Introducción

Todo cambia. El paisaje que asumen los caribeños al día de hoy: los terrenos montañosos, los llanos costeros, los barrios coloniales; todo es el producto de miles y millones de años de formación y erosión de la Tierra, los cambios en el clima y en el mar, el crecimiento de las plantas y de los animales, y en los últimos miles de años, la intervención por la actividad humana. Es común confundir el paisaje con la geografía. La geografía de una localidad es la forma que tiene la superficie, incluyendo la topografía (montañas, llanos) y la hidrografía (ríos, lagos, mar). El paisaje es la interpretación humana de dicha composición natural y su incorporación a la concepción social de lo que es el espacio vivido. Comprender el paisaje caribeño hoy en día requiere de una mirada al pasado y del entendimiento de cómo cambia la geografía en el tiempo.

El cambio geográfico como proceso: desgaste, erosión, transporte y deposición

Todos los cambios en el planeta requieren energía. La energía generadora de los cambio en nuestro planeta proviene de dos fuentes: la insolación (energía solar) y, en menor grado, la energía volcánica. Dado que la Tierra tiene forma esferoide, la insolación se recibe de manera diferencial en distintos puntos del planeta. Esta energía solar se absorbe en la atmósfera y en los océanos (en forma de calor), y se distribuye a las áreas que reciben menos energía. Este sencillo proceso de transferencia de calor es lo que les da inicio a las corrientes marinas y atmosféricas. La forma y dirección que tomarán dichas corrientes se modifica por la fuerza de Coriolis y la localización y forma de las masas terrestres (tanto de las superficies sumergidas como de las expuestas al aire). La interacción entre la insolación, el movimiento de las masas de agua caliente o fría en los océanos y el movimiento de aire caliente o frío, húmedo o seco, son lo que dan forma al clima.

La energía volcánica tiene su origen en el núcleo del planeta mismo, sobre el cual se mueven las placas tectónicas. La actividad volcánica libera calor (energía) proveniente del centro del planeta y el fluir de las corrientes de magma mueve lentamente las masas de tierra en la superficie del planeta. Los puntos donde estas masas se encuentran pueden producir levantamiento, hundimiento o roce. Donde las placas se levantan se producen cadenas de montañas. Donde las placas se hunden, se producen profundos acantilados y se recicla el material terrestre. Donde las placas rozan, se pueden producir combinaciones de estos elementos, incluyendo mayor actividad volcánica que libera la presión producida por el contacto entre masas con movimientos diferentes. Finalmente, las placas tectónicas pueden separarse. Cuando esto ocurre, el magma escapa lentamente y produce material terrestre nuevo, creando y abriendo océanos.

Cuando el material terrestre se expone a la energía de los océanos, de la atmósfera y de la insolación se produce un desgaste (weathering) que genera cambios químicos y físicos. El material desgastado se desprende de la roca madre, y la energía de la lluvia y del viento lo erosiona y transporta (sedimento). Mientras mayor sea la energía de transporte, mayor va a ser el tamaño de la partícula que se podría transportar. Si la energía de trasporte se pierde, los sedimentos transportados se depositan. El estudio de las características físicas y químicas de los sedimentos permite comprender su ambiente deposicional y analizar cómo eran las condiciones en el pasado que produjeron la distribución de los elementos geográficos en el presente.

El agua

El planeta Tierra cuenta con una cantidad específica de agua, que se distribuye sobre la superficie en forma sólida, líquida y de gas (vapor). El agua líquida se encuentra en los océanos, dentro de los espacios porosos de la tierra y en los cuerpos de agua sobre las masas terrestres. El vapor se encuentra suspendido en el aire. El agua sólida se encuentra en las capas polares y en las masas de hielo sobre la tierra (glaciares).

Cuando la temperatura del planeta baja —por cambios en la geometría de la órbita terrestre, por variaciones en los niveles de insolación o por el efecto de partículas sólidas en la atmósfera, entre otras razones— el hielo existente no se descongela y la precipitación del agua de la atmósfera se acumula sin regresar a los océanos. Es decir, la nieve que cae sobre las capas de hielo y sobre los glaciares no se descongela, pero el agua de los océanos se sigue evaporando. Esto hace que se reduzca la cantidad de agua líquida disponible y que baje el nivel del océano, dado que el agua se queda congelada en los polos y sobre las cordilleras altas. Al bajar el nivel del mar, superficies que estuvieron sumergidas se exponen como tierra seca y cambia la geografía de las masas terrestres. Si sube la temperatura y se derriten las capas de hielo, aumenta el nivel del mar y se sumergen costas y áreas bajas, relocalizándose la línea de la costa.

Todos estos elementos: el clima, la topografía, la disminución en el presupuesto de agua líquida, la insolación y el movimiento de las placas tectónicas son de primordial importancia para poder comprender cómo ha cambiado la geografía caribeña a través del tiempo.

El Caribe en el pasado remoto

‘El Caribe’ puede significar muchas cosas. En este ensayo se utiliza el término para referirse a la región pancaribeña que incluye: el archipiélago Antillano, el mar Caribe, las tierras del norte de Sur América y del este de América Central, el golfo de México y el archipiélago de las Bahamas. En términos socioculturales (de los últimos diez mil años) los procesos del golfo de México se distancian de la intensa interacción sociocultural de las zonas costeras del mar Caribe, y el concepto de región pancaribeña se enfoca en las zonas al sur de la península de Yucatán.

El Caribe es el resultado de los procesos de movimentos de las placas tectónicas y de las variaciones del nivel del mar que han ocurrido principalmente desde finales de la era Mesozoica. El mar Caribe como cuerpo de agua nace en el Jurásico cuando, al romperse Pangea y separarse poco a poco los continentes Gondwana y Laurasia, se formó un canal que permitió que el antiguo mar Tethys se uniera con el Pacífico. Desde su formación, el mar Caribe tuvo un rol trascendental en la circulación de las corrientes oceánicas y la modulación de los climas terrestres.

Los primeros archipiélagos en el recién nacido mar Caribe surgieron en el Cretásico (hace aproximadamente 135 millones de años atrás) como islas volcánicas y como exposición de elementos topográficos del relieve sumergido. Los núcleos de las islas actuales emergieron del fondo del mar hace unos 40 millones de años (‘ma’ de aquí en adelante) producto de complejos procesos de movimiento vertical y horizontal de terreno (tectonismo), combinado con las variaciones del nivel del mar.

Durante el periodo del Eoceno al Mioceno (35 – ~10 ma), el canal de Panamá aún no se había cerrado y el Caribe continuaba fluyendo hacia el Pacífico. Entre el Eoceno y el Oligoceno; Cuba, Jamaica, la Española y Puerto Rico, cumbres de una cordillera sumergida, eran parte de una península que se extendía hasta la zona de Guajira y Paraguaná al norte de Sur América (conocida como península de GAARlandia). De aquellos tiempos remotos queda como evidencia las cordilleras de las islas y las zonas con rocas volcánicas y metamórficas.

Según el paso de los siguientes varios millones de años, la geografía continuó cambiando. La unión hacia América del Sur se sumerge durante el Oligoceno superior (~25 ma). Cuba quedó como un archipiélago de varias islas y estuvo parcialmente unida a la Española hasta el Mioceno (~10 ma). De Puerto Rico, estaba emergida solo la cordillera Central, que se estiraba como tierra seca hasta la zona de la Mona al oeste y Vieques a este. Lo que hoy en día forman los llanos costeros puertorriqueños estaban sumergidos. De aquel antiguo océano hoy nos quedan las masas de roca caliza que forman la zona kárstica y que se depositaron como evaporitas en el fondo del mar.

Los últimos 3 ma dieron la forma final al archipiélago Antillano. La evolución geológica que produjo la topografía característica de hoy estuvo fuertemente determinada por los cambios climáticos (precipitación, temperatura, vientos), variaciones tectónicas (levantamiento o hundimiento de placas) y los cambios en el nivel del mar. Cuba, por ejemplo, pasó de ser una serie de islas grandes separadas por mares llanos en el Plioceno al Pleistoceno inferior, a ser luego un archipiélago de islas pequeñas en el Pleistoceno Superior. Sin embargo, en el Pleistoceno Superior tardío (hace aproximadamente 20 – 25 mil años atrás), cuando el nivel del mar llegó a estar hasta 120 metros por debajo del nivel actual, Cuba pasó a ser una isla de aún mayor extensión que hoy. La forma final que tienen las islas hoy en día tuvo su origen hace aproximadamente de 6 a 3 mil años, cuando los niveles del mar alcanzaron los parámetros actuales.

El Caribe en el pasado reciente

Los seres humanos han sido testigos de la metamorfosis del Caribe hacia el paisaje que experimentamos hoy como caribeños. Las primeras evidencias de habitantes humanos en la región pancaribeña data de aproximadamente 15 mil años atrás, fecha para la cual aún el nivel del mar no se había estabilizado, y los procesos de erosión y deposición terrestre aún se ajustaban a los nuevos parámetros costeros.

Las variaciones en el nivel del mar afectan directamente el gradiente de drenaje de los ríos. Cuando el nivel del mar está bajo, el gradiente de drenaje es más pronunciado y el río tiene más energía, erosionando la cama terrestre y cortando las capas rocosas suaves. Cuando el nivel del mar sube, el gradiente de drenaje cambia y se hace más horizontal, perdiendo la energía de transporte. Esto hace que se cambie de un ambiente erosional a un ambiente deposicional. Al subir el nivel del mar, las áreas bajas que los ríos habían cortado y erosionado quedan sumergidas como estuarios o áreas pantanosas. Los ríos siguen fluyendo y depositan sus sedimentos en áreas previamente expuestas y se crean nuevos ambientes tanto en la línea de la costa como en los llanos y zonas costeras.

El final del Pleistoceno y principio del Holoceno presentó una región pancaribeña en proceso de ajuste a la acelerada subida del nivel del mar en respuesta al derretimiento de las capas polares al final de la última glaciación. Los amplios llanos calizos depositados en las plataformas continentales durante el Mioceno fueron inundándose poco a poco, separando islas, creando islas nuevas y desapareciendo tierras. Es probable que muchos de los paisajes costeros del norte del Caribe continental al final del Pleistoceno, que pudieron haber estado habitados por gente, quedaran sumergidos según el nivel del mar aumentó. No sabemos con certitud cómo esto afectó a los habitantes de las costas porque aún no se han investigado rigurosamente los paisajes sumergidos en el Caribe. Estudios en contextos similares en Europa y Norte América sugieren que las zonas costeras y estuarinas en las antiguas costas correspondientes a los niveles del mar del Pleistoceno fueron escenario de habitación intensa, y los asentamientos y los ambientes que los rodeaban fueron abandonados según el mar los inundaba.

Un ejemplo muy llamativo del cambio geográfico ‘reciente’ es la formación del golfo de Paria en Venezuela. Durante los bajos niveles del mar del Pleistoceno tardío (20 – 16 mil años atrás) el golfo de Paria y la isla de Trinidad eran tierra seca unida al continente suramericano. La incisión del canal del río Orinoco no profundizó tanto como otros ríos en repuesta al nivel del mar bajo debido a que el río cursa sobre camas de roca sólida que no erosionaron con facilidad. Sin embargo, el río desembocaba en lo que hoy es la plataforma continental, depositando su sedimento en deltas que hoy se localizan a aproximadamente 200 km de la costa. La tierra seca con potencial de habitación humana cubría toda la zona que hoy es el golfo de Paria, y se extendía más de 150 de kilómetros al este de lo que hoy es la isla de Trinidad.

Este panorama no cambió mucho según continuó el Pleistoceno y comenzó el Holoceno (c.10 mil años atrás). Incluso cuando el nivel del mar subió aceleradamente inundando grandes expansiones de terreno de lo que fueron las zonas costeras del Pleistoceno, el mar aún quedaba a decenas de kilómetros de la costa actual de Trinidad, y el golfo de Paria era área relativamente seca. El mar comenzó a inundar el golfo por la Boca del Dragón (entrada al norte del golfo) aproximadamente 13 mil años atrás, pero la Boda de Serpiente (entrada al sureste) no se inundó hasta aproximadamente 9500 años atrás. Ya para esta época los seres humanos estaban activamente habitando el continente y los terrenos que hoy quedan en Venezuela y Colombia. El sitio arqueológico de Taima Taima, en la península de Paraguaná —al oeste del golfo de Paria— es evidencia de actividad humana asociada con la caza de megafauna hace cerca de 13 mil años. No hay por qué dudar que grupos humanos hayan utilizado extensamente los ricos ambientes costeros que el llano aluvial del río Orinoco y la costa venezolana hubieran proporcionado. El sitio arqueológico de Banwari (c. 7 mil años atrás), localizado en lo que es hoy Trinidad, atestigua el proceso de la inundación del golfo y la adaptación de los grupos humanos a los cambios ambientales que se produjeron en la zona. El desarrollo de los deltas modernos del Orinoco y los patrones de corrientes marinas y de distribución de sedimentos continuaron evolucionando durante el Holoceno temprano, alcanzando sus parámetros modernos cerca de 3 mil años atrás, cuando ya la zona llevaba miles de años de habitación.

Cambios drásticos a similar escala se pueden esperar en todas las zonas costaneras, incluyendo las Antillas. El llano del río Grande de Manatí en Puerto Rico presenta otro buen ejemplo de un cambio geográfico. Durante el Pleistoceno, el río cortó los depósitos kársticos del Mioceno y el Cretácico erosionando sedimentos y exponiendo acuíferos en forma de manantiales. Al subir el nivel del mar durante el final del Pleistoceno, los llanos costeros quedaron inundados con aguas dulces o salobres de poca energía, dando nacimiento al caño Tiburones. El río continuó transportando y depositando sedimentos en el llano costero. Con el pasar del tiempo, los ambientes acuáticos de poca profundidad quedaron cubiertos de sedimento, creándose terrenos secos o pantanosos. En tiempos muy recientes (últimos 200 – 300 años) la actividad humana ha colaborado a acelerar el proceso de secado del llano costero mediante la construcción de canales de drenaje y diques para prevenir inundaciones.

Comentarios finales: paleogeografías y paleopaisajes

El Caribe de hoy día es el producto de muchos procesos complejos tanto naturales como antropogénicos. Entender la interacción entre el ser humano y el ambiente es útil no solo para comprender la gente del pasado, sino también para entender a los caribeños de hoy en día y para ver de qué manera los cambios futuros nos podrían afectar como individuos y como sociedad. Esto cobra mayor importancia para la región caribeña, en general, dado la amenaza que presentan los cambios climáticos, ambientales y del nivel del mar para los grupos costeros. Se estima que 70% de la población caribeña vive en ciudades o pueblos cerca del mar. Muchas de estas personas se verían directamente afectadas por cambios en la costa, aunque sean mínimos. Como se ha podido ver en esta discusión, no es la primera vez que el ser humano se ha adaptado a cambios drásticos en sus paisajes. El Caribe lleva millones de años cambiando y no dejará de hacerlo. Solo queda aprender del pasado para ser más flexibles ante las variaciones del futuro.
Autor: Reniel Rodríguez Ramos
Publicado: 20 de diciembre de 2011.

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