El capital extranjero ejerció una gran influencia en la economía de Puerto Rico desde finales del siglo XVI. Los franceses atacaron la aldea de San Germán en 1528, esto obligó a sus pobladores a moverla. El comercio con franceses, ingleses y holandeses se intensificó en el siglo XVIII, lo que llevó a la Corona y a sus funcionarios en la isla a preocuparse por el contrabando. Este concepto planteaba como delito el comercio con otras naciones europeas. En 1765, Alejandro de O´Reilly le informó al rey de España que “el trato ilícito que en las demás partes de América es tan perjudicial a los intereses del rey y del comercio de España, ha sido aquí muy útil”. Los puertorriqueños vendían a los extranjeros vacas, caballos, mulas, palo de mora, café, tabaco, pimienta, plátanos, carey, guayacán, úcar y compraban olanes, pañuelos de Holanda, pañuelos de seda, platillas, sarazas, sombreros, medias de seda, tafetán, harina, cera, vino tinto, aguardiente, azadas, machetes, plomo, pólvora y perdigones. Los extranjeros identificados por O´Reilly eran holandeses de Curazao y San Eustaquio, daneses de Santo Tomás y Santa Cruz e ingleses de las Antillas Menores. En el informe de O’Reilly se puede leer el interés de la Corona por generar estrategias para extraer las riquezas de la isla y para detener el comercio ilícito. Sin embargo, este comercio era muy lucrativo para los criollos y continuó con intensidad. Un ejemplo del éxito criollo en el negocio del contrabando está en Miguel Henríquez, zapatero de oficio que se lanzó al mar a comienzos del siglo XVIII y amasó una fortuna en el corso y el contrabando hasta poseer veinticinco barcos.

A finales del siglo XVIII surgieron cambios en la política española. En 1783, don Francisco Martínez y la Costa sugirió que las tierras baldías fueran concedidas a gente de empresas de cualquier nación que contara con capitales suficientes para desarrollar la agricultura. En 1804, una real orden estableció el comercio con naciones neutrales en la fase inicial de la lucha entre Inglaterra y Francia, en la etapa inicial de la invasión napoleónica de España. Entre 1796 y 1801, quince buques de Estados Unidos fueron admitidos al puerto de San Juan.

En 1798, Toussaint Louverture, general haitiano, derrotó a los ingleses que buscaban someter la revolución iniciada por los negros en busca de su libertad. Los aristócratas franceses habían sido derrotados tiempo antes en la zona francesa de la isla de Saint Domingue. Este evento llevó a la debacle a la empresa azucarera más exitosa y lucrativa del Caribe. Gran cantidad de los franceses que huyeron de la Revolución haitiana se mudaron con sus esclavos a la zona sur de Puerto Rico e iniciaron actividades agrícolas en la caña de azúcar y el café. El vacío dejado por la destrucción de la colonia francesa provocó la subida de los precios y abrió un amplio mercado sediento de azúcar. Es en esta coyuntura que entró Puerto Rico a competir en el mercado mundial con la aprobación de la Cédula de Gracia de 1815, la cual abrió los puertos al comercio extranjero y a la inmigración. Se concedieron terrenos y créditos a largos plazos a extranjeros que trajesen maquinaria, esclavos y capitales a la isla. El resultado fue dramático, de 1815 a 1825 se estableció en Ponce el grueso de los capitales extranjeros. Entre 1813 y 1821 las cuerdas dedicadas a la caña en Ponce se triplicaron y la producción se expandió notablemente. Los responsables de este cambio fueron en su mayoría extranjeros, inmigrantes franceses, ingleses, alemanes, italianos y de otras nacionalidades, además de españoles de distintas partes de la península.

En el sector del café, un grupo importante de extranjeros fue el de los corsos, que se estableció en la zona montañosa de Puerto Rico. Un ejemplo notable de la influencia de este grupo en la economía de la isla se encuentra en la familia Mariani-Pietri, que controló la tenencia de tierras en Yauco, el transporte del grano y el comercio del café en el puerto de Ponce. Para finales del siglo XIX existía en la isla un consulado francés, uno holandés, un consulado inglés en Ponce y varias casas comerciales alemanas. En la década de 1890 se fundaron en el norte de la isla tres centrales azucareras de origen inglés y una de origen alemán. Estos intereses enfrentaron la invasión estadounidense a Puerto Rico en 1898. Contrario a la tesis de muchos historiadores en el pasado, este evento no representó el final de la influencia de los capitales europeos sino, al contrario, la integración al sistema político económico instaurado por los estadounidenses en los sectores productivos de la caña y el tabaco. Para el político puertorriqueño Luis Muñoz Rivera, la influencia de los capitales extranjeros era la causa de la emigración de los capitales que fomentaban el lujo de otras ciudades y la pobreza de Puerto Rico.

 

 

 

Autor: Amílcar Cintrón Aguilú
Publicado: 15 de septiembre de 2014.

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