Proliferación de las vallas publicitarias: una razón, dos justificaciones

 

El tema de la degradación ambiental desborda los límites naturales ecológicos y se extiende a los contornos urbanos de convivencia cotidiana, incluyendo, sobre todo, los espacios visuales.

Es particularmente lamentable que la proliferación de vallas publicitarias en los expresos, avenidas y calles del país continúe en la impunidad. La justi­ficación que manejan los intereses comerciales que promulgan esta práctica depredadora es simple: es una actividad económica altamente rentable, un buen negocio que genera empleos y riqueza que, como tal, no debe estar sujeta a límites impuestos por el Estado. Esta lógica valida la noción de que la política sobre el uso de los espacios públicos debe privilegiar prácticas de mercado libre que generan prosperidad, es decir, progreso.

Para contrarrestar la oposición de aquellos sectores que lamentan el efecto negativo de las vallas sobre el espacio vital, los proponentes de este medio publicitario utilizan dos argumentos. Uno alude a la santidad de la propiedad privada: el dueño de una propiedad tiene derecho de usarla para su beneficio personal, incluyendo su alquiler para fines publicitarios; mientras otro reclama el derecho inalienable a la libre expresión, extendido a mensajes publicita­rios. Afortunadamente, ambos argumentos han sido descalificados por decisiones jurídicas de tribunales de Estados Unidos. De hecho, ya hay varias jurisdic­ciones (estados) en ese país que prohíben el uso de vallas publicitarias, por considerarlas adversas al bien público.

Pero en Puerto Rico, irónicamente, vamos en sen­tido inverso. Hasta finales del siglo XX esta práctica publicitaria estaba prohibida por ley y por lo tanto, estábamos a la vanguardia de las políticas públicas. Pero, desafortunadamente, todo cambió. El gobier­no legisló su legalización en la última década, tras años de presión política proveniente de los intereses mediáticos. Comenzó entonces la propagación des­controlada de las vallas, como una plaga cada vez más extendida y dañina. El país espera hoy por una política pública que restaure la prohibición anterior, la cual en un pasado no muy remoto, fuera motivo de orgullo para todos.

De la redacción de Puerto Rico en el mundo

Autor: Proyectos FPH
Publicado: 22 de enero de 2008.

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