Portada Puerto Rico en el mundo

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En el film Horse Feathers (1932), el profesor Quincy Adams Wagstaff (Groucho Marx) realiza un curioso primer acto académico: la subasta de la institución. El mallete que simboliza el poder académico se convierte en el indicador del mercado. A éste, su primer acto académico, le sigue un paso de voudeville en que el claustro, en pleno, solemne­mente ataviado, baila en torno a su flamante nuevo presidente, quien, según expuesto en su discurso inaugural, ha dejado atrás y para siempre la vieja universidad. El proyecto de Wagstaff se resume en un objetivo: hacer que el equipo de fútbol de Huxley College gane el campeonato. Para ello contrata los servicios de dos mafiosos (Chico y Harpo Marx) quie­nes, del bajo mundo del contrabando, se convierten en los tramposos que llevan a la Universidad, final­mente, al mundo mediático de los grandes estadios y las multitudes.

De aquí en adelante es epílogo: la codiciada viuda Conney Bailey, esa eterna estudiante que pulula entre alumnos y profesores, como resto, como corpus universitario y de quien el hijo de Wagstaff está enamo­rado, finalmente es seducida por el padre-presidente quien, al terminar la obra, se casa en un curioso ména­ge a quatre (junto a Chico y Harpo) con ella.

Horse Feathers resume genialmente la metamorfo­sis de la universidad en el último siglo en tres figuras: espectáculo, mafia, incesto. Lo primero será reconocer el hecho de que el papel del sabio desaparece para siempre: cuando el pesado e impresentable presidente saliente le pide a Wagstaff un discurso mesurado, con proyectos académicos supuestamente esperados por la audiencia, al desaforado orador, éste le humilla y le envía a “su casa, donde debe estar esperándolo su mujer”. (Curiosamente, Blue Angel –Josef von Sternberg, 1930- presenta el mismo tema, el del sabio como payaso). La posición de saber, convertida en un lugar imposible, quiere decir la muerte de un rol, de una forma de ser; lo insostenible de la posición del profesor como sujeto de saber. El saber pierde su autoridad y con esta pérdida, se pierde también el portador.

Este primer elemento de la mutación de la institución universitaria, el del espectáculo, produce su propia agenda y escala de prioridades: es más importante una publicidad periodística (iba yo a decir televisiva) para un docente que una investigación académica en su campo de especialidad. De igual forma, se procura una imagen de la universidad al gusto popular, (perdón, quiero decir, al gusto del público), mediada por los filtros de la tem­poralidad radial o periodística. El saber, en todo caso, debe poder encuadrarse en el medio noticioso, pero el saber nunca será noticia. De aquí surge un nuevo tipo de censura: una censura difusa, de lo que se va quedando fuera de la gran corriente, del main stream universitario, léase los investigadores en disciplinas que antes se llamaban puras (filosofía, matemática, humanidades, ciencias en general). La universidad­ espectáculo, simplemente, no tiene ojos para ver este tipo de actividad.

Marx Brothers

Marx Brothers

El segundo elemento que resume la crítica de Marx a la Universidad es la progresiva intervención del elemento mafioso. Enfocada en el espectáculo, esta universidad deberá conectarse con el mercado de la publicidad, y para ello, deberá adoptar sus reglas, las reglas del mercado. Wagstaff es, por ello mismo, el epítome de un autócrata cuyas decisiones son el re­sultado de su único y exclusivo deseo. No tiene nadie a quien dar cuentas: así, cuando dos miembros del claustro (sus ayudantes) se le acercan en una clara actitud de adulación, no es para asesorar o colegiar el proceso decisional, sino para mantenerse adecuada­mente en la nómina institucional.

Un elemento importante que no debemos pasar por alto: la relación de sangre de Wagstaff. En efecto, su hijo, amante de la viuda Bailey, es además uno de los jugadores estrella del equipo de fútbol. Esta vinculaciónn pone de manifiesto el carácter claramente ma­fioso del gobierno universitario: la sangre y, con ella, cierta erótica sobre el corpus de la viuda, una especie de eterna estudiante como he dicho, se convierten en los principios de la lealtad del flamante presidente. La comedia quiere entonces que Wagstaff seduzca a la novia de su hijo, que ésta a su vez intente obtener ciertas claves del juego para filtrarlas a los dirigentes del equipo contrario, mientras que el hijo engañado por su amante y por su padre realiza prácticas para el juego; en tanto los dos mafiosos contratados por Wagstaff para amañar el resultado se unen gozosa­mente al club de los seductores de la bella viuda.

El carácter claramente mafioso conduce en esta nueva universidad, por fin, a un tercer elemento: el incesto. Cuando hablo de incesto no me refiero al conocimiento sexual entre ascendientes y descen­dientes. Me refiero a cierto grupo de circunstancias y características que rodean el evento incestuoso. Por ejemplo: la cerrazón de los lazos frente al mundo ex­terior, la ausencia de circulación libre de información, y el secreto. Esta sensación de compartir un secreto que no puede salir de nosotros, bloquea la libre circulación de la información. La vida académica se ha convertido en una pantomima en que cada cual actúa -en el sentido dramático- y siente que actúa, desde una posición de saber irrepresentable. Pero que no se sepa, y que no se hable. (De aquí que el acto académico con que se inicia el film sea el de un claustro en solemne sesión académica, mientras baila al compás de las nuevas melodías del discurso de inauguración de Wagstaff.) Volviendo al secreto, es que el secreto, digámoslo así, ya viene con el crimen -después de todo, el incesto es un crimen contra el Padre, contra la Ley, aunque sea el padre biológico el perpetrador-, el secreto del crimen es compartido por Wagstaff y sus socios mafiosos. De aquí que al final se celebre la extraña boda entre los cuatro: los tres confabulados y la viuda Bailey. El hijo de Wagstaff, el amante original de la viuda, ha desaparecido de la escena.

Wagstaff se ha quedado con los restos de la Univer­sidad, con ese corpus delictuoso del que esta excluido el hijo. La figura de la viuda es un remanente de la Uni­versidad, es lo que Nietzsche llamaría el plomo que re­sulta de las reacciones en cadena, cuando la metáfora universidad se ha cristalizado y ya no puede moverse química o físicamente a otro elemento, o sea, cuando ha llegado a su fin como evolución, convirtiéndose en cosa plomiza. Es interesante constatar que la desaparición del hijo de Wagstaff como pretendiente de la viuda significa la incapacidad reproductiva del modelo impuesto por la nueva racionalidad universitaria.

Horse Feathers trata, en fin, de la cristalización de un modelo publicitario, espectacular de la universidad que deja desierto el lugar del saber, irrepresentable el papel del profesor, mediante un amafiamiento de las prácticas universitarias que desemboca en un evento parricida, en un modelo incestuoso que impone el silencio, nueva censura al interior de la institución, y el engullimiento del corpus simbólico de la universidad tradicional. Una universidad, en fin, incapaz de reproducción, auto devorada.

Carlos Gil
Filósofo y abogado
Universidad de Puerto Rico Río Piedras

 

 

Autor: Proyectos FPH
Publicado: 27 de septiembre de 2010.

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