por los emigrados en tiempos de recesión.

Definitivamente, la región debe mejorar la capacidad de inversión local, ya sea pública o privada, que es sustentada por el aumento en los niveles de ahorro y así lograr un mayor crecimiento económico.

En cuanto al desarrollo económico, este depende de la capacidad redistributiva que tengan los países a través de sus políticas gubernamentales para garantizar una mayor equidad y mejorar los programas sociales. Ciertamente, deben controlar en gran medida las finanzas públicas, que son vitales para el establecimiento de los programas de desarrollo.
Autor: José Ramón Rey
Publicado: 14 de marzo de 2012.

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