Grafiti en Santurce, Puerto Rico

Grafiti en Santurce, Puerto Rico: Los grafiteros plasman su obra pictórica en lugares públicos de gran tránsito para apropiarse de ellos de alguna manera. El grafiti reclama la ciudad y manipula sus espacios para llamar la atención, aunque sea de manera efímera y antagónica al estado con posibles sanciones para sus exponentes. (Autor: Pablo Samuel Torres)

Pintura de aerosol, marcadores, pinturas líquidas, esténcil y una superficie… el arte del grafiti se erige en lugares públicos, para el ojo de todos, y gratis. Su periodo de vida tiende a ser corto: las inclemencias del tiempo y la mano del hombre pueden alterar o desaparecer su existencia. Su historia ha estado pintada de transgresión y persecución, así como de rechazos y laudos en igual proporción. Sus defensores lo califican de arte público, mientras que sus críticos lo catalogan como un acto que atenta contra la propiedad pública, la ley y la “buena imagen” de un vecindario, ciudad o pueblo.

Los murales y la escritura en las paredes de las cuevas podrían ser uno de sus predecesores, pero es en la cultura del hip-hop —con sus cuatro corrientes: el rap o emceeing, los disc jockey, el grafiti y el breakdancing— donde el grafiti encuentra su cuerpo actual. Y es que el movimiento artístico que originó en las paredes de Nueva York, entre la década de los sesenta y los setenta, hoy día es un fenómeno que atraviesa el mundo entero. El Caribe no es la excepción. De hecho, los caribeños estuvieron ligados al nacimiento del grafiti en Nueva York a través de los hijos de inmigrantes del Caribe, los puertorriqueños o nuyoricans, así como de otras minorías aglutinadas en la Gran Manzana.

García Canclini discute que el grafiti, como un medio transcultural, ha sido el vehículo que grupos sociales marginados —que carecen de representación y expresión pública— han utilizado para narrar su historia. Por tal motivo, según García Canclini, los grafiteros plantean sus artes en lugares públicos de gran tránsito para apropiarse, de alguna manera u otra, de dichos espacios.

Por lo menos en Nueva York, el sincretismo caribeño —como el que moldeó las culturas haitiana y cubana— también traspasó su influencia al grafiti actual mediante nombres de calles y los tags (las etiquetas que fungen como seudónimos) que diversos artistas emplean para camuflar sus identidades, despistando a las autoridades policíacas mientras develan su autoría en la comunidad de grafiteros.

Tal vez los grafitos no proliferan en las sociedades del Caribe —como culturas grafiteras— en la misma medida que en otras partes de Europa o Estados Unidos, pero ello no significa que la sociedad caribeña no se haya insertado en esa práctica discursiva. De hecho, Best plantea que el Caribe deriva gran parte de su inspiración grafitera de las manifestaciones de esa expresión en los Estados Unidos. El desafío omnipresente del grafiti se instaló en el contexto caribeño, alrededor de los años 80, a sabiendas de las represalias que los grafiteros en los Estados Unidos tuvieron que sobrellevar en la década anterior.

Así las cosas, la llamada escritura del espacio público no podría ser entendida sin comprender su discurso, el cual refleja la voz de las generaciones jóvenes que lanzan un grito de pintura contra lo establecido y las incongruencias políticas y sociales que lo atestiguan. En Hip-Hop se plantea que estas composiciones de colores vibrantes se han traspasado a letreros, paredes, buzones, trenes y autos del sistema de transporte público, de manera valiente ante las campañas antigrafiti; capas de pintura y riesgos que el propio acto porta ante la ley y el gobierno.

"Tag" en una calle del viejo San Juan

“Tag” en una calle del viejo San Juan: Los tags son etiquetas que fungen como seudónimos con los que los artistas del grafiti para camuflar sus identidades develan su autoría en la comunidad de grafiteros. (Autor: Pablo Samuel Torres)

En las Bahamas, para ejemplificar, en el 2006, la policía arrestó a 18 personas por pintar tanto en paredes públicas como privadas. Lundy informa que las autoridades bahameñas declararon una absoluta intolerancia a las marcas dejadas en lugares como escuelas e iglesias. De hecho, un inspector aseveró en entrevista que esos grafiteros y otros 45 que andaban buscando no podían considerarse “artistas” sino escritores de grafiti.

Ante tales acciones, en el 2008, el Departamento de Educación, la Policía y la Galería Nacional de las Bahamas aunaron esfuerzos para crear una competencia de murales y así reducir la proliferación de grafitis en varias escuelas elementales porque, de acuerdo con un representante del Departamento de Educación, las paredes “no están hechas para grafiti”, sino para “mejores propósitos”.

Hoy día, el grafiti continúa reclamando la ciudad y manipulando sus espacios para llamar la atención, aunque sea de manera efímera y contra todas las sanciones que puedan caer sobre sus exponentes. La práctica guarda, a su vez, guiños con la publicidad, tanto por su agresividad como por emplear espacios comunes para exhibirse y promoverse. Contrario a la publicidad, que se identifica con un nombre que la diferencia de la competencia, en el grafiti, por su propia naturaleza transgresora, se recurre al tag, es decir, a la firma del grafitero. Sin embargo, Martínez discute que el tag es la huella o el rastro del paso del creador por ese espacio, huyendo de interpretaciones que le pongan nombre y apellido al artista detrás del arte.

En San Juan de Puerto Rico, el grafitero conocido como “Bik” o “Bik-Ismo” —cuyo nombre verdadero es Joshua Santos (1981)—, fue identificado por medio de su tag (Ismo), para luego ser acusado y enfrentar una orden de arresto por alegadamente pintar unas tostadoras en el puente de una transitada autopista. En un comunicado de prensa que “Bik-Ismo” lanzó a raíz de la controversia, el artista defendió la libertad de expresión y su arte, el cual ha trascendido las calles para llegar a salas de arte locales e internacionales. En su ataque al Gobierno municipal de San Juan, particularmente por criminalizar a los jóvenes que se dedican al grafiti y por no brindarles ayuda para subvencionar un viaje a Japón para exponer su arte, el grafitero remató diciendo: “Todo porque pinto en aerosol y no en pincel como le gusta al Gobierno”.

Ismo, como coautor del mural sobre el fallecido líder del Ejército Popular Boricua, Filiberto Ojeda Ríos, también protagonizó otra disputa relacionada con grafiti en 2006. En esa ocasión, los residentes del residencial público Manuel A. Pérez, donde se encuentra el mural, presentaron una acción judicial para frenar las amenazas del Gobierno de borrar el arte que denuncia el asesinato del mencionado líder político por agentes del Negociado Federal de Investigaciones (FBI). Finalmente, la comunidad ganó el juicio y, en el presente, el mural sigue imborrable. Controversias como estas provocaron en Puerto Rico debates sobre el grafiti, otorgándole un lugar privilegiado en discusiones académicas y en círculos de diversas naturalezas.

Grafiti de Sofía Maldonado en Río Piedras, Puerto Rico

Grafiti de Sofía Maldonado en Río Piedras, Puerto Rico: La puertorriqueña de madre cubana Sofía Maldonado plantea en su obra la estética de la mujer en un ambiente urbano contemporáneo. Sus ?chicas? engalanan paredes y muros en ciudades del Caribe y el noreste estadounidense. (Autor: Dalila Rodríguez Saavedra)

Libertad: denuncia creativa

Desde su surgimiento, el grafiti ha combatido contra todo para reivindicar su papel en la sociedad. Best explica que en la isla de Barbados, por ejemplo, esta expresión artística domina varios espacios públicos, reflejando en las paredes una gama de sentimientos que comparte el tejido social como el estado anímico, las modas y los horrores de la sociedad. Asimismo, otra cualidad que las masas distinguen del grafiti es la aplicación vigorosa del color. En Barbados, los grafitis que se exhiben en diversas paredes de un sinnúmero de comunidades muestran el uso predominante del color rojo. De acuerdo con Best, dicho color guarda relevancia con el inicio del siglo XXI en esta isla, en una coyuntura que evidenció un aumento en la criminalidad.

Esta técnica pictórica también puede fungir como una estrategia para demarcar un territorio o para llamar la atención de las masas ante un asunto de la palestra pública. Ambos acercamientos han sido observados en lugares como Honduras. Por un lado, en Honduras las pandillas han empleado las paredes para comunicar un discurso de advertencia hacia las otras pandillas, para alejarlas del territorio reclamado. De otra parte, los blogs y los grafitis en dicho país —particularmente en las paredes de la capital, Tegucigalpa— ejercieron como entes de denuncia y protesta ante el golpe de Estado, ocurrido en junio de 2009, contra el presidente Manuel Zelaya.

Por otra parte, luego de la caída en Cuba de la dictadura de Fulgencio Batista y de la llegada al poder del Movimiento Revolucionario y Fidel Castro, los grafitis en Cuba han servido como el tablón para expresar las consignas revolucionarias. Dichos discursos, a su vez, figuraron entremezclados con otras formas plásticas como el performance y la instalación, como lo llevó a cabo el colectivo cubano Arte Calle.

Jean Michel Basquiat

Jean-Michel Basquiat personifica el artista que va de grafitear la calle a la pared de una galería o museo. De padre haitiano y madre puertorriqueña, plasmaba en las paredes de su natal Manhattan una visión entremezclada con símbolos diversos de las culturas africanas.

Las mujeres también escriben

Pese a ser un movimiento esencialmente patriarcal, el grafiti también ha tenido en la comunidad femenina importantes representantes que han incidido en su propagación.

La puertorriqueña de madre cubana, Sofía Maldonado (1984) plantea en su obra tanto a la mujer y la estética que la rodean como el ambiente urbano al cual pertenecen. Los colores y el movimiento que destilan sus grafitis —desarrollados mayormente en ciudades estadounidenses como Nueva York— muestran una indudable sintonía con el paisaje caribeño. A su vez, Maldonado privilegia en murales como ¿Qué pasó mai? su propia concepción de la mujer latina con toda una amalgama de símbolos que la caracterizan, como las uñas largas, la estética de los tatuajes, los rulos y el crucifijo dentro del marco de la problemática de las gangas femeninas en Hartford, Connecticut.

En Puerto Rico, Maldonado también ha planteado su estética en lugares como el bosque nacional El Yunque. El Bowl consistió en la transformación de una piscina abandonada en dicho escenario natural en un espacio para correr patineta con un resonante propósito: revitalizar un lugar desatendido mediante las líneas y la pintura prototípica de la artista. Consciente o inconscientemente, este y otro sinnúmero de grafitis responden a los detractores que señalan a esta práctica urbana como una vandálica.

Una de las artistas del grafiti de mayor prominencia a nivel internacional es, sin duda, la brasileña Nina Pandolfo (1977), cuyo trabajo ha sido aclamado desde que irrumpió en el 1992 a lo largo de las calles y las paredes de la capital brasilera, São Paulo. Es considerada como una de las pioneras en el arte urbano de Brasil, además de integrar el grupo de artistas que condujo al grafiti de las calles a las salas de museos y galerías. Mirar sus obras se convierte en un acto liviano; contrario a la estética dura que suele primar en la cultura del grafiti. La naturaleza y un abanico de niñas de ojos grandes pueblan su estética, la cual ha trascendido el contexto de la calle para instalarse en diversos proyectos y exhibiciones colectivas e individuales.

El tránsito del arte urbano

Si hay un artista que personifica el trayecto que un grafitero puede experimentar de la calle a la pared de una galería o museo es el mítico Jean-Michel Basquiat (1960-1988). El artista, de padre haitiano y madre puertorriqueña, plasmaba en las paredes de Manhattan su particular visión entremezclada con símbolos diversos de las culturas africanas.

Ramos Collado repasa que el artista irrumpe anónimamente desde los muros de la ciudad para eventualmente insertarse en el imaginario colectivo, de la mano de su seudónimo SAMO —apócope en inglés de Same Old Shit— en las paredes de SOHO y del East Village de Nueva York. Sus grafitis evidenciaron el discurso de SAMO y luego el de su propia voz, a través de su legendario tag: la corona dorada. Su vertiginosa vida eclipsó a sus 27 años, víctima de una sobredosis de droga, pero eso no ha invalidado su travesía en la escena artística que lo condujo a exponer sus dibujos y pinturas sobre lienzo y papel en lugares desde California hasta Europa, ni su legado a una generación de jóvenes que anhelaban una voz que los representara. De hecho, el Brooklin Museum sostiene que Basquiat fue el héroe cultural de los artistas más jóvenes de la época.

Este y la amalgama de grafiteros del pasado y el presente recuerdan que aunque el grafiti origina como propuesta estética y discursiva en las calles, su envergadura es palpable, para bien o para mal, en la historia del arte mundial en un camino desde lo marginal a lo central.
Autor: Carmen Graciela Díaz
Publicado: 13 de abril de 2012.

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