Los puertorriqueños en Puerto Rico y en la diáspora, así como en todos los países del Caribe hispano, históricamente han rechazado, o por lo menos relegado como inconsecuente, la herencia cultural negra. A pesar del hecho de que en Puerto Rico y en las comunidades puertorriqueñas de la diáspora se coma comida negra, se baile música basada mayormente en los ritmos afrocaribeños y las prácticas religiosas más populares tengan bases africanas, todavía se niegan las raíces negras de los pueblos caribeños. Este rechazo tiene su base en la historia de las políticas seudocientíficas sobre las razas del siglo XIX en Latinoamérica y el Caribe. Este racismo internalizado está muy arraigado de las fibras de la sociedad. Como resultado, existe una miopía cultural, social e histórica que no permite ver claramente las manifestaciones de las herencias africanas en varias de las facetas del diario vivir del pueblo puertorriqueño.

Sin embargo, la negación psicológica de lo negro no causa que desaparezcan de la vida cotidiana las manifestaciones africanas de la realidad social-cultural y religiosa. La teoría social hace hincapié en que el hábito social es usualmente, si no siempre, una rutina que se realiza inconscientemente en las vidas de los seres humanos. Por ende, aunque se quiera o crea, por ejemplo, que lo negro tiene solamente un aporte pequeño en la vida, la realidad puede ser muy distinta. El racismo internalizado de pueblos del Caribe hispano ha tenido ramificaciones en las actitudes hacia las religiones de trasfondos africanos como lo son la santería, el vudú haitiano o dominicano, el candomblé, el espiritismo y el palo monte. Dado al menosprecio a la descendencia africana, se han desdeñado las espiritualidades africanas, hasta el punto de que se practican mayormente en secreto. No obstante, así como el racismo se encuentra en las fibras de la sociedad, también las herencias culturales, sean africanas o indígenas, se encuentran en las fibras del ser humano. Las religiones, por consiguiente, no surgen en un vacío. Es imposible que las prácticas religiosas del presente no estén influenciadas por las raíces africanas. Otto Maduro, eminente sociólogo de Ia religión, indica (1977):

“Ninguna religión opera en el vacío. Toda religión, cualquier religión —sea lo que fuere lo que entendemos por religión—, es una realidad situada en un contexto humano específico: un espacio geográfico, un momento histórico y unos medio ambientes sociales concretos y determinados. Toda religión, cualquier religión —sea lo que se entienda por religión—, es siempre, en cada caso concreto, la religión de determinados seres humanos. Una religión que no sea la religión de determinados seres humanos seria inexistente, seria —pues— una pura fantasía de la imaginación”.

Adivinación

La adivinación, la posesión espiritual y la sanación divina son aspectos evidentes de la religiosidad puertorriqueña y caribeña en los cultos de adoración pentecostales. Pastores laicos, por ejemplo, son poseídos por el espíritu santo (de acuerdo a sus creencias) y dotados de un conocimiento especial que les brinda información íntima sobre las vidas de personas presentes en sus servicios. De hecho, el acceso a información o adivinación se considera crucial en las prácticas religiosas del Caribe siendo un aspecto central en la santería, el vudú haitiano, el candomblé, el palo monte y el espiritismo. La teología cristiana del Espíritu Santo ofrece una gran riqueza de categorías que son fértiles para la reinterpretación por las tradiciones afrocaribeñas. En la religiosidad caribeña se espera que la divinidad utilice a la religión como una guía en la tierra, especialmente en momentos difíciles. La adivinación, provista por individuos poseídos por el Espíritu Santo, apela al habitus puertorriqueño, así como lo hacen las tradiciones afrocaribeñas. Al igual que estas últimas, el movimiento pentecostal puertorriqueño busca entender el futuro de todas las etapas y aspectos de la vida, sean estas en materia de salud, trabajo o amor.

Posesión espiritual

La posesión espiritual es una experiencia fundamental sobre la cual descansa la experiencia pentecostal puertorriqueña. La posesión espiritual, considerada a la par del bautismo del Espíritu Santo, se entiende como el empoderamiento para vivir una vida religiosa apropiada y la habilidad para poder sobrellevar los obstáculos que no permitan vivir vidas prósperas. Consecuentemente, lo positivo en la vida no puede acontecer sin la posesión del Espíritu Santo. Se enseña que cuando al individuo se le monta el espíritu, ya esa persona no tiene control sobre su cuerpo ni mente, sino que son guiados por el Espíritu Santo. Un coro muy popular dice: “No vivo yo, vive Cristo en mí. Para mí el morir es vivir, para mí el morir es vivir”. Este proceso por el cual un individuo ya no tiene control sobre su vida cuando el Espíritu Santo toma posesión de su cuerpo se asemeja a lo descrito por la eminente Lydia Cabrera (1992):

“El ego, pues de un individuo a quien ‘le da santo’ es sacado arrojado por este fuera de su cuerpo, o de la cabeza, ‘ori, que es Ia que manda el cuerpo’, queda anulado y lo sustituye el orisha, el npungu o el fumbi. Y ya no hay ni Pedro ni Juana ni María. Es Yemaya o Chango u Oshun o el santo que lo agarre”. (p.28)

El permitir que Dios o las divinidades tomen control es algo que el pentecostalismo y las tradiciones afrocaribeñas tienen en común.

Sanación divina

La creencia en la sanación divina no es un concepto ajeno en la Iglesia romana católica ni en las Iglesias protestantes históricas, pero tradicionalmente su rol es minúsculo. Sin embargo, en las Iglesias pentecostales latinas y puertorriqueña como en otras religiosidades subalternas la sanación divina tiene un rol mucho más prominente. MacRobert está correcto cuando sugiere que hay elementos de la tradición cristiana —como el hablar en lenguas desconocidas y la posesión del espíritu— que personas de descendencia africana pueden interpretar y encontrar afinidad de creencias y prácticas con su herencia religiosa. Las investigaciones de campo en los cultos pentecostales han demostrado que siempre se menciona el poder de Dios en la sanación de enfermedades. Muchos de los pentecostales testifican haber recibido sanación de cáncer y otras enfermedades fatales. Sanaciones de enfermedades más comunes como dolores de cabeza y la adicción a las drogas también son comúnmente mencionadas. El poder de sanar a los enfermos se usa para atraer a otros al camino pentecostal.

El rol de la música y el cuerpo

La importancia que tiene la música en los ritos y ceremonias de las tradiciones africanas y afrocaribeñas es muy similar en el culto pentecostal latino y puertorriqueño. Ha sido muy aparente, durante la observación de cultos de adoración pentecostales, que la música y el uso de los cuerpos de los creyentes sean clave en el lograr contacto con lo divino. Esto se ve muy claro en el entrelace de la repetición de los “coritos” y los movimientos físicos de los predicadores con la intensidad emocional que consecuentemente ocurre entre los creyentes. El resultado de la música y los cánticos que se repiten con intensidad usualmente termina con una infusión del Espíritu Santo sobre los creyentes. Cuando esto ocurre, los cuerpos de los creyentes que reciben o son posesionados por el Espíritu Santo son estremecidos y comienzan a hablar en lenguas desconocidas o a profetizarles a los congregados. Nunca se observó durante las investigaciones de campo el que algún individuo fuese posesionado por el Espíritu Santo sin que primero hubiese música o cantos y gritos. Lydia Cabrera comenta sobre las fiestas y hace una observación similar a lo que acontece en los servicios pentecostales. Cabrera (1983, p.33) dice:

“En las fiestas lucumis, en los toques de tambor en acción de gracias con que se honra y se divierte a los orishas, la posesión es sugerida por los tambores y las maracas, los cantos y los bailes”.

Las características y el comportamiento exterior de las dos experiencias son muy similares. El contacto con las deidades surge primariamente a través de la música y el cántico con los movimientos corporales.

Conclusión

La presencia de lo sagrado en todos los aspectos de la vida cotidiana es central entre los puertorriqueños y los caribeños. El ser sanado, guiado y el tener algún entendimiento del futuro de parte de Dios es muy común en las prácticas religiosas en Puerto Rico y el Caribe. El deseo de satisfacer estas necesidades culturales, religiosas y espirituales no ha encontrado un hogar entre las iglesias protestantes euroamericanas. El movimiento pentecostal encabeza muchas características similares a las iglesias protestantes, pero también incluyen cualidades que contienen una afinidad con las sensibilidades afrocaribeñas. El pentecostalismo, con su énfasis en el mundo de los espíritus, adivinación, sanación, y la posesión de espíritus, ofrece una panoplia de creencias con las cuales los puertorriqueños pueden identificarse y las cuales pueden reinterpretar. Estas sensibilidades, muy afines a las características culturales y religiosas africanas que se encuentran en el Caribe, proveen, por una parte, un vehículo de revitalización hacia la cosmología sagrada afrocaribeña y, por otra parte, una resistencia antiasimilista que el movimiento ha forjado entre el pueblo puertorriqueño en el exilio. Los puertorriqueños pentecostales participan del cristianismo de los Estado Unidos y a su vez expresan sus más sinceras convicciones espirituales. La composición estructural de las iglesias guiadas por el Espíritu Santo también provee un liderazgo puertorriqueño que, por primera vez, crea una situación en que el pueblo puertorriqueño puede lograr un nivel de control sobre su trayectoria religiosa. Esta habilidad de tener poder religioso es indispensable en proveer expresión cultural y religiosa a la comunidad puertorriqueña.

Después de tantos años de subyugación con prácticas religiosas impuestas, los puertorriqueños experimentan un gran nivel de libertad de expresión religiosa sin tener que completamente abandonar la religiosidad, creencias y comportamientos de la sociedad norteamericana. Es posible sugerir que la hibridez del vudú haitiano y la santería con el catolicismo, las cuales proveyeron oportunidades de expresiones religiosas, culturales y políticas para los cubanos y haitianos, ha sucedido de una manera similar para los puertorriqueños por medio del movimiento pentecostal. Como resultado, existen manifestaciones de prácticas puertorriqueñas afrocaribeñas operando abiertamente, pero frecuentemente no notadas en muchas calles y barrios en los centros urbanos en los Estados Unidos.

Este artículo fue adaptado por el Grupo Editorial
Autor: Samuel Cruz
Publicado: 4 de septiembre de 2015.

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